6 ene. 2014

Lo que pasó después (II)

En el pueblo me aburría como una ostra, eso era evidente.  Los pueblos no son lo mío, las casitas a kilómetro y medio del pueblo con acantilado al frente y campo lleno de vacas detrás no son lo mío. Los pubs llenos de señores mañores de manos largas no son lo mío. Las vacaciones rurales, en definitiva, no son lo mío.

Convencí a una par de amigas que vinieran a buscarme, tras la sugerencia de Kathy de que si no me gustaba aquello, podía, si quería volver a Limerick. Nos fuimos el sábado noche a Tralee, a ver la cabalgata de La Rosa de Tralee.

De vuelta a Limerick conocí a R. 30 años, trabjaando en seguridad. Parecía serio. Duramos dos semanas. Me presentó a su familia al día siguiente de conocernos y la atracción era muy fuerte pero yo seguía sin quitarme a Kevin de la cabeza. Y cómo son las cosas, yo tenía miedo de hacerle daño y de que se enamorase de mí y no poder corresponderle, y de la noche a la mañana cambiaron las tornas. No es que me enamorase de él perdidamente, pero perdió el interés tan pronto como lo había empezado y si antes quería verme a diario aunque a mí no me apeteciese demasiado, me dejó plantada en un par de ocasiones o me dijo que no salía para luego encontrármelo con sus amigos por ahí. Todo en el plazo de dos semanas. 

¿Qué pasó con él? Dejamos de vernos, naturalmente. Meses después me enteré por su hermana de que tenía cáncer de garganta, pero se recuperó. Y un año después vi su foto en el periódico, en la sección social, del día de su boda. Desde entonces le vi bastante aunque me hice la tonta, sigue trabajando para una compañía de seguridad, en la oficina del paro.

A principios de septiembre comencé ya a echar Cvs con la esperanza de encontrar algo y dejar a la familia para tener ya mi propia independencia económica y mi intimidad en una apartamento compartido. Kathy no está muy contecta, aunque sabe que octubre es mi último mes con ellos si encuentro trabajo. Me dice que buscar trabajo no ha de interferir con el cuidado de los niños, pero yo voy a llamar a sitios o dejo mis Cvs mientras están en el colegio, por lo que no comprendo cómo puede influir. Eso sí, me ha dicho que de ningún modo me puedo ir antes del 1 de Octubre porque necesita tiempo para buscar otra Au Pair. Desde que volvió de vacaciones le ha cambiado mucho el carácteer, quizá después de todo, aunque fue ella la que propuso que si no estaba pasándolo bien en le pueblecito de mierda de la costa, me viniera, le ha sentado mal. Está siempre a la que salta.  Lo que sí sé es que si encuentro algo bueno, no voy a desaprovechar la oportunidad por ella. No deseo perder la amistad, se han portado maravillosamente conmigo, pero he de mirar por mí, que si el día 1 de Octubre ellos ya tienen Au Pair, yo me quedo en la calle igualmente y a ellos no les importará.

En septiembre vino Bill Clinton y Limerick se volvió loco. Seguridad en cada esquina, controles en cada casa...

Encontré trabajo (tras dejar 35 Cvs) y seguí ese tipo de relación extraña con Kevin, que trabajaba de día en una fábrica de metal y los fines de semana de noche se sacaba un extra haciendo seguridad en una discoteca al lado de casa. Encontré piso al otro lado del río, compartiendo con tres chicas irlandesas. El trabajo, en el supermercado grande de una gasolinera. No era lo más glamuroso pero era mi primer empleo serio en el país, a tiro de autobús del centro o media hora andando y no tenía que irme a trabajar a la fábrica de Dell como todo el mundo parece querer. Me horrorizaba la idea de acabar en una fábrica haciendo el mismo trabajo mecánico durante ocho horas al día. Aquí conozco a gente, veo el ir y venir de la vida al otro lado del mostrador y practico mi inglés que ahora, ya sí, ha de despegar y seguir subiendo.

Fue el principio de una vida más estable aquí.



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