7 ago. 2009

1 de Mayo de 1998: Apatía

Llevo días sin escribir. He mirado el diario sobre la repisa de la chimenea cada noche y no he tenido ánimos para abrir sus páginas y coger un bolígrafo y escribir al menos un par de palabras. Nada. He pasado mis días en una serie de rutinas que a veces me parecen no tener sentido. Soy un robot atrapado en una sociedad robótica: me levanto, desayuno, recojo a los niños, como, veo televisión con ellos, ceno, leo, veo televisión, duermo. A veces esto se combina con alguna traducción de libros de hadas y leyendas que hago porque me apetece, aunque reconozco que soy muy purista y por ello estoy traduciendo demasiado literalmente, sin dejarme tregua para alguna licencia poética o una traducción más verosímil, pero me digo que estoy haciendo esto para mí, y no para que nadie lo lea, para aprender el significado de palabras nuevas.
A veces me siento sola. Lo amigos van y vienen y todo es como siempre ha sido antes para mí. Nunca tuve una mejor amiga, una amiga del alma, o como diría Ana de las Tejas Verdes, un espíritu afín. Nunca. He tenido amigas del momento. Como en el colegio. Entonces tenía a Adeli, a Milagritos, a Encarnita. Nos separamos para ir al instituto. Nuevas amigas. Cada curso, casi, una diferente, porque siempre acabábamos separadas en las clases A, B. o C, dependiendo del apellido y el volúmen de alumnos. Hubo cursos en los que no encontré a nadie especialmente interesante para compartir una amistad estrecha. Siempre he sido muy independiente, en las buenas y en las malas. Luego, cuando empecé a trabajar en la radio y me cambié de instituto (el disgusto que cogieron mis padres porque cambié de educacion privada a la pública), también tuve amigos diferentes. Nuevos amigos. Pero no eternos. Siempre fue así.
Luego conocí al que sería mi marido. Cambio de ciudad. Nuevos amigos. Mis mejores amigas serían dos de las esposas de otros policías. Con el tiempo, cambiaron destino, a los 3-4 años, cuando ya les había cogido cariño y acostumbrado a ellas. Y cuando de nuevo rehice mi agenda social, se acabó mi matrimonio y por tanto mi estancia en una ciudad extraña y ruín que nunca me aceptó, como yo no la acepté a ella. ¿Se puede llegar a odiar a un lugar? Con pasión. Yo tengo un par de ciudades-agujero en mi lista que jamás volveré a pisar.
Vuelta a casa. No hablaré del paso por Canarias. Fue tan nimio, tan breve y tan traumático que no tuve tiempo de hacer amigos. Mejor. Ya en Cádiz me reuní con los viejos amigos, los mismos que conocí en la radio y que a día de hoy siguen estando ahí por mí. Son los amigos de larga duración, sí, pero no es a ellos a los que me refiero. Están lejos.
Aquí comienza una nueva etapa de mi vida. Lucy ya se está desligando de mí. Ahroa que trabaja por turnos, nos vemos menos. Y está mas cerca de Berta, Bea o Marta porque viven en la misma casa. Y ya esta pensando en volverse a Francia para el verano. Vino aquí para mejorar su inglés, y ahora está trabajando parta irse con algo de dinero en el bolsillo. Francesca ya partió. Tiene un exámen en estos días para una aerolínea italiana. Había venido también a mejorar su inglés y su curriculum para poder ser azafata. La echo de menos. Fue una amistad grata y no sé si algún día volveremos a vernos.
De Ana no hemos vuelto a saber nada desde que regresó a Oviedo. Bea, Berta, todas están pensando en dejar Limerick y regresar a casa en verano. Y yo me quedaré aquí, y conoceré a gente nueva, y se volverán a ir, o quizá la que se vaya sea yo, y el círculo sigue y sigue. O la espiral. ¿Volveré a ver a esta gente algún día, después de su marcha? No lo creo. Prometemos mantener el contacto, intercambiamos direcciones, llegan dos, tres, cuatro cartas. Un Christmas por navidad, quizá la rara postal de veraneo. Y eso es todo...
Echo de menos a Kevin, pero esa es otra historia. Le he visto al fondo del bar, con sus amigos, un par de noches que he salido con las chicas. Se ha acercado a saludar, o me he acercado yo. Me ha preguntado cómo estoy, he dicho que bien. He mentido. Me duele el alma verle y no estar con él.
Ha llegado una chica nueva, es Au pair con una familia en Castletroy. Se llama Yoli y es de un pueblo de Ciudad Real. Hemos congeniado bastante bien, se la ve muy sencillita y tranquila, quizá muy diferente a las locuras de Berta, Bea y compañía.
También me he reencontrado con Adam (el del bigote a lo Iñigo) y ahora salimos a tomar algo al bar de su hermano, con su pandilla, pero de esto hablaré otro día, con calma.
También tengo que hablar de lo que sucedió en Semana Santa con unos huevos de pascua y un gilipollas que se piensa que es el regalo de Dios para las mujeres. A mí no me traga, claro. No he caído bajo sus supuestos encantos. No sé que le ven las otras, Bea y Lucy están locas por él y las demás le siguen la corriente casi con adoración.
O quizá la pulida brillantez de su calva me ha cegado definitivamente!

8 pataletas:

MJ Cádiz dijo...

Ya se te echaba de menos, tanto tiempo sin noticias empezaban a preocupar a los que te leemos. Normal, en este estado de pseudodepre no le apetece escribir a nadie. Bueno, Sarah es fuerte y seguro que pronto empieza a conocer a gente más interesante y a salir de la espiral. Besitos

María José

chema dijo...

se echaba de menos el diario de tus días como au pair. me alegro de que lo hayas retomado (o de que en su día lo retomaras, mejor dicho).
es verdad que es difícil encontrar amigos del alma, de esos cuya amistad perdura aunque ya no exista el vínculo a través del cual los conociste. pero algunos se encuentran de vez en cuando...

Aurin dijo...

Ya también echaba de menos esto... ¿Sara odia mi ciudad?...joooo.... pues hay gente muy maja por aqúi y que te queremos un montón...te lo aseguro...
En cuanto a la amistad, es un tema compeljo, pero,si de verdad la buscas se pueden encontrar buenos amigos... solo hay que darles la oportunidad de serlos... y sobretodo,buscar la honestidad... un besote!!!

Sarah dijo...

Nooooooooooo!! Sarah no odia Gijon!!! Sarah odia la costa brava!!! Jajajaja

Inma dijo...

Soy de amigas eternas. Mantengo contacto con las de varios colegios..pero mis AMIGAS, así con mayúsculas son las que hice en Las Palmas con 13 años. Para siempre.
No sé manejarme en medias tintas, con gente a la que aprecio, pero no son amigas. Bueno, ahora sí sé, pero me ha costado años de aprendizaje.
Estas cosas creo que van evolucionando a lo largo de la vida, como aprender a amar la soledad. Saber disfrutar estando sola es algo que aprendes con los años, hasta ser casi mejor que la compañía. Bueno, o yo lo siento así.
Sarah, estoy feliz de volver a pasarme por aquí. Me encantan tus aventuras.

Geno dijo...

Que bien que hayas vuelto a escribir, Sarah, se te echaba de menos

KIRA dijo...

Menos mal que has regresado... el mundo blogero era grisssss sin tu diario... como ya te han dicho, se te echaba mucho de menos!!!
Y sobre tu apatia, te entiendo todos pasamos alguna que otra epoca de ese tipo, en la cual nada parece que te ayude a salir y seguir adelante, las personas van y vienen en nuestras vidas, algunas se quedan para siempre, otras te dan la espalda y desaparecen pero tenemos que seguir caminando... tenemos que seguir viviendo!!
"Siempre habrá gente que te lastime, así que lo que tienes que hacer es seguir confiando y sólo ser mas cuidadoso en quien confías dos veces" Paulo Cohelo

anele dijo...

Yo solía sobrevalorar la amistad; amigos del alma... uf, hasta que ves que la gente empieza a fallar. Como dice Inma, es una suerte aprender a disfrutar de la soledad, así las rupturas duelen menos. Y puedes seguir disfrutando de las cosas que te gustan (mucha gente no se anima a hacer cosas sola).

Se te echaba de menos.