8 jun. 2009

Lunes 12 Abril 1998: Donegal (II)

Aquel Domingo salimos por la noche con los vecinos de Dave y Trini. Fuimos a un pub pequeñito, y en la mesa cuadrada del fondo, que ocupaba toda la estancia, había unos músicos tocando temas irlandeses con bandurrias, cucharas, violines y flautas. Eran cinco y nosotros nos hemos sentado al otro lado de la mesa. Nos han enseñado a Trini y a mí con dos cucharas (sí, cucharas reales), a tocar, colocándolas entre el hueco del pulgar y el índice y golpeándolas contra la rodilla. No sabremos jamás si lo hemos hecho bien, pero el moratón en la piel lo tenemos asegurado.
Cuando he ido al lavabo he visto una preciosa ilustración enmarcada dentro del diminuto compartimento. Al bajar, se lo he comentado a Trini y Dave nos ha amonestado como si nos leyera el pensamiento.
-Ni se te ocurra, Sarah. Este es nuestro pub habitual. ¡Pero qué malas influencias estás resultando...! Ademas, no pretenderás romper el cristal...
-No tiene cristal -respondí-, es una lámina de plástico que protege a la postal del polvo.
-¿Es bonita? -Ha preguntado Trini- Nunca me he fijado. Voy al baño a verla.
-No le des ideas -ha recomendado Dave.

Hemos seguido allí hasta el final de la noche. Los vecinos se habían retirado apenas media hora antes. Han cerrado las puertas y nos han servido una más. Es una pena que todo cierre tan temprano aquí cuando lo estás pasando bien. Estábamos discutiendo en la conveniencia de llamar un taxi o volver andando, Dave dijo que fuésemos andando y así bajábamos la cerveza, y yo me preguntaba cómo podríamos llegar a la casa si no hay farolas en medio del camino que cruza los campos. El dice que con su mechero. Yo he tenido una idea mejor y le he pedido al del bar una de las bonitas velas que adornan viejas botellas recubiertas de una veintena de capas de cera. Me la ha dado sin problemas y Dave casi se echa las manos a la cabeza ante mi "desfachatez" (en broma, claro). Antes de marchar, he visitado de nuevo el lavabo. El camino es largo y nunca se sabe si una no tendrá que agacharse entre los matorrales.
Sin embargo al salir nos hemos encontrado a los vecinos esperándonos con el coche. No les parecía bien que caminásemos a oscuras a la una y pico de la madrugada y fueron a casa y regresaron con el vehículo. Ya en el coche, Dave ha suspirado aliviado.
-Bueno, y al final te llevaste la vela para nada. Menos mal que dejaste en paz la lámina.
-¿Quién dice que lo hice? -Me levanté la parte delantera del jersey de lana y extraje la postal. Trini casi se muere de la risa. Dave dice que ya no vuelve más y que acabaré con todos sus lugares de pasto habituales. Pero me he reído como no lo hacía en siglos...

Mi oscuro objeto del deseo

Más tarde, durante la semana, aprovechando un día que hacía bastante soleado, hemos subido hasta la playa, a casi un kilómetro de la casa. He visto focas tan tranquilamente en la distancia, estamos bastante al norte y hace frío. No hemos venido a tomar el sol ni disfrutar como los caracoles de unos tempranos rayitos primaverales. Hemos venido a coger mejillones.

Nunca lo he hecho. Dave me ha preguntado si me daba asco. Cogerlos no, comerlos sí. He recordado los tiempos en los que iba con mi padre a la carretera de San Fernando, al otro lado de la Playa de Cortadura, a coger almejas en la bajamar. Claro que no es lo mismo aprovechar la marea en las cálidas tardes de la primavera gaditana que meter las manos en el agua para tantear bajo las rocas con el mar con temperaturas de 3 y 4 grados. Tampoco teníamos la ropa adecuada, yo me vine con mis botas militares, y Trini con unas zapatillas viejas. El único que posee un par de katiuskas es Dave, así que tenemos que tener cuidado de no resbalar y acabar empapadas hasta el alma.
La aventura ha sido divertida. Acabé con las manos rojas como si las hubiera tenido en lejía. Llegamos a media tarde y nos volvimos cuando comenzó a subir la marea, que si nos descuidamos, casi nos deja allí aislados sobre las rocas. Es más, Trini y yo tuvimos problemas con un grupo de cisnes.
Pueden ser unos animales hermosos y de apariencia sumamente apacible, pero son completamente salvajes y peligrosos si se sienten bajo ataque. Y así les ha debido parecer cuando hemos querido saltar a la roca en la que descansaban, la única ruta disponible para volver a tierra firme. Han comenzado a chillar como cochinos en remojo y a soliviantarse como dueños de la playa agitando sus gigantescas alas blancas. Trini y yo blandíamos nuestras bolsas cargaditas de mejillones por si se les ocurría venir. Dave, desde la seguridad que le daba haber dado un rodeo con sus botitas de pescador, se reía y nos pedía calma. Al final ha vuelto y nos ha llevado en brazos.
No hemos parado de reírnos durante todo el camino de vuelta. Olemos a sal y a mejillones frescos, y a sol y a focas y a cisnes. Olemos a felicidad y pronto oleremos a mejillones al ajillo, los hemos pesado al llegar a casa y hemos recogido casi 6 kilos. Yo cenaré una ensalada pero estos comerán mejillones durante unos días, a pesar de que han dado la mitad a los vecinos.
¡Qué bonito es el mar, aunque esté frío!

7 pataletas:

chema dijo...

jejeje, la cleptomanía te viene de lejos. ;) te llevaste de recuerdo la lámina y también la botella-vela, no está nada mal.
qué miedo me ha dado imaginarme a los cisnes enfadados! está bien, sin un poco de riesgo la pesca de mejillones no habría tenido tanta gracia. ;)

CGR dijo...

¡¡Que ricos los mejilloneeeeesssss!! Pobre Dave, como pases mucho tiempo ahí le acabas con la salud, jajajjaja Eso sí, la postal es preciosa

cloti dijo...

A mí habría tenido que venir a rescatarme un equipo de emergencias al completo, no soporto a las aves en general y una bandada de cisnes cabreados me hubiera bloqueado totalmente. Tengo miedooooooooo

Bsssssssssssssss
Cloti

BLAS dijo...

Aayynnsss, que ya sé dónde dices... Mira que habré pensado veces en las ganas de ir a pillar mejillones a esa zona, de hecho, siempre que paso con el coche y veo a gente haciéndolo, y nunca "he tenido tiempo"... Manda narices! La próxima vez que vaya a mi Cádiz, me llevo las catiuscas! Pero a mí sí que me gustan los mejillones, yo me hubiera puesto puja de comer...

Shirat dijo...

La excursión parece preciosa, pero a mí lo que más me ha gustado es que os llevaran en coche a casita. Eso de caminar a oscuras por la calle hasta llegar a casa a mí me da pavor, aunque sea acompañada. Es uno de mis mayores miedos, una calle solitaria y sin iluminar.
Lo de comer mejillones recién cogidos suena de fábula. Qué ricos.

emma dijo...

Sí, estoy de acuerdo con Shirat, ¡qué buenos han sido los vecinos al venir a buscaros! Y, Ruth, ¡esas manitas!. Lo bueno de tu escapada es que era totalmente diferente a Limerick

Lar dijo...

Pero bueno....te soltaste la melena...que mala....jajajajaja