25 abr. 2009

Sábado 7 de Febrero de 1998: Estoy Ploff

He estado desganada, sin fuerzas para escribir. Simplemente no me apetecía. He pasado mis horas tumbada en el sofá frente a la chimenea, mirando la tele sin ver nada, acurrucada bajo una mantita y fumando cigarrillos. Leyendo un libro que me ha dejado Rebecca, Los Pilares de la Tierra. Y no he podido abandonarlo.
Y por otra parte, mi vida personal tampoco ha ayudado mucho a querer ponerme a vaciar el contenido de un alma casi en pena.
Remontándome a lo que escribí la última vez, decir que el sábado que Kevin prometió venir, no lo hizo. Bueno, si que vino, pero muy brevemente, a las ocho de la tarde para decirme que no podría volver esa noche (al menos ha venido y no se ha limitado a llamarme por teléfono, quizá porque habría dudado de su palabra). El motivo es que se ha pillado un virus estomacal y media gripe. Tenía una aspecto malísimo, la verdad. Tan enfermizo que me ha enternecido que decidiera abandonar la cama para venir en la moto a decírmelo. Yo no habría hecho lo mismo por él. Apenas estuvo aquí cinco minutos, pero menos es nada.
Y esta noche le espero sobre las 9:30, como siempre. Dos semanas apenas sin verle, aunque hemos hablado por teléfono.
Pero esta semana ha resultado larga, tediosa, y en cierto modo horrible. El Lunes me llamó mi hermana. Me preguntó si había recibido la carta en la que mi madre me comunicaba la muerte de mi abuelo y la operación de mi padre. Le dije que sí, y que había llamado a casa y hablado con nuestra madre, pero ni se lo habían dicho.
Parece ser que el cáncer de mi padre no es tan leve como supuse o como mi madre quiso hacer parecer, se trata de un tumor maligno y hasta que no abran y vean la extensión, no sabrán si se puede hacer algo o no. Sospechan que se haya extendido al abdómen y si es así, no hay nada que hacer.
He llorado. Por él. Por mí. Por una relación que nunca cuajó y por, una vez más, no saber lo que siento por papá. Aunque no le deseo la muerte, he tratado de sentarme a recordar buenos momentos pasados juntos y no hallo ninguno. Es triste, es patético, pero es la verdad. Es como un agujero negro en la relación paterno-filial y no puedo pretender que no exista. Siempre ha sido duro conmigo, grosero y malconsiderado. Pero no voy a volver a hablar de esto. No deseo ser cansina.
Yo que estaba tan contenta por ir a Cádiz el próximo 16 y ahora me encuentro con estos problemas. No lo digo desde un punto de vista egoísta, pero voy para quince días, y al fin y al cabo, aquí estoy trabajando, aunque mis padres parecen pensar que estoy de vacaciones pagadas y que Kathy y su marido me dan alojamiento, comida y dinero por rascarme el ombligo. Y para mí, precisamente, lo que mayor estrés me produce es ir al parque y sentarme en un banco mientras estos dos juegan. Y es que hace un frío de cojones, y mientras ellos retozan en la hierba y corren por los senderos de asfalto que concurren a lo largo del césped, a mí no me queda más remedio que ponerme dos pares de guantes y medio armario bajo el abrigo.
De modo que ahora no sé cómo mirar al futuro más inmediato. El prospecto de quince días de juerga y carnaval a mi aire cada vez parece más lejano. Mi madre va a aprovechar cada minuto de mi estancia para hacerme ver lo infeliz que es, lo mucho que sufre y lo mal que lo está pasando, pero todo esto sin contar un minuto con que, al final del día, la verdadera víctima aquí es mi padre y no ella. Pero a quien señalarán con el dedo y llamarán egoísta, será a mí.
Así da gusto ir a eso que algunos llaman "el hogar".

7 pataletas:

CGR dijo...

Se te hará largo el tiempo hasta que te vayas a Cádiz sobre todo estando de bajón pero ¡ánimo! Seguro que las Carnavales fueron la traca ¿nos lo contarás? jejejejej

BLAS dijo...

A ver si llega el Kevin y te levanta los ánimos, porque estás fatal... Cuando yo he esperado encontrarme ese tipo de panoramas por Cádiz (aunque sin duda, no tan graves), por lo general suelo coger un virus, o se me casa alguna amiga, de modo que me es imposible ir... Prefiero seguir con mi rutina que romperla a guantazos, sinceramente...

cloti dijo...

Ay Sarah qué penita me da leer estas cosas. Dejan muy claro que no has tenido una infancia feliz, de otro modo no podrías tener esos sentimientos hacias tus padres. Ha sufrido mucho, wapa.
Bsssssssssss
Cloti

chema dijo...

siento lo mal que lo pasaste esos días, y que además kevin estuviera indispuesto... las relaciones con la familia a veces son muy complicadas.
por cierto, los niños como corren y saltan, entran enseguida en calor, pero tú sentada en un banco vigilándoles, te imagino muerta de frío, pobre...

Lar dijo...

Joé... Estoy de acuerdo con Cloti... que penita me da... ya nos seguirás contando... Bsazos

Bulma dijo...

Pues sí, menuda pena. A mí me pasa a veces cuando pienso que tengo que ir a ver a mi familia paterna. Los quiero horrores pero acostumbrada a desplantes y similares (la primera persona que se acordó de avisarme de que la operación de mi abuela había ido bien fue a las ocho de la noche del día de la operación, por ejemplo. Menos mal que ya había llamado yo a las doce *ejem*) te da pereza y lo ves más una obligación que un placer (lo que debería ser, supongo). Pero como dice Cloti, estos sentimientos son fruto de lo que ha pasado antes. y aunque no te parezcan normales (para el canon, claro) son los que son por las circunstancias.

En fin, en todas las casas cuecen habas.

Bulma dijo...

¡Se me olvidaba!

Qué majo el Kevin, chica. Iba a hacer yo lo mismo por él... (lo mío, llamada teléfonica en plan "be buedo mucho" y si tengo la neurona operativa ^^U)