14 jun. 2009

Viernes 17 de Abril de 1998: la tele

Me he aficionado a la television de aquí, tanto los canales autóctonos como los de la Isla de al lado o Irlanda del Norte. En mi habitación apenas tengo una docena de canales, porque aquí la televisión es por cable y hay que pagar por verla, y según me explica Kathy, nosotros debemos coger la señal de algún vecino que probablemente tiene los canales básicos, que son: RTE, Network 2, BBC1 y 2, UTV, Channel 4, Sky One, y alguno más como Paramount Tv, Bravo y alguno musical.

Al llegar intenté ver la televisión con la familia cada noche después de cenar, pero acabaron con mi paciencia. Y no porque los niños no se estuvieran quietos o que ellos no dejaran de hablar, no, nada de esto sucedió. Pero ya me han hecho varias veces que hemos comenzado a ver una película en un canal y al llegar los anuncios, hacen zapping, encuentran algo que les atraiga más y cambian definitivamente. Y ahí que me he quedado yo sin ver el resto de la película, que digo yo que podrían preguntar al menos. Pero como es su casa, me tengo que callar la boca, naturalmente.

En otra ocasión fui al baño y cuando volví a Harry el Sucio le estaban dando una tunda un grupo de indios. ¡Me habían cambiado el canal a otra película! De modo que ahora después de cenar me despido muy amablemente y me quedo en mi salita viendo la tele y cambiando los canales a mi gusto.

Lo que más me agrada son las series. Aquí están enganchados -pero todos, hombres y mujeres por igual- a unas series de larga duración (llevan más de 30 años), Emmerdale y Coronation Street y varias otras. Al principio Kathy pretendía que me enganchara con ella. ¡La vida se detuvo el Día de Navidad con el capítulo especial de una hora de duración! Es increíble... yo los confundo unos con otros, todos los actores me parecen iguales, no distingo entre una y otra, y como tampoco me interesan estas chabacanerías, decliné la oferta.

A lo que sí me he enganchado es a Father Ted, y es una pena que la serie ya se acabara (aunque yo a lo que me he enganchado es a las reposiciones), ya que el actor principal que encarna al Padre Ted falleció este febrero, y creo que sólo hicieron tres temporadas. De hecho Dermot Morgan falleció de un ataque al corazón el día después de rodar el último episodio.

Father Ted es una comedia que básicamente trata de la vida de tres sacerdotes católicos que viven en la casa parroquial de la ficticia isla de Craggy Island, en la costa Oeste irlandesa. El Padre Ted Crilly, el Padre Dougal McGuire y el alcohólico y retirado Padre Jack Hackett conviven en la gran casona con la asistenta Mrs. Doyle, que está absolutamente obsesionada con servirles el té. Los tres sacerdotes están bajo la supervisión del Obispo Len Brennan, que los asignó a Craggy Island debido a diferentes incidentes en su pasado: a Ted por su supuesta impropiedad finanaciera, Dougal por su incompetencia y Jack por su alcoholismo y por ser un mujeriego. Es una comedia brillante, que a veces trata de asuntos de iglesia pero que frecuentemente son líos descojonantes.

Me he enganchado también a Friends, una serie americana que se halla en su primera temporada (también he pillado la reposición, así que me estoy poniendo al día). Esta la suelen emitir los lunes a las 9.30 de la noche y los episodios antiguos los pillo en otros canales a casi cualquier hora.

El día de las películas buenas aquí es el miércoles a las 9.30, aunque de momento casi todo lo que han puesto ya lo he visto, pero me viene bien para practicar mi inglés e ir quedándome con acentos, aunque para hablar de acentos tendría que escribir otro post, no es lo mismo el inglés de los bustos parlantes de la BBC que el callejero de esas series tipo Coronation Street, o el irlandés claro de Father Ted o aquel de los del Norte de Irlanda. Por no hablar de Donegal... claro está...

13 jun. 2009

Martes 13 de Abril 1998; Donegal (y III) y Novedades a la vuelta


El último día de mi estancia en Ballyshannon los amables vecinos nos llevaron en coche a la capital, Donegal. Hemos comido allí en un pub, me he comprado un par de libros de leyendas y mitos irlandeses y hemos visitado el castillo. El centro no parece grande, y el castillo puede parecer diminuto, pero está perfectamente reconstruído, teniendo en cuenta que casi acaban de terminar las obras. De hecho creo que parte de él aún estaba cerrado por obras.


Ha sido un agradable break de Limerick, la verdad, a pesar de las ocho horas del pesado viaje de vuelta. Una semana de mejillones, cisnes enfurecidos, castillos y vida en el campo a orillas del mar.

El mar. Cómo me gusta su olor, el aroma salado que deja en la piel tras haber paseado por su orilla de nuevo. Esa es, quizá, la parte más dura de vivir en Limerick: tener sólo un río, por muy poderoso que sea el Shannon. Echo de menos el mar, su color cambiante, sus mareas, su espuma y su sal. Esta es la primera vez en mi vida que he venido a un lugar sin mar. Y sé que me costará acostumbrarme. Nadie sabe lo que cuesta decir adiós al mar. La playa no queda lejos de Limerick, hay una población playera a media hora de autobus, pero coñe, no es lo mismo. Con los horarios tan dispares de los autobuses, ir a la playa requiere una planificación militar por la que no estoy dispuesta a pasar. Prefiero la libertad de decir "me voy a dar un paseíto". Y dependiendo de horarios de autobuses que a lo sumo van cada hora, esa sensación de libertad queda totalmente coartada.

A mi vuelta me he encontrado también algunas novedades, una de ellas no muy agradable. Me abrió la puerta Nana. Dejé mis llaves en mi cuarto, no fueran a perderse en mis aventuras en Ballyshannon. Cuando me ha visto se ha echado a llorar y a hablar tan deprisa que no la he entendido. Me ha asustado. "¿Estara borracha?", ha sido lo primero que he pensado, aunque nunca la he visto así. Billy estaba pegado a su falda, con expresión seria. O más bien tan alarmado como yo, diría, con un dedo en la boca y mirada interrogante. Janet estaba callada, algo bien extraño.

-¿Qué sucede, Janet? -le pregunté.

-Nancy ha muerto -me dice, sin más. No creo que comprenda demasiado bien el significado de sus palabras.

-¿Nana? -la acompañé hasta su sillón, donde sus lágrimas parecieron calmarse un poco. Si ha bebido no la culpo. Nancy y ella pasaban cada tarde, siete días a la semana, juntas, desde el mediodía que comían juntas, hasta su siestecita y posterior despertar, parloteo, y té. Nancy se iba a eso de las cinco, la hora de su cena.

Ha sido repentino. Se durmió y jamás despertó. Trato de consolar a la abuela diciéndole que la vida es así y que mejor morir en el sueño que partir en un frío hospital tras una devastadora enfermedad. Pero la ida no tiene consuelo, lo sé. A mí también me da pena, y las palabras de Nana me arrancan el llanto:

-Los he visto a todos ir. A todos. La gente se muere y yo sigo aquí, cada vez más sola.

Lucy se ha independizado. Por lo visto ha dejado a la familia antes de tiempo. Estaba buscando trabajo y lo ha encontrado en Dell, la fábrica de ordenadores que parece presidir sobre Limerick. La llamaron para comenzar inmediatamente y no tuvo tiempo de buscar piso, así que como no podía quedarse con la familia -aún no he hablado con ella y no sé exactamente si ha habido problemas-, decidió pedirle a Kathy si podía quedarse aquí. A mí esto me lo ha contado la propia Kathy. Lucy ha estado esta semana que me he ido fuera, viviendo en mi cuarto y fue sólo el Domingo que se fue a una casa compartida con Bertha, Marta y Bea, poco más arriba de donde estas últimas vivían antes. Está en la calle Wolf Tone y me ha dado el número, así que a ver si mañana tras recoger a Billy de la guardería me paso, porque está cerca. No sé qué turno tendrá en la fábrica pero seguro que si no está ella, alguien habrá que me pueda decir.

Son demasiados cambios para tan pocos días. Estoy agotada.

8 jun. 2009

Lunes 12 Abril 1998: Donegal (II)

Aquel Domingo salimos por la noche con los vecinos de Dave y Trini. Fuimos a un pub pequeñito, y en la mesa cuadrada del fondo, que ocupaba toda la estancia, había unos músicos tocando temas irlandeses con bandurrias, cucharas, violines y flautas. Eran cinco y nosotros nos hemos sentado al otro lado de la mesa. Nos han enseñado a Trini y a mí con dos cucharas (sí, cucharas reales), a tocar, colocándolas entre el hueco del pulgar y el índice y golpeándolas contra la rodilla. No sabremos jamás si lo hemos hecho bien, pero el moratón en la piel lo tenemos asegurado.
Cuando he ido al lavabo he visto una preciosa ilustración enmarcada dentro del diminuto compartimento. Al bajar, se lo he comentado a Trini y Dave nos ha amonestado como si nos leyera el pensamiento.
-Ni se te ocurra, Sarah. Este es nuestro pub habitual. ¡Pero qué malas influencias estás resultando...! Ademas, no pretenderás romper el cristal...
-No tiene cristal -respondí-, es una lámina de plástico que protege a la postal del polvo.
-¿Es bonita? -Ha preguntado Trini- Nunca me he fijado. Voy al baño a verla.
-No le des ideas -ha recomendado Dave.

Hemos seguido allí hasta el final de la noche. Los vecinos se habían retirado apenas media hora antes. Han cerrado las puertas y nos han servido una más. Es una pena que todo cierre tan temprano aquí cuando lo estás pasando bien. Estábamos discutiendo en la conveniencia de llamar un taxi o volver andando, Dave dijo que fuésemos andando y así bajábamos la cerveza, y yo me preguntaba cómo podríamos llegar a la casa si no hay farolas en medio del camino que cruza los campos. El dice que con su mechero. Yo he tenido una idea mejor y le he pedido al del bar una de las bonitas velas que adornan viejas botellas recubiertas de una veintena de capas de cera. Me la ha dado sin problemas y Dave casi se echa las manos a la cabeza ante mi "desfachatez" (en broma, claro). Antes de marchar, he visitado de nuevo el lavabo. El camino es largo y nunca se sabe si una no tendrá que agacharse entre los matorrales.
Sin embargo al salir nos hemos encontrado a los vecinos esperándonos con el coche. No les parecía bien que caminásemos a oscuras a la una y pico de la madrugada y fueron a casa y regresaron con el vehículo. Ya en el coche, Dave ha suspirado aliviado.
-Bueno, y al final te llevaste la vela para nada. Menos mal que dejaste en paz la lámina.
-¿Quién dice que lo hice? -Me levanté la parte delantera del jersey de lana y extraje la postal. Trini casi se muere de la risa. Dave dice que ya no vuelve más y que acabaré con todos sus lugares de pasto habituales. Pero me he reído como no lo hacía en siglos...

Mi oscuro objeto del deseo

Más tarde, durante la semana, aprovechando un día que hacía bastante soleado, hemos subido hasta la playa, a casi un kilómetro de la casa. He visto focas tan tranquilamente en la distancia, estamos bastante al norte y hace frío. No hemos venido a tomar el sol ni disfrutar como los caracoles de unos tempranos rayitos primaverales. Hemos venido a coger mejillones.

Nunca lo he hecho. Dave me ha preguntado si me daba asco. Cogerlos no, comerlos sí. He recordado los tiempos en los que iba con mi padre a la carretera de San Fernando, al otro lado de la Playa de Cortadura, a coger almejas en la bajamar. Claro que no es lo mismo aprovechar la marea en las cálidas tardes de la primavera gaditana que meter las manos en el agua para tantear bajo las rocas con el mar con temperaturas de 3 y 4 grados. Tampoco teníamos la ropa adecuada, yo me vine con mis botas militares, y Trini con unas zapatillas viejas. El único que posee un par de katiuskas es Dave, así que tenemos que tener cuidado de no resbalar y acabar empapadas hasta el alma.
La aventura ha sido divertida. Acabé con las manos rojas como si las hubiera tenido en lejía. Llegamos a media tarde y nos volvimos cuando comenzó a subir la marea, que si nos descuidamos, casi nos deja allí aislados sobre las rocas. Es más, Trini y yo tuvimos problemas con un grupo de cisnes.
Pueden ser unos animales hermosos y de apariencia sumamente apacible, pero son completamente salvajes y peligrosos si se sienten bajo ataque. Y así les ha debido parecer cuando hemos querido saltar a la roca en la que descansaban, la única ruta disponible para volver a tierra firme. Han comenzado a chillar como cochinos en remojo y a soliviantarse como dueños de la playa agitando sus gigantescas alas blancas. Trini y yo blandíamos nuestras bolsas cargaditas de mejillones por si se les ocurría venir. Dave, desde la seguridad que le daba haber dado un rodeo con sus botitas de pescador, se reía y nos pedía calma. Al final ha vuelto y nos ha llevado en brazos.
No hemos parado de reírnos durante todo el camino de vuelta. Olemos a sal y a mejillones frescos, y a sol y a focas y a cisnes. Olemos a felicidad y pronto oleremos a mejillones al ajillo, los hemos pesado al llegar a casa y hemos recogido casi 6 kilos. Yo cenaré una ensalada pero estos comerán mejillones durante unos días, a pesar de que han dado la mitad a los vecinos.
¡Qué bonito es el mar, aunque esté frío!

Domingo 11 Abril 1998: Semana Santa en Donegal (I)

Me fui de Semana Santa a Ballyshannon, un pequeño pueblecito de Donegal. Y si no lo había mencionado antes es porque he estado desganada y ni siquiera tuve tiempo hasta el Viernes por la noche de escribir algo, no quería dejar sin mencionar el Acuerdo de Paz y como aún mi aventura estaba sin finalizar, prefería sentarme tranquilamente y contarlo todo de principio a fin. Ha habido un gran lapsus en este diario desde que terminé mi relacion con Kevin hasta que he comenzado a escribir de nuevo y hasta mi decisión de irme a Donegal. No tenía ánimos para verter mi alma en llantos y lamentos que un día en el futuro tendré que ver y quizá, avergonzarme de lo dicho.
Pero necesitaba esconderme, huir, lavar mis penas fuera de Limerick. Cada noche que salgo es una ruleta rusa de emociones con el temor de encontrármelo de frente. Aún no lo he hecho pero sé que sucederá. Frecuentamos los mismos lugares.
Y mi oportunidad de escaparme un rato llegó de mi amiga Trini Chan, la que me había dado el regalo para el hermano de su novio Dave, que trabajaba en Aer Lingus. Finalmente se ha venido a vivir con él y han acabado en un pueblecito casi perdido de la mano de Dios en Donegal. Me invitó a visitarlos y no lo he pensado demasiado. Kathy me dijo que no era problema si me quería ir una semana porque los niños tenían vacaciones en el colegio y ella se cogía unos días en la peluquería también. Fui a la estación a informarme y no lo pensé demasiado. El billete de autobús me costó casi el sueldo de una semana y el viaje duraba ocho horas, pero tenía ganas de ver a Trini y, como digo, tenía ganas de escaparme de Limerick y olvidar un rato.
Partí el Sábado de mañana, bien temprano. Me habían dicho que el autobús iba directo hasta Ballyshannon... ¡Y una mierda! Llego a Galway y soy la única que se queda en el interior de un autobús que apaga el motor. El conductor me dice que es el fin de trayecto. Acojonada pensando que me he montado en el bus equivocado le explico que es que yo voy hasta Ballyshannon, y me responde que tengo que hacer trasbordo allí con el autobús a Donegal, que vaya a ventanilla y pregunte a qué hora sale el siguente. Y eso hago, con los nervios ya en la garganta. No pasa nada, en media hora sale el siguiente y así me da tiempo a ir al baño y subirme al otro autobús. Pero la aventura no acaba ahí, porque llegamos a Sligo y sucede lo mismo. ¡Me dicen que he de cambiarme al bus de Donegal! ¡Se han propuesto volverme loca y matarme de los nervios!

Al fin llegué a Ballyshannon, donde Trini me esperaba impaciente. Creo que he llegado una media hora después del horario previsto, esto ha sido una verdadera paliza, más de ocho horas sentada en un autobús, que gracias a Dios era cómodo, pero... ¿ocho horas? Nunca más.
Ballyshannon es pequeño. Diminuto. Casi inexistente. Es más grande el espacio que ocupa su nombre en el mapa que el pueblecillo en sí. Está a media hora de la capital (Donegal), pero es insípido, aburrido y para nada me gustaría vivir allí. Me morirëa de pura angustia. Eso sí, estos días han sido un remanso de paz.
Trini y Dave viven en una casita en medio de la nada, con una sola casa a unos metros, de unos vecinos con los que se llevan bastante bien. Para llegar hay que salir de Ballyshannon, caminar por una carretera y luego adentrarse por un camino de tierra, bordear un molino de agua de una granja y seguir unos metros hasta llegar al cottage que han alquilado. Ambos están de momento en el paro, cobrando el subsidio. Dave es profesor y confía en hallar pronto algo. Trini ha encontrado un trabajo dentro de dos semanas en la cercana Bundora, en un hotel, de camarera.
La primera noche la pasamos charlando hasta las tantas. Estaba agotada como para salir y ellos tampoco tenían demasiado dinero, viviendo del paro y tratando de ahorrar, así que hemos comprado unas latas y nos hemos quedado en la casita. Hemos cocinado pollo al horno y una ensalada y hemos bebido y charlado hasta altas horas de la madrugada. Dave es un encanto y me ha -jaja- enseñado todas las palabras malas que no tengo que utilizar. Ahora sé decir vagina de diez maneras diferentes y soy experta en otros tantos nombres para el aparato reproductor masculino. También he aprendido una serie de epítetos para traducir con toda tranquilidad vocablos tan típicos de una señorita de pro como "gilipollas" y otras lindezas similares. No hay nada como ir a pasar unos días con un profesor de lengua.
El segundo día ha sido más movido y Trini me ha llevado a dar una vuelta por los campestres alrededores. Me alegré de haberme llevado el abrigo de piel que le compré a Lucy por cinco libras porque hacía un frío de cojones. Después de pasear entre ovejitas y arroyos, hemos bajado al "centro", por llamarlo de algún modo, porque no hay nada realmente que ver.



Alguna iglesia por el camino (aquí hay más iglesias que habitantes) y unos paisajes encantadores, bucólicos. Un lugar de paz ideal para el que le guste el campo, que no es mi caso. Prefiero el mar, y en Abril y con temperaturas rayando los números bajo cero, de poco me sirve una playa.

Y hemos sido malas, muy malas. Fuimos a una cafetería que se llama El Club de los Poetas Muertos. Muy correctita, la típica en la que te imaginarías a viejas abuelitas inglesas con sus sombreritos floreados sorbiendo té con sus guantes blancos. Queríamos desayunar algo ligerito y nos han traído el menú, he pedido zumo de piña.
No tenían. De albaricoque. No tenían. Trini y yo nos hemos mirado, hemos mirado el menú y de vuelta al camarero. Le hemos preguntado directamente de qué tenía zumos, porque Trini quería de Pomelo y tampoco les quedaba. Sólo tenían de naranja. Un menú tan extenso y sólo tienen zumo de naranja. Genial. ¿Queremos algo de comer? Sí, croissants. No quedaban. ¿Tostadas? No hacían. ¡Fantástico! Finalmente Trini se ha pedido Scones, a mí no me gustan y no me apetecía algo dulce que era lo único que parecían tener en el menú, así que nada. Trini se ha pedido un té y yo el zumito soso. Hemos ido al lavabo. No había papel higiénico.
En venganza, hemos echado sal en la leche, que aquí todas las cafeterías tienen ya en las mesas un jarrito con leche, un salero, un pimentero y un azucarero. Cuando nos hemos ido nos hemos partido la caja de la risa. Cuando se lo hemos contado a Dave al volver a casa nos ha mirado casi con horror, nos ha reprendido como a dos colegialas traviesas y nos ha hecho sentir culpable.
A la mañana siguiente volvimos con Dave a la misma cafetería. Esta vez ha sido él quien ha puesto sal en la leche.

7 jun. 2009

Viernes 10 de Abril 1998: Paz

Aunque no encuentre la paz conmigo misma, hoy sí se ha escrito un trozo de historia con el acuerdo de paz en el Norte. Creo que sería equiparable a que ETA dejara las armas en el País Vasco y dejara de molestar al resto de España.
La historia Irlandesa es harto complicada y los conflictos del Norte complejos y muy diferentes a los que padecemos en España con los nacionalismos. Me da mucha rabia cuando estamos en cualquier bar y el típico listillo se acerca a preguntar qué tal la situacion de ETA en "Bilbao" que es todo lo que parecen conocer de la geografía española. No sé cuántas veces me habrán preguntado de dónde soy, y al decir de Cádiz me han preguntado si queda cerca de Bilbao. "Hombre, si doblas el mapa, seguro que sí", es lo que suelo contestar. Los sacas de los "resorts" de Ibiza y Canarias y se pierden. Bueno, y alguno hasta no sabe que Canarias pertenece a España, que he llegado a oir que era un país propio. O que pertenecía a Africa. Desde luego ignorantes los hay en todas partes, también me da rabia cuando mis amigos me preguntan qué tal por Inglaterra, que aún hay gente que se piensan que Irlanda pertenece a Gran Bretaña, o gente que no sabe la diferencia entre Inglaterra, Gales o Escocia, llamándo a todo Inglaterra. En fin, que me voy por los cerros de Ubeda.
La noticia ha sido difícil de ignorar. No compro prensa escrita, el dinero apenas me llega semanalmente para ahorrar unas 20-25 libras y el resto se me va en tabaco y salir un poco, y aquí no parecen comprar prensa. Dejan el Limerick Post cada Jueves, que es gratuíto, y la abuela compra el Limerick Leader, el periódico semanal local y el Chronicle a diario, un periódico de apenas seis páginas con las noticias que este pueblo pueda producir. Afortunamdamente tengo la tele en mi habitación y me he enterado -más o menos- por los informativos. Creo que si algo similar sucediera en España, todo el mundo estaría hablando de ello, pero aquí, si no fuera por las connotaciones políticas, podría decir que al pueblo llano le importa un pepino.
Quiero ir a Belfast y visitar Derry y hasta ahora, no era muy aconsejable. Me hablan de tanques patrullando las calles, de soldados uniformados en cada esquina, de rejas divisorias y tiendas para protestantes y católicos y uno se imagina algo salido de un gueto judío en los tiempos nazis. Pero esto sucede ahora, a finales del siglo XX, a poco más de 200 kilómetros de donde vivo. Masacres a diario sólo porque naciste detrás de una línea o de otra, y no estoy hablando de líneas fronterizas o de guerra, sino de las marcadas en los suelos de las calles de Belfast para señalar dánde empieza el barrio Católico y acaba el Protestante.
Hoy, mientras en la España de panderetas y beatones que proliferan como hongos en estas fechas se autoflagelan y recorren las calles a pie, el Acuerdo del Viernes Santo es una realidad que parece que me está afectando más a mí que a los propios irlandeses. O será que me interesa al política y también la historia del país que me ha adoptado.
Ahora, naturalmente, habrá que esperar a que pase el referéndum, pero el primer paso está dado. Los gobiernos irlandeses y británicos han firmado el convenio de paz en Belfast, avalado por casi todos los partidos políticos de Irlanda del Norte. A finales de Mayo habrá unos comicios allí para aceptarlo oficialmente y un voto separado para cambiar su constitución en línea con el Acuerdo.
Muchas son las provisiones que incluyen, entre las más importantes a mi entender, el principio de que cualquier cambio al estado constitucional del Norte sólo pude hacerse tras la mayoría de votos de sus ciudadanos. El cese de la violencia. La libertad condicional en los siguientes dos años de los prisioneros paramilitares que pertenezcan a organizaciones que hayan pactado el fin de las armas. El establecimiento de la Comisión de Derechos Humanos de Irlanda del Norte. El plazo de dos años para decomisionar las armas paramilitares. Nuevas legislaciones para promover la igualdad de oportunidades en las autoridades públicas. La retirada de las fuerzas de seguridad militares.
Una de las que me llaman más la atención: el reconocimiento de el derecho de nacimiento de toda la gente de Irlanda del Norte a identificarse y ser aceptados como Irlandeses o Británicos o ambos, segun elijan, y la confirmación de que el derecho a tener doble nacionalidad sea aceptada por ambos gobiernos y no afectará ningón futuro cambio del estatus del Norte.
Naturalmente, el acuerdo marca el fin de la disputa entre ambos gobiernos sobre los nombres de sus respectivos estados: El Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, e Irlanda.

Mientras, en un programa especial en la tele a las tantas, he visto al señor Aznar (Presidente!) y a su señora Ana Botella de mantilla rigurosa en las calles de Sevilla... viendo alguna procesión de la cual, seguro, desconocen el nombre.