28 may. 2009

Viernes, 27 de Marzo de 1998: El Corasón partío

He estado bastantes días sin escribir, pero no encontraba ánimos para ello. Lo hago ahora porque me siento un poco mejor; tal vez necesito desembotellar emociones contenidas.
Hoy 27 de Marzo se habría cumplido un aniversario de boda. El mío. ¿Cuántos años podrían ser...? Bah, eso no tiene importancia. Es sólo una fecha que es mejor olvidar, borrar de la mente.
Sin tan sólo fuera posible borrar todos esos pequeños momentos que martirizan nuestran almas.
Mi corazón está roto, aunque la grieta estaba ahí y la cubrí con un bonitos cuadros de colores para no verla.
Kevin y yo hemos decidido no vernos más y esta vez es definitivo. Tuvimos una charla sentados en un banco frente al río, hace ya días. Muchos días. Yo pelada de frío, él inmune a la rasca y la brisa fluvial. Ni siquiera dejé que me acompañara a casa tras nuestro intercambio de palabras, y me quedé sentada allí en soledad durante poco menos de una hora, a pesar de que me han advertido que Arthur's Quay Park no es seguro tras el caer de la noche. Pero a veces, poco importan las advertencias. Y de todos modos, no me ocurrió nada, pues, me supongo, también los makis descansan, y se ve que esa noche se fueron a dormir pronto. Igual que mis ilusiones, mis sueños o ese corazón que se recompone como el jarrón chino de la Tata que siempre acaba en el suelo hecho añicos de nuevo. Se pega, se ignora alguna pieza pulverizada y se coloca cada vez en un rincón menos visible. Y con cada nueva caída, con cada nueva rotura, uno lo esconde más y más para que las grietas no se distingan.
No ha sido una rotura dramática, para que negarlo. Estaba cantado casi desde el principio. Kevin no quiere comprometerse, no desea atarse a una relación. Quiere dedicarse a su hija y poco más. Salir con los amigos, con su hermano, divertirse. No desea una mica española a su lado que le tire del collar, imagino. Aunque eso debió pensarlo antes de hacerme suspirar de puro éxtasis entre sus brazos, antes de venir a mí con esos ojos de cordero que me suben la temperatura nada más verlos.
Me he tenido que tragar el orgullo, naturalmente. De nada habría servido suplicar una migaja de cariño. "Ya nos veremos", me dijo. "Seremos amigos", "Estare ahí si me necesitas". Frases hechas que no sé para qué sirven cuando uno no sabe si son sinceras.
Y mientras tanto la vida sigue, y mis noches transcurren aburridas y solitarias. Cuajadas de lágrimas de autocompasión que, al igual que las súplicas,tampoco sirven de nada.
Los sábados ya no serán lo mismo, sin Kevin... y sin el hachís gratis. ¡Cachis!

20 may. 2009

Lunes 16 de Marzo 1998: De excursión


¡Que buenas son
Las monjas Esculapias
que buenas son
que nos llevan de excursión!
Ayer me dijo Kathy que hoy nos iríamos de excursión a Tipperary, a ver un maravilloso castillo que domina la población de Cashel desde una colina.
-¿Sabes dónde está Tipperary? -me preguntó.
-Ah, pues ni siquiera sabía que era el nombre de un pueblo. Yo compraba un licor parecido al Baileys en el Corte Inglés que se llamaba así. ¿Es dónde lo hacen?
-Err... no.
Hoy los niños no tenían colegio -un break de estos raros del trimestre-, y por ello se han venido en el coche. Dos horas de Sarah esto, Sarah lo otro, mamá pis, are we there yet? Y demás movimiento de culos inquietos.
El día ha estado soleado pero ventoso y el viaje a Cashel ha durado una hora y media, casi dos horas con las obligadas paradas. Cada día me escandaliza más ver los caminos rurales a los que aquí llaman carreteras nacionales. Si este país invirtiera un poco más en infraestructuras, no se tardarían casi dos horas en llegar a un pueblo que no está a más de 150 kms.
Pero merece la pena, porque Dios, el pueblo en sí es una mierda sustentada por su única atracción turística: las ruinas del castillo, más conocido como The Rock of Cashel. La sede de los reyes supremos de la región de Munster durante los 700 años previos a la invasión de los Normandos. Restos que datan del siglo XII. Piedras milenarias. Leyendas. Ecos de damas medievales, guerreros celtas, fantasmas...

Hemos aparcado el coche al pie de la colina. Es necesario subir hasta el castillo andando por la carretera. No está demasiado lejos pero la cuesta es empinada y con dos críos en constante estado hiper saltando y brincando como las cabras que debían pastar por los alrededores, para cuando he llegado arriba estaba ya casi sin aliento.

Y a pesar del día soleado que había amanecido, la brisa presagiaba lluvia y el cielo se ha oscurecido en un instante, como un extraño omen que pese sobre las ruinas. Después de comprar nuestras entradas, hemos pasado al recinto en sí. Había una proyección audiovisual pero ya desde el principio me he dado cuenta de que esta visita será versión express, tal y como sucedió con Bunratty. Creo que los niños estaban interesados en el audiovisual, es más bien Kathy la que ha dicho algo así como "bah, ¿para que?" Ok, igual no me entero de la mitad de las cosas, pero aún así, me habría gustado verlo, porque la visita no es guiada ni te dan folleto alguno como en Bunratty que explique lo que estás visitando. Apenas algún cartelito indicativo para decirte que estás en el suelo del antiguo salón o que ésto era la capilla real. Después de todo, he pisado prácticamente el corazón de la arquitectura medieval celta que pueda encontrarse en toda Europa. Es un castillo realmente único. Y desde lo alto de la colina, en las tierras que rodean los viejos muros, hay una vista realmente imponente de la pequeña población de Cashel.


Y yo soy una tocota. Me gusta palpar la piedra húmeda y fría, cerrar los ojos, grabar en mi cerebro las sensaciones que me transmiten. No que sea bruja, ni medium ni nada por el estilo, ni siquiera creo en esas cosas, pero me gusta pensar... guardar sensaciones al tacto. Imaginar. No me he traído un cacho de piedra porque no llevaba bolsillos, la verdad. Sólo de imaginar estas paredes toscas albergando reyes míticos, mobiliario medieval, ricos tapices, rollizas damas de largas trenzas y hermosas vestimentas...

Porque en verdad es un lugar mágico y de ensueño, con sus leyendas y su cementerio en los verdes pastos que miran sobre el pueblo.

Lo hemos pasado teta, sobre todo Billy y Janet, aunque me supo a poco. Tardamos más en ir y volver, que el tiempo que en verdad pasamos allí... Pero al menos los críos han perdido sus miedos a los cementerios, a juzgar por las poses que no tuvieron problema en hacer tras las cruces celtas del cementerio de la Roca de Cashel...

11 may. 2009

Domingo 8 de Marzo de 1998: sobriedad

A eso de las seis de la tarde me han pegado un grito desde abajo. Estaba en mi salita viendo la tele -una serie juvenil sobre un par de gemelas negras, no es que sea ninguna maravilla, pero es lo que hay cada día en diferentes canales a diferentes horas y las entiendo perfectamente.
El caso es que Kathy me ha gritado desde la entrada que había alguien para mí en la puerta. Lo cual es extraño, porque si son las chicas, nunca me llaman, suben directamente.
He bajado con la intriga y en la puerta he encontrado a Francesca y Lucy, remoloneando.
-¿Pero qué hacéis ahí? ¿Por qué no habéis subido?
-Bueno yo... -Lucy tenía la vista fija en la puntera de sus deportivas- Es que no sabía si querías verme o no.
-¿Y por qué no iba a querer verte...?
-Es que anoche... yo... estaba como una cuba y... no sé lo que me pasó... La tontería de las últimas semanas...
-¿Lo dices por el beso?
-Amps... sí -aún no fue capaz de mirarme a la cara.
-Pero si no pasa nada, mujer...
-¿No estás enfadada? Porque ya sé que a tí esas movidas no te iban aunque estuviéramos de broma. Oye, que yo no soy lesbiana ni mucho menos...
Podía notar su incomodidad como si le saliera humo por cada poro del cuerpo. Hasta Francesca estaba incómoda y eso que ella no presenció la bochornosa escena de anoche. Bochornosa, ahora, me supongo, que para ella, porque para mí no ha presupuesto ningún problema. Cosas peores he hecho yo estando más cerca del coma etílico que de la borrachera común. Quiero decir que no ha tenido mayor importancia y que no voy a tenerlo en cuenta.
-Anda, no me seas tonta y subid las dos. Creo que arriba aún queda un poco de vodka que nos podemos pulir.
-Estoy muy avergonzada, de verdad -me pasó por el lado y le di tal tortazo en el trasero que lo recordará de por vida. Casi ha subido medio rellano de golpe.
Anda para arriba, so loca! ¡A ver si te encontramos un novio pronto, que esa lengua traviesa necesita algo de acción!
Nos hemos bebido lo que quedaba de mi Eristoff. ¿Para qué están las amigas si no, con lengua o sin ella?

10 may. 2009

Sábado 7 de Marzo de 1998: Mi cumpleaños y un beso lésbico

Mi fiesta de cumpleaños se podría definir en tres palabras: comida, bebida y.. más bebida. Demasiada para algunos, quizá. Kev llegó con su hija. Es la primera vez que nos vemos desde que regresé de mis vacaciones y me habría gustado disfrutar más de su compañia -a solas-, pero no ha podido ser. Es lo que tiene estar citando a un chico que ya es papá: que en fines de semana alternativos, le toca hacer babysitting también. Y esta noche su madre (la de él), no podía quedarse con la niña. A él, por su pasado cumpleaños, le traje un polar de tonos azules que le ha encantado, y un zippo con el grabado de una moto. Con el frío que hace aquí, seguro que le da buen uso (al polar). A la niña le traje una muñeca de Marín vestida de gitana. "Oh, daddy, a Spanish señorita!", ha dicho entre risas. Yo es que me la como. La madre tiene que ser guapísima, porque la niña es una delicia y no creo que lo saque todo del padre.
Kevin me ha traído una tarjeta de felicitación. Ojo, no es que me esperara un regalo ni mucho menos. Hasta Kathy me había advertido al respecto. Aquí son mucho de tarjetas, pero no demasiado de regalos, y no llevamos juntos el tiempo suficiente para que me hubiera comprado algo. Yo no digo nada. No espero nada de nadie, con las otras Aupaires ya hemos convenido en no regalarnos nada por nuestros cumpleaños: no podemos permitírnoslo.


Pero hombre, un poquito de decepción... pues sí que se siente cuando tú te has molestado en traerle algo a alguien cuyo cumpleaños fue hace como un mes y se lo has traído desde España. Pero supongo que no puedo pedir peras al olmo.
Rebeca llegó como una tromba de viento, como siempre. Ruidosa, buliciosa, el demonio de Tasmania. Su madre y hermana vinieron también. Rebeca se ha hecho un tatuaje (se lo ha hecho Zocks) que le ha salido... for the face. Digamos que lo ha pagado en especias, jajaja.

Este es el primero que se hace, quiere hacerse otro en el límete de donde la espalda pierde su nombre, con una media luna y un hada en cuclillas. como se quede mucho aquí, me saldrá hecha un museo pictórico, con el tema de que su "novio" es tatuador. También quiere otro en el tobillo. A mí sólo pensar en la aguja me da escalofríos, aunque me encantaría tener una Betty Boop tatuada en el cachete... oculto. En el culete, vamos. Así, no he de verlo cada día ni mostrarlo si llevo tirantes. De momento, me conformo con los tatuajes falsos que Lucy y yo compramos en las tiendas de hippies y que duran poco más de una semana. Son como los Transfers o las "calcomanías" de cuando éramos niños. Se colocan sobre la piel, les pasas un trapo o esponja con agua caliente, retiras el papel y.... voilá... tatuaje nuevo cada semana en diferentes partes del cuerpo, jejejeje. Indoloro, y no da tiempo a cansarte.
Lucy también ha venido, y Francesca, aunque esta última debía marcharse pronto -tenía babysitting-, pero nos hemos puesto hasta el culo de queso, butifarra, aceitunas, choricito y jamón. La pena ha sido que no pudimos encontrar pan-pan, no esa cosa cortada en rodajas, ese pan "procesado", que gracias a Dios sabe a pan y no a bimbo o panrico, con ese regustillo dulce tan asqueroso.
Aun así, Kathy nos ha salvado: nos ha horneado ella misma pan. Estaba un poco reseco, pero era mejor para el tapeo que lo que se podía comprar aquí. También teníamos picos yeyé, cortesía de la familia de Rebeca y unas morcillitas y pimientos fritos.
He abierto las dos botellas de champán, pero para entonces Francesca ya se había ido, así como la familia de Rebeca y ésta, así que nos las hemos bebido entre Kevin, Lucy y yo. Hasta hemos puesto unas rumbitas y nos hemos arrancado a bailar! (bueno, Lucy y yo, que aunque Lucy sea francesa, también le va la cosilla), y nos hemos reído por nuestro poco compás, jajajaja) Creo que a Kev se le ha subido un poco el champán a la cabeza. Cuando Lucy se marchó, él aún se quedó una hora más. La niña se había ido arriba a jugar con Janet y Billy y al menos hemos podido estar un ratillo solos.
Luego me ha acompañado a casa de Marta, donde se celebraba la pequeña fiesta, que ya estaba en su apogeo. Lucy ya se había marchado a Termight. Aún así, me he alegrado de ver a Berta y Marta (conmigo en la foto, con mi recién recuperado rubio discreto).

De ahí nos hemos marchado a Termights a encontrarnos con Lucy. Al llegar, la hemos visto bailando en la pista prácticamente sola, alguna canción Grunge que no es de mi gusto. Lo cierto es que Termight Klub no me gusta demasiado, pero es a donde van todas y no me queda más remedio que ir o recogerme tempranito, qué se le va a hacer. Supongo que realmente la diferencia en edad se nota. Aunque Francesca tiene unos pocos años menos que yo y tampoco le gusta este tipo de música.
Me he acercado a Lucy a ver si estaba bien y me ha mirado con ojos que dicen que ha bebido un pelín de más y me ha echado los brazos al cuello y me ha besado efusivamente... en la boca. Un beso a tornillo, con lengua hasta la garganta, y yo me he quedado paralizada en el sitio. Habría tenido que responder al beso aunque no quisiera o pegarle tal empellón que con la borrachera que llevaba se habría caído al suelo.
Lucy es mi amiga y la quiero mucho. Muchísimo. Es una niña muy dulce, pero por muy dulce que sea, ni el mejor de sus besos me va a hacer que me guste este juego que se ha puesto tan de moda entre ellas últimamente. Pero he de reconocer que besa bien, la jodía, ¡qué puedo decir!
Como su primer movimiento fue abrazarme, yo la tenía rodeada a media espalda, así que le di dos leves golpecitos en el costado para que me soltara y cuando lo hizo, me fui a pedirme algo de beber.
Un baboso lujurioso y morboso vino a molestar, cómo no, con un comentario que seguramente pensó era bastate mordaz:
-"Te he visto morrearte con Lucy, ¿qué, te ha gustado?"
-Mucho más que si me hubieras besado tú, eso puedo asegurártelo -le he respondido.
Hemos estado un rato mas allí, cuidando de Lucy, se puede decir, de que no se le acercara el personal equivocado o acabara tirada en un rincón. Prácticamente la hemos sacado de allí al final de la noche y la hemos metido en un taxi.
Sé lo que va a suceder mañana... O no recordará nada... o se me va a morir de vergüenza, jajajaja.

9 may. 2009

Viernes 6 de Marzo de 1998: Cosas que no me gustan

Hay cosas que no me gustan. Como a todos. Cosas que me parecen intolerables y cosas que soporto porque me considero bastante tolerante. Y hay otras cosas que no van conmigo.
Pongamos por ejemplo las drogas. Ni las tolero, ni las acepto, ni hago ojos ciegos. Si alguno de mis amigos se implica, trato de detenerlo aunque haya que utilizar la fuerza. Afortunadamente nunca ha sucedido, y aunque yo misma he tenido mis escarceos con el hachís y la marihuana, no es algo que tome a diario ni que mucho menos me vaya a producir una adicción. Lo que no soportaría serían otro tipo de drogas duras y químicas.
¿Que a qué viene ésto? A la actitud de Rebeca, por ejemplo. Sé que toma tripis. Y sé quién se los procura, ese motorista tatuador llamado Zocks con el que está liada. El y sus amigos. Pero lo de Rebeca es una historia rocambolesca, cuanto menos. Está loca por él, aunque yo no le veo la guapura por ninguna parte. Tiene cara de gitano zíngaro motorizado, con su pelo largo negro recogido en coleta y su mostachito y barbita de chivo. Vive en Raheen, compartiendo piso con Val, que es lesbiana y le ha tirado los tejos a Rebeca, y con otro chico, Jack.
Y Rebeca se lo está montando con los tres. No sé si amparada por las pastillitas que amenaza con echarme en la cerveza cada vez que le doy el sermón, o simplemente porque está más loca que una cabra. Me cae bien, es mi amiga, pero hay locuras y locuras. No creo que esté tomando protección alguna y no comprende el tremendo riesgo sexual al que se está exponiendo. Parece ser que la otra noche bajó a la cocina a por un vaso de agua y Jack estaba en el sofa de la salita. Ella, aún a sabiendas de que en la casa vive otra gente, bajó sólo en bragas, y cuando Jack le dedicó un comentario mordaz y un silbido, allá que se lo montaron en el sofá. En estas que llega Val, los mira, sonríe y se calla.
A la mañana siguiente arrincona a Rebeca en la cocina y le dice que tiene un culo muy bonito, se lo toca y la otra se deja. Dice que no han ido más allá del toqueteo "porque le pareció divertido en el momento", y no se da cuenta de que está jugando con fuego. Si Zock se entera de que se la está pegando con su amigo y compañero de piso, no creo que sea de los que se quedan quietos, aún cuando Rebeca para él probablemente no sea más que otra muesca en el poste de la cama.
Y luego está la actitud general que Rebeca ha traído al grupo. Si ya a veces me he sentido rodeada de infantes por las conversacines juveniles o por temas de esto o aquello, las bromitas de Rebeca de besuqueo en los morros con las otras ya me saca de quicio. A ver, que no me escandaliza ni mucho menos que se den piquitos de broma para soliviantar al personal (para alegría de los machitos presentes, claro), pero una cosa es una broma y otra darse un muerdo con lengua en medio del bar como norma regular, para regodeo de todos. Luego nos llevamos la fama que nos llevamos. Y así, esta noche hicieron la vuelta de la tabla redonda, dándose un pico de unas a otras. Francesca y yo nos negamos rotundamente a participar del juego y lo dejamos bien clarito. Lo que hagan ellas es asunto suyo, pero están perjudicando la imagen de todas. En Quins ya hablan de "las españolas".
En fin, cada loco con su tema.
Ana se ha ido. Mientras yo estaba de vacaciones, le dio uno de esos sirocos que le dan y se cogió el primer avión disponible a Asturias. No ha dejado dirección alguna ni teléfono y supongo que jamás sabremos nada de ella. Por lo que me dice Lucy, simplemente se levantó una mañana, dijo que no estaba feliz, que ya estaba cansada de Limerick, hizo las maletas y se fue, dejando a la familia más colgada que una lámpara.
Marta se ha ido de la casa donde era Au Pair también, pero eso era ya la cronica de una muerte anunciada. Al menos ella se buscó un trabajo, en la fábrica de Dell, y un piso, y avisó a la familia con tiempo. Se quiere quedar aquí trabajando hasta el verano. De hecho mañana es su cumpleaños, de modo que el grupo se ha dividido. Lucy, Francesca y Rebeca vendrán al mío. Rebeca tiene aquí a su madre y su hermana de visita, así que luego se va con ellas, y yo me iré para casa de Marta a seguir celebrándolo allí. Se ha alquilado una casita en Wolf Tone St con una chica vasca que trabaja en el aeropuerto.
Así que las cosas van cambiando. Gente que llega, gente que se va. Supongo que es ley de vida, y que llegará el momento en que yo también recoja los bártulos, quedándome aquí o volviéndome a España, lo que sea. Pero espero que no tenga que volver. ¿Para qué? Allí no hay nada para mí, aquí tengo libertad, intimidad y un nuevo mundo abierto ante mí.
No reniego de mi patria, que es la mía, pero allí también hay muchas cosas que, simplemente, no me gustan.

7 may. 2009

Jueves 5 de Marzo de 1998: Mi cumpleaños

Hoy ha sido mi cumpleaños. Veintiocho ya. Hace tres años, mientras dejaba la ciudad que había sido como la mía durante las últimas seis primaveras de mi vida en la Costa Brava, veía el futuro como algo incierto y oscuro. Hoy sigue siendo incierto, pero no tan oscuro, aunque nunca fui de vivir arropada bajo una mosquitera creyendo que al otro lado del tul todo era de color de rosa.
Le vida es dura. Pero hay pequeñas cosas en ella que hacen que merezca la pena levantarse por las mañanas. En mi caso, se llama curiosidad. Quiero saber qué sucerderá mañana, bueno o malo. Bajo la tapa de un ataúd sólo ocurren dos cosas: el olvido y la putrefacción.
Hace tres años, mientras un avión -mi primer avión en la vida- me llevaba a lo que llaman las Islas Afortunadas -para mi infortunio-, muchas veces estuve a punto de flaquear en el camino, de tirar la toalla y sacar de la bolsita el plan B. Pero la curiosidad me pudo.
Nadie había dado dos pesetas por mí, pero aquí estoy. No sé si vencedora o vencida, pero ésta es mi aventura, es mi camino, y lo voy a rellenar como me venga en gana, le guste a quien le guste.
Vaya, parece que me levanté filosófica. Y lo cierto es que me levanté muerta de sueño. Los niños y Kathy irrumpieron en mi cuarto y en mi trance a eso de las ocho de la mañana. Billy y Janet estaban tan excitados como si se hubieran lamido Azucarera Española y un camión de Coca-Cola y querían darme sus regalos antes de marcharse a la escuela, así que entre legañas y sin las lentillas -sin las que no veo tres en un burro-, he aceptado sus tarjetas, sus paquetitos cuidadosamente envueltos en papeles de colores y lacitos y sus besos apabullantes.
Los niños me han regalado un broche de oro y plata con unas circonitas, precioso, y Kathy una pulsera de oro y unos productos de baño. Después se han ido y yo me he vuelto a dormir hasta las once.

El día ha sido de lo más normal, charloteo con Lucy por teléfono para asegurarme de que vendrá a la fiesta que celebraré aquí el sábado por la tarde (y a la que vendrá Kev con su niña), y han llamado mis padres para felicitarme. Y Kevin, claro.

Por la noche, antes de cenar preparé unas tapitas con el embutido que traje de casa. La niña no le ha hecho ascos al jamón, de hecho estos días la he pillado un par de veces metiendo mano en la nevera y prácticamente engullendo loncha tras loncha, así que he tenido que pararle los pies y decirle que por el amor de Dios deje algo para la fiesta. Es una lima. Del chorizo también ha dado buena cuenta, pero la butifarra está ahí muerta de risa. A la abuela sí le ha gustado, pero dice que ha de cuidarse el colesterol.

De las tres botellas de champan que traje, decidí abrir una para compartir con Henry y Kathy. Lo que no imaginé es que fueran a invitar también a los críos, que si me descuido, vacían la botella... y las dos que tenía para el Sábado. O sea, a Kathy le llama la atención cuando le digo que a mí en casa me han dejado beber desde pequeña, un vasito diminuto de vino los Domingos y alguna cervecita. Algún licor por Navidad. Según fui creciendo, el vasito se convirtió en vaso y el culín de cerveza en botellín, pero jamás tuve que salir a escondidas y beber a la espalda de mis padres como alguna de mis amigas. Y por otra parte, casi toda la gente que conozco, se ha criado viendo un consumo moderado de bebida que "acompaña a la comida" en casa, mientras aquí en Irlanda, muchos son los niños que ven, sobre todo lo que dura el fin de semana, a sus padres cayéndose de los taburetes de los bares. Yo a mi padre nunca lo he visto borracho, ni siquiera en Navidad. A mi madre un par de veces en Nochevieja, sobre todo cuando se hacía un mano a mano con su prima la coja, al que no tardaría en sumarme yo cuando ya tuve edad. Pero eso, es una vez al año, en casa, y no por costumbre, ni cada fin de semana, ni en un lugar público. Hombre, he visto así a mi abuelo, pero mi abuelo no era borracho: era alcohólico. De pura cepa.

Ahora, de ahí a darles champan a niños que no están acostumbrados ni a los excipientes de la Coca-cola (no tienen minerales en casa, sólo agua o leche para comer), pues no me parece normal, y mucho menos un día entre semana cuando mañana han de ir al colegio. Claro que si no les sentó mal el cañonazo de chuches que se ventilaron la otra noche, no creo que esto les produzca cirrosis. Tienen el estómago reforzado. Eso sí, media hora después eran dos macacos insoportables cayéndose de la risa y saltando de sofá en sofá.

Nana me ha regalado dos paquetes de tabaco y una tarjeta. Y Nancy me ha traído chocolatinas. Me ha dicho algo muy largo, pero creo que se ha olvidado la dentadura y no la he entendido. Qué cojones, a Nancy jamás la entiendo cuando habla. Dudo mucho que la misma Nana la entienda.

Mis tarjetas

5 may. 2009

Lunes 2 de Marzo de 1998: El regreso

Ya de vuelta en Limerick, después de dos semanas en Cádiz disfrutando de los Carnavales.
¿Qué decir? Me he divertido desde el momento en que aterricé en el Aeropuerto de Sevilla y allí estaban todos mis amigos esperándome, ataviados con camisetas naranja butano que decía "Autopista Ya!". Me han tirado una camiseta al rostro para que me la pusiera (Somos Team Naranja) y los vigilantes no nos quitaban la vista de encima en caso de que fuéramos parte de una manifestació0n o algo. Esto, naturalmente, después de hacer nuestro "fotos no" como si fuera una estrella recién llegada de Hollywood, que es lo que me siento al ser recibida por Gaby, Javi, Mª Carmen, Jesús, Vane y Jose. Esta noche lo celebraremos en el taller como se merece.
Me he quedado en casa de mis abuelos, por razones obvias. Si mi madre se piensa que vengo de vacaciones para estar sometida a sus horarios y hacerle de chacha estaba muy equivocada. Así, cuanto menos los veo, menos peleamos.
En cuanto a los Carnavales, ¿Qué contar? He salido en la carroza de Asacar... he bailado con el grupo en el pasacalles del segundo sábado... he pasado las noches en el puesto de chuches que se han abierto en La Viña Jesus y Mª Carmen, y así, al otro lado de la calle del Manteca y justo al lado del escenario, me he empapado de cada actuación. He ido al Ayuntamiento a la recepción de la pregonera, Paz Padilla, a quien hacía tiempo que no veía. Fui al Pregón, claro. Ha sido un gusto también volver a ver a Silvia, la Diosa del Carnaval del año pasado, que es bien maja.
Ver a tantos amigos, disfrutar con ellos cada día, pasearme por la Carpa y por las calles empedradas y llenas de esa mezcla de orines y pepelillos que caracteriza estas fiestas. Me da miedo no saber dónde estaré el año próximo, si podré ir al Carnaval, si ya habrá concluido mi aventura en Irlanda, si seguiré aquí y dónde, cómo... Tantas incertidumbres...
Me he venido cargada. He traído comida para celebrar mi cumpleaños, que aunque es el Jueves, lo celebraré aquí en casa el sábado por la tarde con la peña. Traje jamón, chorizo, queso curado, butifarra catalana, aceitunas y botellas, muchas botellas. No sé cómo me las he apañado en las dos maletas (o mejor dicho bolsas de deporte), que me he traído tres botellas de Freixenet, una de vino fino para Kathy y Henry, dos de vodka y una de Ponche Caballero.
Les traje chucherías a los niños, dos bolsas preparadas con gominolas y nubes y regaliz, que se han zampado en un par de horas ante la mirada impasible de la madre. Si mañana tienen diarrea o vómitos, no seré yo la que ande limpiando por los rincones! Por Dios, qué niños más brutos! Que las bolsas eran enormes y con chucherías suficientes para toda la semana... Es que no tienen medición, y la culpa la tiene su mami por no controlarles.
Les he enseñado el embutido y han ido enseguida a olerlo como perros. Qué manía tienen aquí de olerlo todo, olfatearlo con curiosidad antes de probarlo. La butifarra se la había traído para ellos pero mucho me temo que no se la coman, la han mirado con cierto asco, y el jamón me ha preguntado Kathy si hay que ponerlo en el grill. Cuando le he dicho que ya está listo para comer, que está curado, ha torcido el morro.
¡Qué poco paladar tienen, por Dios!