1 dic. 2009

30 de Junio de 1998: Nada nuevo bajo el sol.

Si, lo sé. No he escrito en todo el mes. Estoy desganada. A veces me pregunto para qué molestarme. Otras me gustaría escribir ríos de tinta hasta desangrar el bolígrafo, pero lo cierto es que no tengo mucho que contar. Mi vida es del todo monótona. Sigo yendo al Thirsty Schoolar con Alan y sus amigos y familia -debería decir-, porque siendo su hermano y cuñada los dueños, la camarera su otra hermana y saliendo con nosotras otra hermana más, pues casi que todo queda en familia.
Pero ya estoy conociéndolos mejor, y ellos a mí, supongo.
Erik y Fitz siempre están juntos. Son como el Gordo y el Flaco, las gemelas Pily y Mily, Tom y Jerry o el Pato Donald y Daisy. A donde va uno, va el otro. Erik habla más conmigo que Fitz, aunque juro por Dios que no le entiendo una sola palabra. Nunca sé si está sobrio o lleva un tajarón de espanto, porque cuando yo llego al pub él ya está allí. Quizá es mi oido que no está acostumbrado a su acento o la cadencia de su voz. Además, ¡es que hablan todos tan bajito! Luego dicen que los españoles hablamos a gritos... Claro, comparado con sus susurros, que parece que en vez de hablarte del precio de la Guinness te estén contando un secreto de Estado!
En el Thirsty Schoolar me siento como en casa, la verdad. Phoeby, la otra camarera, ya me saluda como el que entra en Cheers, sólo que en vez de gritar: "Noooooorm", me dicen: "Saaaraaaah" y cuando llego a mi taburete en medio de la barra ya tengo mi pinta de Heineken sobre el mostrador. Pinta que la mayoría de las veces ni siquiera tengo que pagar, todo sea dicho. Me cuidan como a un pajarillo hambriento, con la premisa de que soy Au Pair y con lo que gano no me llega ni pa pipas, mientras ellos están trabajando y pueden permitírselo. No me quejo. Ellos tampoco. Es agradable salir de casa con veinte libras en el bolsillo y regresar con ellas intactas, para qué negarlo...
Sienaid, la hermana de Alan es lo que aquí se llama una persona "Bubbly", que es un término que le viene al pelo. Siempre se está riendo. Y bebiendo Tía María con CocaCola Light. Extraña combinación, pero me la dejó probar un día y está bastante bien...
Sandy, la novia de Connor, el hermano de Alan, canta increiblemente bien. Tiene una voz a lo Nina Hagen Irlandesa que da gusto oir aunque a veces suelta unos gallos enormes. No es que se pase el día cantando en el bar, pero cuando cierran la puerta por la noche y nos quedamos a terminar nuestras bebidas, se le suelta la garganta...
Ha influido mucho en mi retinencia a escribir la soledad que a veces me invade. Las chicas comienzan ya a regresar a casa, y aunque yo al fin he conseguido una de las metas que me propuse, conocer gente local con la que salir y no depender de otras au paires, lo cierto es que no estoy muy convencida de que pueda pertenecer del todo a esta fauna de "compañeros de barra". No sé si son mis amigos o sólo compañía para beber. No hacemos nada más juntos. No quieren ir al cine, ni de excursión ni nada de nada. El único, Alan, que la próxima semana nos llevará a Anabel y a mí de castillitos de nuevo...
Sigo echando de menos a Kevin...