5 ene. 2014

Lo que pasó después... (I)

He dejado correr demasiado el tiempo sin volver a publicar aquí. La razón es sencilla: a veces, cuesta trabajo traducir sentimientos en palabras. Desde el 2010 cuando escribí mi última entrada, muchas cosas han cambiado, entre ellas la ciudad en la que vivo. Limerick ya no está en mi vida, y el 2011 fue un año normal, productivo laboral y creativamente, y el 2012 un caos de proyectos que desembocó a final de año con la publicación de un libro muy esperado. Nada que ver con este blog, pero este blog también está involucrado en otro proyecto que pudiera ver la luz algún día si si reescribo partes y moldeo algunas otras.

En cualquier caso, ha llegado a su fin y lo hará de manera casi abrupta, pero no os dejaré en ascuas con lo que sucedió después. No será tan detallado, ni día a día.

Nos habíamos quedado en una visita a Dublín, mi primera de las muchas que a lo largo de los siguientes años tendría lugar. Una visita para despejar la mente y el alma abusada por un amor no correspondido. Disfruté de mis paseos a solas por Dublín, turista style, y de la compañía de mi amiga en las horas que no trabajaba. Una estupenda primera toma de contacto con la capital que, como digo, he visitado al menso un par de veces cada año para conciertos, exposiciones o simplemente de compras y relax.

En mi diario de 1998 encuentro la siguiente entrada, que comparto en parte con vosotros:

15 de Agosto de 1998 

"La familia ha cogido vacaciones y nos hallamos ahora en Ballyheige, un pueblecito de la costa de Kerry, para pasar 15 días. Es un día aciago, a las tres y diez de la tarde, una bomba ha explosionado en Omagh, Omagh, en medio de unas fiestas. Omagh, lugar que Francesca, lucy y las otras au pairs habíamos discutido visitar durante las festividades. Y no fuimos, precisamente, porque Francesca trabajaba y mi familia cogía vacaciones...

Hemos tardado poco más de dos horas en llegar debido a un pinchazo por el camino del trailer (una cajonera con ruedas, más bien, no piense nadie que llevamos caravana), donde llevamos las maletas y los juguetes de los niños.
La casita se encuentra a kilómetro y medio del pueblo, en una carretera en cuesta a lo largo de la costa, con vistas a un mar intenso que ya echaba de menos. Mi dormitoro da al jardin e incidentalmente, al mar, aunque su rumor no me llega ni en la noche. Me separan de él el césped del jardín de entrada, el asfalto oscuro de la carretera, una duna de matojos verdes y el acantilado escarpado. Pero sé que está ahí y su compañía me hace tan feliz como nadar en sus aguas. 



En nuestra primera noche aquí, Kathy se empeñó en que saliera con ellos -niños incluidos, naturalmente-. al pub local al que acostumbran a ir cuando están aquí, y cualquiera de mis negativas cayó en saco roto. Me aburrí como una ostra, algo que ya predecía. Aquello era lo más parecido a un Hogar del Pensionista que había visto jamás. Dos músicos tocaban y cantaban melodías irlandesas y las parejas hacían Line Dancing como en un telefilm lleno de tópicos de la isla. No puedo decir que era la más jóven del local porque me ganaban los niños, que tampoco eran los únicos, pero en general los parroquianos tenían entre cuarenta y pocos y setenta y muchos. Aguanté el tipo y tuve que rechazar a un par de abuelos que pretendían sacarme a la pista a bailar. A las 12 acabó, cual cenicienta, mi tormento, hora a la que llegamos a casa y caí en la cama víctima no del sueño, pero del más puro aburrimiento.

16 de Agosto de 1998

Me he levantado tarde. La familia al completo ha ido a Tralee de compras y yo he aprovechado para explorar el pueblo a mis anchas y comprar unas postales. Me tomé una cerveza en un pub que Kathy me había recomendado como "el sitio de moda de la juventud" mientras garabetaba palabras en las pocas postalitas que pude encontrar. Ballyheigue no es la panacea de los pueblos costeros, ciertamente. Una calle principal con dos tiendas, dos bares y un paseo "marítimo" tan triste como en un día de lluvia. Un club de golf de pretendidas ruinas y un único monumento.




Kathy y familia regresó a lo justo para comer y tras ello, junto con un matrimonio amigos de Kathy bajamos de nuevo al pueblo a una feria que habían montado a las afueras. Tres atracciones hicieron estragos en mi estómago -no sé por qué, no suelo marearme en la feria- y llegamos a casa a lo justo para recordar qué había desayunado.
Una siesta reparadora asentó mi estómago y es noche me quedé en casa sola mientras ellos salían. A lo lejos, tras la casa, oigo el mugir cansino de las vacas.

18 de Agosto 1998

Hemos ido a Dingle, por el Connor Pass. Hemos parado en un mirador desde he disfrutado de una música mágica proveniente de un arpa. Deliciosa música a pie de monte, tan apacible que me he relajado como no lo hacía en mucho tiempo. 



Tras ello, hemos bajado finalmente a Dingle, donde hemos subido a un barquito a cumplir con la tradición de ver a Funghi, un delfín que habita en la bahía y se dedica a ir a buscar a los pequeños botes cargados de turistas que quieren ver al mamífero.
Siempre en mi nota, he pasado de saltar de babor a estribor para ver a Funghi. ¡Como si no hubiera visto un delfín en la vida! Me he dedicado a hacer fotos de la costa, algo que tenía mayor interés que ver la nariz de un delfín o el costado mientras saltaba entre las embarcaciones. ¡Por favor!





Hemos paseado por el pueblecito, muy pinturesco, eso sí y hemos acudido a la iglesia de St. mary y firmado el libro de condolencias por el atentado en Omagh el pasado sábado, donde finalmente han perecido 26 personas y 240 resultaron heridas. De los muertos, parece ser que dos eran españoles, un niño de 12 años y la monitora, de 29. 
He comprado "El País" en una tienda que hemos visto de prensa internacional para informarme de lo que sucede en España aunque me mantengo al día oyendo RNE por las noches. Después de un largo día, hemos regresado a Ballyheigue y los niños han montado a caballo por la playa, en un viejo jamelgo. Me ha recordado a los antiguos tebeos de Esther que leía de niña y que tanto echo de menos. 
La anécdota del día ha sido el berrinche que me ha dado por no poder encontrar un puñetero helado de chocolate en todo el pueblo, todo lo que tienen es nata bañada en chocolate. No good! no good!


1 pataletas:

chema dijo...

ya escribías muy bien entonces. qué bonita la foto en la que sales con un niño a cada lado!!