6 ene. 2014

Y lo que siguió...

¿Qué pasó con Kevin? Nos vimos muy esporádicamente, sin acabar en la cama, eso sí. Años después nos volvimos a reencontrar pero nada pasó. Conocí un lado muy oscuro de su carácter y casi dejamos de hablarnos. Los años cambian a la gente, y ambos lo habíamos hecho, para bien o para mal. Y yo estaba con una persona a quien no deseaba traicionar por algo que no dejaba ya de ser solo sexo.

El trabajo en la tienda de la gasolinera solo fue el primero. Estuve allí más de dos años y medio, pero viendo que los últimos en llegar recibían promociones y que en la tienda cambiaban las condiciones y eran para peor, decidí irme. Al otro lado de la carretera había una farmacia y una de las dependientas se marchaba para trabajar de lo suyo, en un banco. Es lo bueno de trabajar cara al cliente, haces amistades con los que vienen a diario y te enteras de cosas. Presenté mi cv para cubrir su puesto y me cogieron. Fui la primera en irse de la tienda de todos los que estaban cuando yo llegué o empezaron poco después. Un mes después, incluso la gente que llevaba trabajando cinco años empezó a dejar el trabajo, tal fue el cambio en la actitud de los dueños, que de la noceh a la mañana se dejaron llevar por la avaricia.
En la farmacia no me fue bien. Duré 9 meses y me fui por mi propio pie. El trabajo en sí era aburrido, me trataban mal -a excepción de una de las farmacéuticas que incluso me defendió ante la jefa, y el estrés era insoportable. 
Fue en esta época cuando conocí a J (y hasta el día de hoy). 

Tras irme de la farmacia, cambié totalmente de "registro laboral". En el pub donde siempre tomaba algo, la dueña me ofreció trabajar al otro lado de la barra y tras un par de semanas me hizo Manager assistant. Luego abrió un segundo bar y me hizo manager, el bar para mí sola.

Tras todo ésto, cambios, cambios, cambios. Cuando el trabajo es bueno, cambiar de opinión de una día para otro está a la orden del día. Terminabas un viernes en un sitio y el lunes comenzabas en otro, porque tú lo vales. Trabajé en restaurantes, en tienda de ropa de supervisora, y finalmente recalé en trabajo de oficina/gestión de datos.

Cambié de casa también. La casita compartida al otro lado del río se puso en venta y yo ya tuve suficiente con las lágrimas de la casera que se presentaba allí cuando le apetecía, nos rebuscaba en armarios y nevera y cogía lo que le daba la gana. Me fui a vivir a una casita en un cul de sac y allí sería donde muchos meses después conocería a J.

¿Qué pasó con Kathy y la familia? Seguimos en contacto. Pasé muchas navidades con ellos tras mi marcha de Au Pair, conocí a la mayoría de Au Pairs que tuvo tras de mí. Nana murió. Lo sentí miuchísimo. Era como mi abuelita. Mi propia abuela murió pocos meses después, convirtiendo el dolor en un vacío sin fondo. Los niños crecieron, la "niña" tiene ya casi 23 años y el "niño" debe andar rondando los 19. 

Y así mi vida siguió en Limerick hasta Febrero de 2013 cuando me planté y decidí que había tenido suficiente de la vida en esa pequeña ciudad. Bueno, en realidad no me planté en Febrero del 2013. Esa fue la fecha en la que finalmente salí de allí. Los planes habían comenzado unos nueve meses antes, como un embarazo bien planeado.
Limerick se me había quedado pequeña, aunque adoraba mi trabajo en traducción para Thomson Reuters, adoraba el ambiente de trabajo y a mis compañeros. Pero mi vida social y cultural se resentía a grandes pasos. Mis inquietudes no hallaban salida y mi única interacción con el mundo se estaba limitando a la ventana de mi estudio y a convertirme en "la vieja del visillo". El último cine en la ciudad había cerrado años atrás y para ir al cine teníamos que perder todo un día, porque lso dos multicines que había estaban en las afueras, por lo que teníamos que depender de los horarios domingueros de los autobuses o bien irnos en taxi si los horarios no eran buenos. La aventura de ir al cine nos salía en unos 30 euros a cada uno. 

Y en Febrero nos mudamos a Cork. El resto... es historia, muy reciente, y ya la sabéis por mi otro blog.

This is THE END. This is THE END, my friend...


Lo que pasó después (II)

En el pueblo me aburría como una ostra, eso era evidente.  Los pueblos no son lo mío, las casitas a kilómetro y medio del pueblo con acantilado al frente y campo lleno de vacas detrás no son lo mío. Los pubs llenos de señores mañores de manos largas no son lo mío. Las vacaciones rurales, en definitiva, no son lo mío.

Convencí a una par de amigas que vinieran a buscarme, tras la sugerencia de Kathy de que si no me gustaba aquello, podía, si quería volver a Limerick. Nos fuimos el sábado noche a Tralee, a ver la cabalgata de La Rosa de Tralee.

De vuelta a Limerick conocí a R. 30 años, trabjaando en seguridad. Parecía serio. Duramos dos semanas. Me presentó a su familia al día siguiente de conocernos y la atracción era muy fuerte pero yo seguía sin quitarme a Kevin de la cabeza. Y cómo son las cosas, yo tenía miedo de hacerle daño y de que se enamorase de mí y no poder corresponderle, y de la noche a la mañana cambiaron las tornas. No es que me enamorase de él perdidamente, pero perdió el interés tan pronto como lo había empezado y si antes quería verme a diario aunque a mí no me apeteciese demasiado, me dejó plantada en un par de ocasiones o me dijo que no salía para luego encontrármelo con sus amigos por ahí. Todo en el plazo de dos semanas. 

¿Qué pasó con él? Dejamos de vernos, naturalmente. Meses después me enteré por su hermana de que tenía cáncer de garganta, pero se recuperó. Y un año después vi su foto en el periódico, en la sección social, del día de su boda. Desde entonces le vi bastante aunque me hice la tonta, sigue trabajando para una compañía de seguridad, en la oficina del paro.

A principios de septiembre comencé ya a echar Cvs con la esperanza de encontrar algo y dejar a la familia para tener ya mi propia independencia económica y mi intimidad en una apartamento compartido. Kathy no está muy contecta, aunque sabe que octubre es mi último mes con ellos si encuentro trabajo. Me dice que buscar trabajo no ha de interferir con el cuidado de los niños, pero yo voy a llamar a sitios o dejo mis Cvs mientras están en el colegio, por lo que no comprendo cómo puede influir. Eso sí, me ha dicho que de ningún modo me puedo ir antes del 1 de Octubre porque necesita tiempo para buscar otra Au Pair. Desde que volvió de vacaciones le ha cambiado mucho el carácteer, quizá después de todo, aunque fue ella la que propuso que si no estaba pasándolo bien en le pueblecito de mierda de la costa, me viniera, le ha sentado mal. Está siempre a la que salta.  Lo que sí sé es que si encuentro algo bueno, no voy a desaprovechar la oportunidad por ella. No deseo perder la amistad, se han portado maravillosamente conmigo, pero he de mirar por mí, que si el día 1 de Octubre ellos ya tienen Au Pair, yo me quedo en la calle igualmente y a ellos no les importará.

En septiembre vino Bill Clinton y Limerick se volvió loco. Seguridad en cada esquina, controles en cada casa...

Encontré trabajo (tras dejar 35 Cvs) y seguí ese tipo de relación extraña con Kevin, que trabajaba de día en una fábrica de metal y los fines de semana de noche se sacaba un extra haciendo seguridad en una discoteca al lado de casa. Encontré piso al otro lado del río, compartiendo con tres chicas irlandesas. El trabajo, en el supermercado grande de una gasolinera. No era lo más glamuroso pero era mi primer empleo serio en el país, a tiro de autobús del centro o media hora andando y no tenía que irme a trabajar a la fábrica de Dell como todo el mundo parece querer. Me horrorizaba la idea de acabar en una fábrica haciendo el mismo trabajo mecánico durante ocho horas al día. Aquí conozco a gente, veo el ir y venir de la vida al otro lado del mostrador y practico mi inglés que ahora, ya sí, ha de despegar y seguir subiendo.

Fue el principio de una vida más estable aquí.



5 ene. 2014

Lo que pasó después... (I)

He dejado correr demasiado el tiempo sin volver a publicar aquí. La razón es sencilla: a veces, cuesta trabajo traducir sentimientos en palabras. Desde el 2010 cuando escribí mi última entrada, muchas cosas han cambiado, entre ellas la ciudad en la que vivo. Limerick ya no está en mi vida, y el 2011 fue un año normal, productivo laboral y creativamente, y el 2012 un caos de proyectos que desembocó a final de año con la publicación de un libro muy esperado. Nada que ver con este blog, pero este blog también está involucrado en otro proyecto que pudiera ver la luz algún día si si reescribo partes y moldeo algunas otras.

En cualquier caso, ha llegado a su fin y lo hará de manera casi abrupta, pero no os dejaré en ascuas con lo que sucedió después. No será tan detallado, ni día a día.

Nos habíamos quedado en una visita a Dublín, mi primera de las muchas que a lo largo de los siguientes años tendría lugar. Una visita para despejar la mente y el alma abusada por un amor no correspondido. Disfruté de mis paseos a solas por Dublín, turista style, y de la compañía de mi amiga en las horas que no trabajaba. Una estupenda primera toma de contacto con la capital que, como digo, he visitado al menso un par de veces cada año para conciertos, exposiciones o simplemente de compras y relax.

En mi diario de 1998 encuentro la siguiente entrada, que comparto en parte con vosotros:

15 de Agosto de 1998 

"La familia ha cogido vacaciones y nos hallamos ahora en Ballyheige, un pueblecito de la costa de Kerry, para pasar 15 días. Es un día aciago, a las tres y diez de la tarde, una bomba ha explosionado en Omagh, Omagh, en medio de unas fiestas. Omagh, lugar que Francesca, lucy y las otras au pairs habíamos discutido visitar durante las festividades. Y no fuimos, precisamente, porque Francesca trabajaba y mi familia cogía vacaciones...

Hemos tardado poco más de dos horas en llegar debido a un pinchazo por el camino del trailer (una cajonera con ruedas, más bien, no piense nadie que llevamos caravana), donde llevamos las maletas y los juguetes de los niños.
La casita se encuentra a kilómetro y medio del pueblo, en una carretera en cuesta a lo largo de la costa, con vistas a un mar intenso que ya echaba de menos. Mi dormitoro da al jardin e incidentalmente, al mar, aunque su rumor no me llega ni en la noche. Me separan de él el césped del jardín de entrada, el asfalto oscuro de la carretera, una duna de matojos verdes y el acantilado escarpado. Pero sé que está ahí y su compañía me hace tan feliz como nadar en sus aguas. 



En nuestra primera noche aquí, Kathy se empeñó en que saliera con ellos -niños incluidos, naturalmente-. al pub local al que acostumbran a ir cuando están aquí, y cualquiera de mis negativas cayó en saco roto. Me aburrí como una ostra, algo que ya predecía. Aquello era lo más parecido a un Hogar del Pensionista que había visto jamás. Dos músicos tocaban y cantaban melodías irlandesas y las parejas hacían Line Dancing como en un telefilm lleno de tópicos de la isla. No puedo decir que era la más jóven del local porque me ganaban los niños, que tampoco eran los únicos, pero en general los parroquianos tenían entre cuarenta y pocos y setenta y muchos. Aguanté el tipo y tuve que rechazar a un par de abuelos que pretendían sacarme a la pista a bailar. A las 12 acabó, cual cenicienta, mi tormento, hora a la que llegamos a casa y caí en la cama víctima no del sueño, pero del más puro aburrimiento.

16 de Agosto de 1998

Me he levantado tarde. La familia al completo ha ido a Tralee de compras y yo he aprovechado para explorar el pueblo a mis anchas y comprar unas postales. Me tomé una cerveza en un pub que Kathy me había recomendado como "el sitio de moda de la juventud" mientras garabetaba palabras en las pocas postalitas que pude encontrar. Ballyheigue no es la panacea de los pueblos costeros, ciertamente. Una calle principal con dos tiendas, dos bares y un paseo "marítimo" tan triste como en un día de lluvia. Un club de golf de pretendidas ruinas y un único monumento.




Kathy y familia regresó a lo justo para comer y tras ello, junto con un matrimonio amigos de Kathy bajamos de nuevo al pueblo a una feria que habían montado a las afueras. Tres atracciones hicieron estragos en mi estómago -no sé por qué, no suelo marearme en la feria- y llegamos a casa a lo justo para recordar qué había desayunado.
Una siesta reparadora asentó mi estómago y es noche me quedé en casa sola mientras ellos salían. A lo lejos, tras la casa, oigo el mugir cansino de las vacas.

18 de Agosto 1998

Hemos ido a Dingle, por el Connor Pass. Hemos parado en un mirador desde he disfrutado de una música mágica proveniente de un arpa. Deliciosa música a pie de monte, tan apacible que me he relajado como no lo hacía en mucho tiempo. 



Tras ello, hemos bajado finalmente a Dingle, donde hemos subido a un barquito a cumplir con la tradición de ver a Funghi, un delfín que habita en la bahía y se dedica a ir a buscar a los pequeños botes cargados de turistas que quieren ver al mamífero.
Siempre en mi nota, he pasado de saltar de babor a estribor para ver a Funghi. ¡Como si no hubiera visto un delfín en la vida! Me he dedicado a hacer fotos de la costa, algo que tenía mayor interés que ver la nariz de un delfín o el costado mientras saltaba entre las embarcaciones. ¡Por favor!





Hemos paseado por el pueblecito, muy pinturesco, eso sí y hemos acudido a la iglesia de St. mary y firmado el libro de condolencias por el atentado en Omagh el pasado sábado, donde finalmente han perecido 26 personas y 240 resultaron heridas. De los muertos, parece ser que dos eran españoles, un niño de 12 años y la monitora, de 29. 
He comprado "El País" en una tienda que hemos visto de prensa internacional para informarme de lo que sucede en España aunque me mantengo al día oyendo RNE por las noches. Después de un largo día, hemos regresado a Ballyheigue y los niños han montado a caballo por la playa, en un viejo jamelgo. Me ha recordado a los antiguos tebeos de Esther que leía de niña y que tanto echo de menos. 
La anécdota del día ha sido el berrinche que me ha dado por no poder encontrar un puñetero helado de chocolate en todo el pueblo, todo lo que tienen es nata bañada en chocolate. No good! no good!