30 abr. 2009

Domingo 15 de Febrero de 1998: ¡Desastre!

Una quiere volver a casa monísima de la muerte, con el pelo recién arregladito en la peluquería, con ropa nueva, con miles de historias felices que contar, más delgada, más morena... ¡Estupendísima! Y aunque ya el moreno de las sesiones de rayos uva que me di gracias al vale-regalo de Navidad de Kathy se va diluyendo bajo el inexistente sol de Irlanda, decidí ir a arreglarme el pelo, que las entradas ya delataban que no soy rubia natural, y el castaño oscuro resurgía ya como el moho en los rincones.
Así que Kathy me dijo que ayer Sábado me pasara por la pelu a eso de las 11, que me íban a dejar como "un pincel".
Y como un pincel me han dejao. Talmente. Un pincel metido en lejía toda la noche. Yo le dije que quería el pelo bien rubio, pero coño.... ¡no tanto! He llegado a la conclusión de que secretamente no debo gustarle mucho, porque una faenita así no se le hace a tu Au Pair, por el amor del leprechaun...
Para inmortalizar el "detalle", hoy hemos bajado al People's Park, al ladito de casa, Lucy, Ana y yo. De ahí el careto de circunstancias, porque eso sí, en cuanto aterrice en Sevilla me voy directa a la peluquería más cercana, aunque sea una canina. Pero que me arreglen el estropicio!!!! Esta foto pasará a la posteridad, ciertamente. Si no fuera por el gorro, bajo el que me escondo el pelo al salir de casa...
Lucía una cosa extraña y amarilla ahí sobre nuestras cabezas, en un trozo azul de algo cuyo nombre no hemos podido recordar... tanto hace que no asomaba sus dignas narices por el pueblo...
Así que hemos aprovechado para sacar unas fotos bajo tan bonita e inusual luz de la Iglesia de Saint Michael's al otro lado del parque

Y en fin, de esa guisa llegaré mañana a casa. Yo que quería estar más guapa. Coñe, milagros no, ya lo sé, pero al menos ir un poco presentable, que ya me imagino la reacción de m madre... que pa esto no hacía falta irme tan lejos... Al menos me ha quedado algo en claro y es que no dejaré nunca más que me toque el pelo así acabe pareciéndome a Mónica Naranjo en sus peores días...

¡Mala madre! ¡Te odio!

29 abr. 2009

Jueves 12 de Febrero de 1998: Nana

Kathy se había cogido hoy el día libre, de modo que no he tenido que trabajar. ¡Qué alegría da, después de la noche de copeteo en Baker Place no tener que levantarme a recoger a ningún niño de la guardería! ¡Qué gusto poder quedarme en la cama en silencio porque los niños están en el colegio y hacer lo que me da la real gana!
Que pocas veces he apreciado el silencio y los momentos exclusivamente míos.
Después de holgazanear media mañana, me he reunido en el centro con Rebecca, Berta y Marta.
El fascinante mundo semanal de la Au Pair. Si no fuera por Kev, mi vida sería de muerte. De cementerio, vamos.
A la hora de recoger a los niños del colegio me he visto con Lucy. Nada especial. Window Shopping, parque e incursión rápida a la librería Easons donde he comprado un libro sobre hadas. Me encanta la mitología y ésta es la mejor tierra para aprenderla. Hay tantas leyendas, cuentos e historias que a veces da pena saber que no habrá tiempo suficiente en la vida para leer todo lo publicado.
Al llegar a casa, Nancy ya estaba roncando en el salón. Ha abierto un ojo reticentemente y me ha dicho que me ha traído chocolatinas. Como cada jueves, día de paga. He encontrado a Nana rara. Ha musitado algo casi incomprensible, tiene los ojos rojos y juraría que la dentadura ha estado a punto de caPrsele de la boca pero no sabía lo que era. Creo ue ha estado llorando. Se levantó de su perenne sillón gris que casi tiene hecha la forma de su rotundo cuerpo y se fue a su habitación.
Cinco minutos después ha llegado Kathy con los niños y me ha preguntado si he visto a Nana. Le dije que estaba en su dormitorio y se ha encerrado durante algo más de veinte minutos a hablar con ella. Cuando he bajado a la cocina a preparar una taza de té para Nancy, he oído voces airadas. Al subir con el té, salía Kathy de la habitación. Me ha llevado aparte y me ha dicho que Nana estaba bebiendo. Me he quedado de piedra, y tras dejar el té con Nancy, hemos bajado a hablar fuera del alcance de los oídos de Janet y Billy.
Me ha preguntado si en los últimos días la he visto ir y venir a su dormitorio, pero lo cierto es que no he visto nada fuera de lo habitual. Nana va y viene como le sale de la faja, nunca he sido del tipo portera y esta es su casa, por lo que no es asunto mío si baja a la cocina, si va regularmente al baño o si pasa horas en su cuarto.
Me cuenta que hoy es el aniversario de la muerte de su marido y cada año lo pasa mal y enjuaga las penas con una botella de Scotch. Y le he dicho que a su edad, con 74 años, con la salud como una rosa -sólo usa un bastón porque hace poco menos de un año que la operaron de la cadera y aún cojea-, me parece que tiene todo el derecho del mundo a emborracharse si no es una cosa habitual y diaria. Que ni me consta haberla visto jamás ni borracha, ni patosa, ni dormida a deshoras, ni fuera de tono.
A Kathy le hace gracia que me lo tome de este modo, creo que estaba un poco avergonzada al tener que decírmelo, pero le he asegurado que, después de pasar mi infancia viendo a mi abuelo beber hasta caerse, y haber convivido con un experto en vaciar vasos, Nana se merece todo mi apoyo y respeto.
Te pasas la adolescencia bebiendo a escondidas para que no te pillen tus padres, y la edad adulta tratando de moderarte. Si a los 74 años no puedes hacer lo que te salga del pinganillo, ¿qué sentido tiene la vida?
Y luego, se ha sentido avergonzada de haber sido tan dura con Nana.

26 abr. 2009

Martes 10 de Febrero de 1998: Mi no entender

Aprender un idioma no es tarea fácil, sobre todo cuando lo haces sobre la marcha y con la experiencia del día a día. Gracias a Dios siempre tuve facilidad para las lenguas. Aquí he aprendido en minutos lo que en ningún sitio en España se enseña apropiadamente a no ser que tengas profesores nativos: FO-NE-TI-CA real, pronunciación pura y dura, y si no, te arriesgas a que no te entienda ni tu puñetera madre.
Aprendí a vocalizar mejor y a pronunciar y diferenciar entre palabras que suenan casi igual, el primer día que pregunté a Kathy si me podía dar sábanas limpias para cambiar la cama. Y se descojonó viva allí mismo y me dijo que le acababa de pedir mierda limpia (sábana = sheet; mierda = shit).
También he tenido percances entre mis zapatillas y mi ropa interior, por la similitud de las palabras (zapatillas = sneakers; bragas = kneackers). Un error lo puede tener cualquiera.
Y también he aprendido a pronunciar diferencialmente:
-chip (patata frita)
-ship (barco)
-sheep (oveja)
-cheap (barato)
Y he aprendido palabras nuevas de uso ordinario, como fuck you, fuck this, fucking this or that, holy-fucking-mary, oh fuck! y cualquier varación de tan versátil verbo.
Y luego están las expresiones hechas, algunas de las cuales no entiendo. Por ejemplo, cuando algo no me sale acorde con el plan, Kathy me dice:
-You can't have your cake and eat it (No puedes tener tu pastel y comértelo).
¿Alguien me puede decir para qué coño, si no, querría yo un pastel? ¿Para mirarlo? ¿Para dejar que se pase de fecha? ¿Para qué?
¡Me lo expliquen!

25 abr. 2009

Lunes 9 de Febrero de 1998: La esponja


¡Qué gente más guarra!
¡Pero guarra!
¡Guarrísima!
Porque de otro modo, no me puedo explicar lo que ha pasado... coño, que no es que sean gente pudiente, que son una familia normal y corriente, pero no hay que recurrir a estas maniobras para ahorrarte setenta céntimos, o, como me ha dicho, ¡Por lástima...!
Comenzaré por el principio, porque después de esta desmesurada diatriba me doy cuenta de que he empezado un poco la casa por el tejado...
El cuarto de baño lo uso yo casi en exclusiva. Sé que lo utiliza también John, el señor que vive arriba, pero llega por la noche, como dicen en España, "ya meao, cagao y de to", porque va directo a su cuarto y no sale hasta la mañana siguiente, se ducha y se marcha. Al menos éste se ducha a diario.
El caso es que yo al principio, como no me fiaba, comprobaba que no había usado mi esponja, no fuese a ser... y no, nada que temer. Pero nunca se sabe.
La ducha se encuentra a la izquierda según se entra de frente en el baño, que es alargado. Junto a la puerta, en línea con ésta, está el lavabo, con una encimera de mármol blanco y un mueble vacío debajo que ahora ya no está vacío, pues ahí guardo mis toallas y todas mis cremas, potingues y perfumes. En la pared de la izquierda está el bidet, delante del lavabo, y al frente, la taza del water a la izquierda y la placa de ducha a la derecha, a continuación de la ventana. Abres la puerta de cristal y enfrente está el aparato de ducha eléctrico, donde regulas la temperatura y el agua fría/caliente. Hay una repisa donde tengo mi champú/gel/acondicionador, y la esponja generalmente, después de enjuagarla la dejo sobre el aparato de ducha. Y siempre que voy a usarla, está seca, señal inequívoca de que nadie la usó desde que yo lo hice.
Pero el viernes por la mañana me encontré la esponja en la repisa, empapada. Y con restos de jabón. Sé que John no había sido, y sé que Kathy a veces usa la ducha si tiene prisa o ha de ducharse antes del jueves por "algún" motivo. Quizá ayer no se bañó y hoy decidió darse un lavado rapidito. Así que tal cual entré, me volví a envolver en mi albornoz, tiré la esponja a la papelera del baño, me vestí y me fui al Pound Shop, donde por 70 peniques me he comprado un paquete de 10 esponjas en la sección de artículos para bebés. Con esto me he vuelto a casa, he guardado el paquete en el mueble del lavabo y he sacado una esponja, que he usado y enjuagado y vuelto a guardar en el interior del mueble.
Me pareció simplemente, como dicen aquí, disgusting. Me sentí completamente ultrajada. En casa usábamos manopla. Y jamás he comapartido manopla con nadie de mi familia. Había una en el lavabo, pero nunca me he lavado la cara con jabón, sólo con agua limpia. No he padecido acné, ni he tenido granos ni sé lo que es tener que reventarse un montículo asqueroso de pus. Y creo que el secreto de mi buen cutis ha sido no tener que restaurarme la cara con capas de "base" de maquillaje, que nunca he sabido muy bien por qué lo llaman base si algunas mujeres cuando acaban de aplicárselo ya no se pueden poner encima ninguna capa de nada más... En fin, que me desvío del tema: En casa usábamos manoplas, y aparte de la que colgaba siempre del lavabo, en el baño cada uno cogíamos una diferente. Y es mi propia familia. Así que no comprendo cómo alguien que no tiene lazos sanguíneos conmigo, no tiene ningún problema en utilizar algo que uso para lavar cada rincón de mi cuerpo. Y si esto ya de por sí, me jodió bastante, al menos tuvo solución. Tiré el objeto ofensivo y me olvidé de él.

Pero lo de esta mañana no tiene nombre. Como cada Lunes, Kathy limpia la casa de arriba a abajo, por lo que la papelera, de no llenarse completamente antes en la semana, se vacía el lunes. Y vacía la he encontrado. Lo que no esperaba encontrarme era la esponja de vuelta en la estantería de la ducha, así que la he cogido y la he llevado a la cocina y le he preguntado a Kathy si había sido ella la que la había puesto de vuelta en la ducha o habían sido los niños jugando.
Y me ha dicho con toda tranquilidad, que la ha visto en la papelera y le ha extrañado, porque está nueva y es tal... desperdicio. DES-PER-DI-CIO. Esto lo dice la mujer que tira kilos y kilos de comida a la semana porque no comen nada cocinado el día anterior...
Me ha preguntado por qué la he tirado, y al no saber con exactitud si alguien la ha utilizado o no, o quién, me ha dado vergüenza decir la verdad y le dije simplemente que tenía por costumbre cambiar mi esponja cada mes... y ésta ya llevaba tiempo. Una mentira como la copa de un pino, porque no la hubiera cambiado hasta que estuviera ya requeteusada y cayéndose a cachos... Y sin más problema me ha dicho:
-"¿Entonces no la quieres? Ah, pues si es así, me la quedo yo".

Ahora comprendo que ha debido ser ella quien la utilizó. Sin duda le ha cogido el gusto (los niños se lavan con una toallita de las de bidet). Porque esa, ay, ésa es otra. Aquí a las toallitas pequeñas les llaman "Face Cloth" (toallas para la cara), y en una ocasión le pregunté a Kathy por qué las llamaban así si son para... otra zona. Y me miró horrorizada. Como si acabara de decir la mayor herejía de la historia. Que no señor. Que esas toallas son para lavarse la cara.
¡Pues espero que haya utilizado la que yo dejo cada noche junto al bidet para lavarse la cara también!

La repugnancia que he sentido ha podido conmigo. Es que me lo cuento a mí misma y no me creo. ¿Cómo? ¿Por qué? Hace un rato, tras lavarme los dientes, me he subido el cepillo a mi cuarto, lo guardaré en mi mesilla a partir de ahora, no sea que se les rompa o gasten el suyo y decidan "compartir" el mío.

¡Qué gente más guarra!
¡Pero guarra!
¡Guarrísima...!

Sábado 7 de Febrero de 1998: Estoy Ploff

He estado desganada, sin fuerzas para escribir. Simplemente no me apetecía. He pasado mis horas tumbada en el sofá frente a la chimenea, mirando la tele sin ver nada, acurrucada bajo una mantita y fumando cigarrillos. Leyendo un libro que me ha dejado Rebecca, Los Pilares de la Tierra. Y no he podido abandonarlo.
Y por otra parte, mi vida personal tampoco ha ayudado mucho a querer ponerme a vaciar el contenido de un alma casi en pena.
Remontándome a lo que escribí la última vez, decir que el sábado que Kevin prometió venir, no lo hizo. Bueno, si que vino, pero muy brevemente, a las ocho de la tarde para decirme que no podría volver esa noche (al menos ha venido y no se ha limitado a llamarme por teléfono, quizá porque habría dudado de su palabra). El motivo es que se ha pillado un virus estomacal y media gripe. Tenía una aspecto malísimo, la verdad. Tan enfermizo que me ha enternecido que decidiera abandonar la cama para venir en la moto a decírmelo. Yo no habría hecho lo mismo por él. Apenas estuvo aquí cinco minutos, pero menos es nada.
Y esta noche le espero sobre las 9:30, como siempre. Dos semanas apenas sin verle, aunque hemos hablado por teléfono.
Pero esta semana ha resultado larga, tediosa, y en cierto modo horrible. El Lunes me llamó mi hermana. Me preguntó si había recibido la carta en la que mi madre me comunicaba la muerte de mi abuelo y la operación de mi padre. Le dije que sí, y que había llamado a casa y hablado con nuestra madre, pero ni se lo habían dicho.
Parece ser que el cáncer de mi padre no es tan leve como supuse o como mi madre quiso hacer parecer, se trata de un tumor maligno y hasta que no abran y vean la extensión, no sabrán si se puede hacer algo o no. Sospechan que se haya extendido al abdómen y si es así, no hay nada que hacer.
He llorado. Por él. Por mí. Por una relación que nunca cuajó y por, una vez más, no saber lo que siento por papá. Aunque no le deseo la muerte, he tratado de sentarme a recordar buenos momentos pasados juntos y no hallo ninguno. Es triste, es patético, pero es la verdad. Es como un agujero negro en la relación paterno-filial y no puedo pretender que no exista. Siempre ha sido duro conmigo, grosero y malconsiderado. Pero no voy a volver a hablar de esto. No deseo ser cansina.
Yo que estaba tan contenta por ir a Cádiz el próximo 16 y ahora me encuentro con estos problemas. No lo digo desde un punto de vista egoísta, pero voy para quince días, y al fin y al cabo, aquí estoy trabajando, aunque mis padres parecen pensar que estoy de vacaciones pagadas y que Kathy y su marido me dan alojamiento, comida y dinero por rascarme el ombligo. Y para mí, precisamente, lo que mayor estrés me produce es ir al parque y sentarme en un banco mientras estos dos juegan. Y es que hace un frío de cojones, y mientras ellos retozan en la hierba y corren por los senderos de asfalto que concurren a lo largo del césped, a mí no me queda más remedio que ponerme dos pares de guantes y medio armario bajo el abrigo.
De modo que ahora no sé cómo mirar al futuro más inmediato. El prospecto de quince días de juerga y carnaval a mi aire cada vez parece más lejano. Mi madre va a aprovechar cada minuto de mi estancia para hacerme ver lo infeliz que es, lo mucho que sufre y lo mal que lo está pasando, pero todo esto sin contar un minuto con que, al final del día, la verdadera víctima aquí es mi padre y no ella. Pero a quien señalarán con el dedo y llamarán egoísta, será a mí.
Así da gusto ir a eso que algunos llaman "el hogar".

20 abr. 2009

Domingo 25 de Enero de 1998: El Cumpleaños

Me siento extrañamente feliz. Y no debería, porque en el fondo, no sé dónde acabará esta aventura con un hombre cuyos sentimientos no sé descifrar. Anoche lo pasé de fábula. Me pidió que no le comprase nada por su cumpleaños, pero ya le traeré algo de Cádiz cuando vaya en unas semanas, a él y a su niña.
Si tan sólo pudiera saber qué es lo que en realidad siente por mí, podría no vivir como una yonkie, dependiendo de mi chute semanal a su lado -y no me refiero a lo que nos fumamos-. Pero sé que no puedo presionarlo, que el tiempo que llevamos juntos no es suficiente pero que a la vez la intensidad de lo que siento me dice que esto se me escapa de las manos. Miro sus ojos verdes y noto su calor... hay algo ahí... Pero otras veces no sé lo que veo. Es la persona más indescifrable que he conocido en mucho tiempo. Y como mujer, nunca pierdo la efímera esperanza de poder colarme poquito a poquito en su alma y que algún día albergue algo más que una amistad con derecho a cama hacia mí.
Anoche, no sé si fueron los efluvios alcohólicos, los besos robados a cada instante, que sus manos no se estuvieran quietas, pero acabamos rodando en el suelo de mi habitación de nuevo, como no podía ser de otra manera.
Habíamos salido con dos amigos suyos y una de mis amigas, bebimos bastante, no lo niego. Repetimos el ritual habitual al llegar a casa. Se fue esta mañana, con la promesa de regresar la semana que viene. Temo que algún sábado no vuelva. Temo entrar en Quins y encontrarlo allí cualquier noche y que me esquive como lo hizo Dave. No confío en los hombres de este país. Son todos demasiado parecidos, demasiado huidizos, demasiado empeñados en conservar su independencia y la cama caliente al mismo tiempo.
Anoche, decir que fue cariñoso es quedarme corta. No paraba de abrazarme frente a sus amigos, de besarme como un adolescente enamorado y susurrarme cosillas al oído. Intento decirme que soy una sensiblera enamoradiza, pero es que tampoco soy de piedra. ¿Qué mujer no se derretiría literalmente con un hombre así a su lado, musculoso, atractivo, una máquina en el dormitorio y atento y cariñoso en público...?
Lucy dice que bebe los vientos por mí y no lo quiere reconocer, que los hombres son más débiles en ese departamento que nosotras, y que él ya salió escaldado, y yo me repito... No soy de piedra.

17 abr. 2009

Sabado 24 de Enero de 1998 por la tarde: Llámame Cabiria

Como me prometiera el pasado Miércoles, Kevin vino anoche, con dos vídeos que jamás vimos y bastantes ánimos. Charlamos de esto y de aquello y cuando la ocasión se presentó, le dije que no me había sentado nada bien que hablara con Rebecca de cosas que sólo nos conciernen a los dos, que lamentaba mucho si le habían molestado mis llamadas pero que no fue mi intención comportarme como una lapa. Me ha negado que le dijera tal cosa a Rebecca y ha sido bastante convincente, de modo que no sé si Rebecca me ha mentido o si el que miente es él. Pero si es así, nada de esto tiene sentido. ¿Y por qué querría mentirme Rebecca?
Mientras hablábamos y veíamos la tele (mejor dicho, pretendíamos que la veíamos, porque yo no me enteré de nada, desde luego), me preguntó si quería recostarme contra él y apoyar la cabeza sobre sus rodillas. La sugerencia era tan apetecible que no dudé un segundo en seguir sus instrucciones. Me pasó el brazo sobre los hombros, acariciándome con ternura mientras con la otra mano me atusaba el pelo. El escalofrío que recorrió mi espalda podría haber sido un potente orgasmo, por todo lo que sé. Creo que no hay sensación más sensual a que alguien juguetee con tu pelo, que te masajee suavemente la cabeza, apartando mechones, rozándote la piel de la nuca levemente con cada dedo...
No tardó en inclinarse sobre mí y besarme los labios con infinito cuidado. Pude sentir el latido del corazón dentro de su pecho. O quizá era el mío, que estaba en la boca de mi estómago. Se apartó de mi rostro unos centímetros para preguntarme por qué había esperado a que fuera él quien me besara. Respondí que porque era lo correcto, con una sonrisa que decía que lo podría haber hecho pero no me había dado la gana. Quizá no se le ocurrió pensar que yo habría querido comérmelo a besos desde que atravesó la puerta, saltar sobre él y arrancarle la ropa, pero que el temor a ser rechazada era más fuerte.
¿Qué se suponía que debía hacer cuando apenas cinco días antes me había dicho que amigos nada más? Mejor que me persiga él, que me busque, que sea el que encuentra mi boca y no al revés...
Tras los besos llegó el masaje de sus manos expertas, mientras la ropa formaba un pequeño montículo en un rincón. Echamos los nórdicos al suelo y cuando ya no pudimos contener más el deseo que nuestras manos habían provocado, cuando ya no pudimos esperar más a tenernos, dimos rienda suelta a la más poderosa lujuria que dos seres humanos puedan conjurar. Habría clavado en su piel las uñas que no tengo, mientras una y otra vez su aliento me llevaba lejos de este mundo. Caímos dormidos como siempre, abrazados, delante del rescoldo de las llamas que fueron, para despertar en la mañana gris y volver a entregarnos a esa pasión infinita que parecía envolvernos cada vez que nos veíamos. Le felicité el cumpleaños de la manera que mejor pude. Y confieso que esa noche no dormí demasiado. Mientras el carbón aún estaba cincelado del rojo agonizante que le consume hasta apagarlo, contemplé su rostro. Dios, es que no es guapo, no. Es símplemente un Adonis con un cuerpo tonificado y un acabado perfecto. Nada de lo que quejarme. No me canso de mirarlo, tal vez temiendo que ésta sea la última vez que contemple su perfil en la penumbra.
Ahora voy a arreglarme. Esta noche saldremos con unos amigos suyos a celebrar que cumple los veintisiete. Y supongo que luego... me dará una nueva ración de cariñitos...
Si no tengo la cabeza sobre los hombros, es porque la perdí hace ya mucho tiempo. Y no me interesa encontrarla.

16 abr. 2009

Miércoles 21 de Enero de 1998: Quién persigue a quién

Si antes lo digo, antes sucede. Llevo tres días prácticamente durmiéndome entre lágrimas, echando de menos a Kevin, preguntándome por qué todo ha de acabar siempre en llanto. Ya me había hecho prácticamente a la idea de no verle más, de no oir su masculina voz ni sentir su piel caliente bajo la palma de mis manos.
Y entonces me ha llamado.
Porque, ¡Oh! Este próximo Sábado es su cumpleaños y quiere que salgamos a celebrarlo. ¡Se ha dignado a llamarme! Humm... La cabeza me dice que debería haber declinado la invitación, tal vez decirle que estoy ocupada, que tengo otros planes, que no puedo. Pero a quién vamos a engañar. Luego me pasaría la noche maldiciéndome por ello. Así que le he preguntado a Kathy si puedo salir (en teoría me corresponde babysitting), y lo he cambiado por el Viernes. Y Kevin ha dicho que, en ese caso, vendrá con un par de vídeos el Viernes por la noche a hacerme compañía, si quiero. A fumar unos petas y luego se marchará, porque tiene que trabajar por la mañana. O una subliminal manera de decirme que la invitación es amigable y no incluye sexo.
Pero eso ya lo veremos.

Lunes 19 de Enero de 1998: Confusa

Los hombres son extraños. Muy extraños.
Hoy había quedado para tomar algo con Rebecca y le dije que Kevin y yo ya no éramos un ítem, al parecer. Si él desea espacio, por mí puede tener todo el que quiera, no seré yo quien le detenga, con tal que no se vaya con la caracartón.
Sin embargo, Rebecca me dijo que Kevin le había comentado hace unos días que se ha sentido abrumado porque siempre soy yo quien lo llama para salir. ¡Pero si yo sólo salgo los viernes y algún domingo! (Y nuestros miércoles, sólo chicas, a Baker Place). Claro, lo llamo porque él me dice cuando nos despedimos... "Llámame". Pues vale, no seré yo quien le importune, si éso es lo que quiere.
De pronto me he sentido muy pequeñita y ridícula, como si me hubiera dedicado a llamarle a diario. Confieso que ganas no me faltaban, simplemente por oir su voz. Es muy aburrido estar encerrada todo el día en casa, sin un puto duro, con dos niños alborotadores y dependiendo de las visitas que me hagan Lucy o Francesca o Ana o las tres juntas. Y joder, que se agradecen sus visitas, pero creo que es obvio que prefiero estar con Kev. De aquí a la Habana.
En cierto modo me he sentido ofendida, si la impresión que se ha llevado de mí es de que le persigo o vivo pegada al teléfono para llamarle. Y más me ha ofendido que antes de hablarlo conmigo, se lo haya comentado a Rebecca.
¡Me rindo!

15 abr. 2009

Domingo 18 de Enero de 1998: Conversaciones

Hoy he vuelto a saber lo que es la impotencia. He vuelto a sentirme fuera del círculo. Si cierro los ojos, puedo verme a mí misma como si fuera la protagonista irreal de un serial, contemplándome desde el otro lado de la pantalla.
He llamado a casa, confrontado a mi madre sobre el espinoso tema de la carta y las relaciones de familia. Como si no estuviera escarmentada, cuando yo misma fui "un inconveniente" tras mi vuelta a casa después de la separación. Una simple molestia como una mosca recalcitrante volando alrededor de la cola del caballo. Si puede sentir eso por su propia hija, no es de extrañar que la muerte de mi abuelo paterno haya sido "otro inconveniente".
Según ella, ambos abuelos paternos decidieron morir para fastidiarla. Primero mi abuela, que tuvo la delicadeza de desnucarse en las escaleritas de acceso a su "finca" el día antes del cumpleaños de madre. Y ahora el abuelo, estirando la pata dos días antes de Reyes, que no sé qué le molesta tanto si en casa jamás se celebraron los Reyes. Cuando éramos niñas nos daban los regalos el 25 de Diciembre y una sorpresa el día seis. Ahora que sólo está mi hermana en casa, se dan los presentes sobre las mismas fechas.
Con todo lujo de detalles me ha relatado los pormenores del funeral. Cómo se congregó la gente alrededor del cortejo, cómo siguieron a la comitiva a la iglesia, y una vez allí se dieron cuenta de que estaban en el funeral equivocado. Había corrido la voz de que el muerto era el hermano de mi abuelo, popularmente conocido como el Tio Benito, un hombre campechano y simpaticón al que nunca podré querer lo suficiente. Pero al darse cuenta de que el finiquitado era el seco Fariñas, la congregación comenzó a desperdigarse. Mi abuelo nunca hizo grandes amigos entre el resto de los aldeanos, eso era cierto.
Madre dice que si no me llamó para decirme sobre su muerte es porque al estar tan lejos, no "me corría prisa saberlo", ¿qué iba a hacer yo? Claro que ahora recuerdo que cuando murió mi abuela, yo me encontraba viviendo en Lanzarote y ni siquiera me lo dijeron. Tuve que enterarme cuando llamé a casa la víspera de su cumpleaños para felicitarla y, al no responder nadie en casa las tres veces que lo intenté, llamé a casa de mis abuelos maternos, por si estaban allí de visita o habían salido a cenar. Fue mi abuelo quien me contó que se habían tenido que ir a Galicia corriendo porque la abuela Celia había fallecido. Siempre recibo estas noticias sin anestesia y no es agradable.
En cuanto a la operación de mi padre, aprovechando que no estaba en la misma habitación, me ha confesado que es un cáncer en la vejiga y han de abrirlo para extirpárselo. El no lo sabe, al parecer. Mi madre ha convencido a los médicos para que no le digan nada y él, como cordero al matadero, se piensa que tiene que ver con sus dos anteriores operaciones de hernia. Si algo tengo claro, es que si a mí alguna vez necesitan operarme de cualquier cosa, no quiero que mi madre esté conmigo en el hospital, o acabarán diciéndome que tengo sarampión cuando en realidad me hayan operado de algo malo.
La noticia del cáncer de mi padre me ha dejado algo choff... Por las razones equivocadas. Porque honestamente, no sé qué sentir. En principio, cualquier otra persona se habría rasgado las vestiduras, estaría asustada y llorando, pero mi relación con el digno hijo de su padre nunca fue buena. Desde la infancia. Ha sido un padre duro y despótico, chapado a la antigua y con la mano fácil para el golpe. No es que nos haya matado a palizas a mi hermana o a mí, pero a mí sí que me ha caído alguna. Y no me olvido de la que me llevó a urgencias sólo unos meses antes de venirme, cuando me dejó costado, cadera, muslo y pierna tan llenos de moratones que no pude acudir a mis ensayos de salsa y estuve cojeando algo más de una semana. ¿El motivo? A mis veintisiete años me había atrevido a llegar a casa un domingo a las 7 de la mañana.
Y hay cosas que no se olvidan, que jamás pueden perdonarse. Y por eso, mis sentimientos son del todo conflictivos y comprendidos sólo por mí.
Hoy necesitaba hablar con alguien, y no me refería a Lucy o Rebecca o Ana o Francesca. Necesitaba hablar con alguien más adulto. Aunque tengo confianza con Kathy, no creo que pudiera entender esta relación con mi familia y tampoco sé si me sentiría cómoda con tales confidencias. Necesitaba hablar con Kevin pero no apareció por Quins hasta que estaban cerrando. Nunca me había dado plantón antes. Con sólo mirarle la cara, supe que algo no iba bien. Me dijo que teníamos que hablar y nos fuimos a sentar en una plazoleta cercana al río, no muy lejos del Arthur's Quay Park. Dice que necesita espacio, que le gusto, que me está cogiendo demasiado cariño y eso le da miedo, y no desea comprometerse a ciertos niveles. Que no desea hacerme daño y comprende que a mi edad, algún día, desee tener hijos, y él ya tiene una niña y no quiere tener más. De ninguna manera. Se planta. Y se planta conmigo. Quiere seguir viéndome, de vez en cuando, que quedemos a tomar algo. Que si nos vemos en Quins seamos amigos, podamos hablar sin tirarnos puñales. Le digo que sí a todo. No le cuento nada de mis problemas. De mis sentimientos. De mi vida.
Me deja en la puerta y me da un beso de película. Dice que me quiere muchísimo. Como amigos. Y a mí ya no se me parte más el corazón porque he decidido que no debo tener uno. Soy como la cajita que guardaba la eucaristía en la antigua capilla del colegio de Puntales que se reconvirtió en clase de quinto de EGB: estoy vacía.

Sabado 17 de Enero de 1998: La carta



Recibir carta siempre es una alegría, dicen. Especialmente cuando es tu único contacto con el exterior, con los tuyos, con tus amigos, con tu antiguo mundo. Pero a veces los sobres cargados de letras que trae el cartero no son nada agradables.
Ayer recibí carta de mi madre y no eran buenas noticias precisamente. Mi abuelo el gallego, el padre de mi padre, falleció el día 4 de Enero. Hace más de diez días. Y me lo deja saber así, por carta. Que digo yo que podría haberme llamado ya que me llama para tonterías y para preguntar cómo está el tiempo. Me he tenido que enterar por carta y de la manera mas fría, porque además, a mi madre le ha parecido una solemne marranada que se le ocurriera morirse dos días antes de Reyes, claro, arruinándole las fiestas. Todo esto, claro está, expresado con palabras sobre el papel.
Lo cierto es que no sé qué siento con respecto a la muerte de mi abuelo. Nunca tuve un trato cercano con él, tan sólo le he visto cuatro o cinco veces en mi vida y nunca fue agradable. Era una persona fría, no era un hombre cariñoso, como se supone que debería ser un abuelo. Mi padre es muy parecido a él en ese aspecto, supongo, incapaz de mostrar amor, al menos hacia sus hijas, que digo yo que algo le vería mi madre para casarse con él. Sin embargo, cuando murió mi abuela paterna, sí que lo sentí, y lloré de dolor, y la había visto el mismo número de veces, y es que mi abuela nos comía a besos, nos colmaba de pequeños regalos cuando íbamos de visita y, en general, "era una abuela". Mi abuelo era todo lo contrario. Cabezón con copyright. El hombre que, el día que mi padre le dijo que se quedaba a vivir en Cádiz, entre otras cosas porque había conocido a mi madre y porque estaba cansado de la lluvia de aquel pueblo perdido en los montes de las Rías Baixas, le replicó que si era por eso le compraba un paraguas.
Estoy tan lejos, y me siento tan confusa... Pero estas no eran las únicas noticias de la misiva. A mi padre le han de operar de la vejiga, aunque no me ha dado muchos detalles, sólo que quizá cuando vaya en Carnavales esté ingresado y no pueda recogerme en el aeropuerto. Menuda novedad, tampoco quería que me recogiese. Creo que Jesús María y la tropa irán a recogerme con la furgona. Es mejor así. Con mi padre no tengo mucho que hablar. Nunca lo tuve.
Supongo que mañana llamaré a casa a ver si me cuenta más detalles de lo sucedido a mi abuelo y de la operación de mi padre, porque por carta, ciertamente, a parte de quejarse de lo mucho que sufre y de lo estresada que está, no me ha dado mayor información.
Todo lo que querría en estos momentos es que Kevin estuviera aquí conmigo -tenía a la niña este fin de semana y su madre salía con unas amigas, por lo que ha tenido que quedarse en casa-, y que me abrazara. Sentirme calentita entre sus brazos.
Ya lo hice... Ya me enamoré como una tonta sin remedio. Supongo que soy enamoradiza por naturaleza, pero lo que siento por él no se parece ni por asomo a lo que he sentido por nadie desde que... desde la última vez que me enamoré de verdad.
Con Dave había sido diferente. Me gustaba, pero todo sucedió tan deprisa y el desencanto llegó tan pronto, que jamás me planteé etiquetar aquel sentimiento, fuese lo que fuese. Era una simple atracción animal, supongo. Pero nuca habría llegado a enamorarme de él. Y por cierto... que anoche me encontré a Dave en Quin's.
Estaba sentado con su amigo del alma, Alan, el del mostacho a lo Iñigo. El bar hace forma de "U" al final de la barra y llegaron y se sentaron justo enfrente mía. ¡Con lo grande que es el bar!. Rebecca me dijo que le echara cara al asunto y cuando acabamos nuestras cervezas les pedimos con carantoñas que nos invitaran a una. Y Alan lo hizo. Al final acabamos todos sentados juntos y Rebecca tuvo que marcharse temprano. Se ha echado un rollete, un tatuador, y vino a recogerla en su moto. El tipo da grima verlo, es feo, pero feo, y se llama Zocks. O le llaman así. A ella le gustan "sucios". Además quiere sacarse un tatuaje gatis.
Tuve que quedarme a solas con estos dos, que me dieron palique hasta el final de la noche y me invitaron a otra cervecita más (ay, Santa Heineken, ¿que haría yo sin ti?). Luego me acompañaron a casa. ¿Y qué me dijo Dave? ¡El muy caradura tuvo la poca vergüenza de sugerir que yo le había roto el corazón, máxime cuando le había hablado de Kevin! Y se atrevió a decirlo, además, con toda ironía. Le dije lo que pensaba allí mismo, sin importarme la presencia casi avergonzada de Alan: que era un embustero que me había tomado por gilipollas, que jamás me llamó, desapareció de mi vida sin más, que me había dado un teléfono falso, que nunca existió ni mujer ni niño algunos. Me aseguró que hijos no tenía, pero que sí era cierto que estaba casado. Al segundo lo corrigió a separado, y le di la espalda y subí los tres escalones hasta mi puerta. Me preguntó si podíamos ser amigos. Me ofreció su fría mano. ¿Amigos? Anda y que te zurzan. Entré y cerré la puerta a mis espaldas.
¡Qué tontas nos creen los hombres!

14 abr. 2009

Jueves 15 de Enero de 1998: Anécdotas de cocina

La mayoría de Jueves cocino yo. No porque me lo impongan, es algo voluntario y así, además, no sólo quito una carga de los hombros a Kathy, que dedica la tarde de los Jueves a hacer la compra semanal, sino que además, me garantizo el comer algo español. No que me queje de la comida de Kathy, porque excepto los desayunos irlandeses, que aquí lo mismo se toman para desayunar que para cenar, el resto de su cocina es muy tradicional y bastante normalita. Naturalmente, el desayuno irlandés generalmente es lo que tocaba cenar los Jueves debido a su falta de tiempo para elaborar algo más complejo.
Ya hace tiempo que apenas ceno con ellos, prefiero esperar al menos hasta las nueve y comer más tarde (y sin concierto de eructos y pedos), o de lo contrario, un par de horas después de cenar a las 5 ya tengo hambre de nuevo. La putada es que al no tener microondas, tengo que calentármelo todo bajo el grill, con el consiguiente riesgo a quemar la pitanza.
También le dije que prefiero comida más solida para el almuerzo y no tostaditas, crackers y paté o sandwichitos, que para mí eso no es comida. Me preguntó si me gustaban las ensaladas y al día siguiente se coló con bolsas llenas de ensalada: coleslaw (ensalada de col con mayonesa), ensalada de patata y huevo (con mayonesa), y ensalada de lechuga con tomates cherry (con mayonesa). Me preparó un plato con una porcioncilla de cada cosa y unas lonchas de jamón cocido, y unos esparraguitos... y a mí la mayonesa, pues la justita. Le he explicado que lo que yo entiendo por "ensalada" es lechuga, tomate y diferentes ingredientes (aceitunas, atún, maíz, pepinillo...) con aceite y vinagre. Vinagre de vino, no de malta. Que ya sé que alguna otra Au Pair intentó prepararse en su casa una ensalada "en condiciones" y en el súper compraron vinagre de malta creyendo que era del normal. Y el de malta está buenísimo con patatas fritas, pero en ensalada está pa morirse... para morirse de malo.
En fin, que el primer día les hice un par de tortillas de patatas con cebolla. Comieron todos: los niños, la abuela, Henry y Kathy. Les encantó, pero les extrañaba que le echara patata, algo que a mí me resulta curioso teniendo en cuenta que aquí los domingos con la opípara comida o en cualquier restaurante (o incluso cualquier noche para acompañar la cena), te poenen tres-cuatro tipos de patata en el mismo plato. A ellos, me ha dicho Kathy, jamás se les habria ocurrido. No en tortilla. Aquí la tortilla se hace con tomates, jamón y cebolla, o con espinacas. Incluso simplemente a la francesa.
Otro Jueves les hice albóndigas de dos maneras: en su salsa y en tomate. Naturalmente, han preferido las que estaban en tomate, sobre todo los críos, que ven rojo y parece que trabajen para una marca publicitaria de ketchup. Le pedí a Kathy que comprara vino de guisar, no sabía lo que era. Le dije que vino blanco, vino normal, del más barato. Me llegó a casa con una botella de vino australiano con el precio marcado a £7.95 (casi mil quinientas pesetas). Naturalmente, esto fue algo así como... un chorrito pa tí... uno pa mí... ¡qué desperdicio de un buen vino! Pero claro, aquí es lo que hay. No se les ha ocurrido, tampoco, que para cocinar una buena salsa se le pueda echar vino. Eso sí, con las albóndigas he triunfado y Henry me ha dicho que por favor se las cocine de nuevo pronto (se ha comido lo menos una docena y eran grandotas, que hice como dos kilos). Y mis albóndigas son sencillas: mezclo la carne picada con nuez moscada, pimienta negra, ajito muy picadito, cebolla muy picadita, huevo, vino, pan rallado y perejil. Luego las bolitas las vuelvo a pasar por pan rallado y huevo y las frío. Al tomate le añado una cucharadita de vino también mientras lo caliento y un poco de pimienta. Cuando las albóndigas estan hechas, las añado a la salsa y remuevo y sirvo. Nada del otro mundo, pero ella tampoco ha cocinado albóndigas en su vida.

Lo último fue, por petición de Kathy, hacerles una paella. Su única experiencia con el plato valenciano la tuvieron en su viaje de novios, que al más estilo cutre, fue en las Islas Canarias, en Playa del Inglés. Me dijo que ella había intentado cocinarla varias veces pero no le sabía igual. ¡Y no me extraña! Cuando me ha visto prepararlo todo (a pesar de que me faltaban la mitad de ingredientes apropiados), ha alucinado. "¿Cómo? ¿Que lo cocinas todo junto?" Y es que claro, ella cocinaba cada ingrediente por separado: cocía el arroz en una olla, cocía las gambas (que no langostinos, a mí me ha traído hoy gambas peladas, pero bueno, he hecho lo que he podido) en otra, cocía los mejillones (de lata y sin su concha, claro) en una tercera cazuela, y luego lo mezclaba todo. Simplemente haciendo el refritillo hoy se le han saltado las lágrimas de pura hambre. Y les ha encantado. Pero le he dicho que la próxima vez simplemente me traiga colorante, que cuando he visto la cajita de azafrán del bueno que me ha traído (por £5), casi me da un infarto. ¡Qué caro sale aquí comer paella! Bueno, yo no la he comido porque no me gusta, pero ellos se han puesto como el kiko, incluidos los peques que no se pierden una. Menos mal que las gambas ya estaban peladas, porque estos son capaces de comérselas con antenas y todo.
He de decir que, de lo que cocina Kathy, mi debilidad es su lasaña. Tanto, que para que coma bien en mi almuerzo, hizo el otro día una lasaña enorme, toda una bandeja de horno, bien gruesita, y luego la cortó en porciones individuales y la congeló, con lo cual cuando la quiera, sólo tengo que meterla en el horno a descongelar y listos!
Algo que me llama la atención y que ya he comentado anteriormente es que tiran la comida que sobre, y no hablo de lo que quede en el plato de cada uno, que naturalmente eso ha de ir a la basura, sino de lo que quede en la olla. No consienten comer algo cocinado el día anterior, ni tampoco se les ocurre congelarlo como el resto de alimentos. Luego me vienen con eso de "es que los españoles no tiráis nada", pero a ellos habría que decirles "es que no os va a matar comer algo cocinado el día anterior". O la semana pasada, si lo congelas. En fin, que son muy suyos para ciertas cosas.
La que me da un asquito tremendo con sus mezclas raras es Janet. Llega de la escuela y lo primero que hace es ponerse dos rebanadas de pan (o crackers, lo que pille primero), con una capa de mantequilla, una de crema de cacahuete (no de nocilla, de cacahuete, tan amarga), y mermelada de fresa o de arándanos azules por encima. ¡Qué asco, por Dios! O el otro gran delicatessen irlandés: bocadillo de plátano con mantequilla. ¡Y cámo les gusta!
Otro plato habitual: habichuelas de lata con tomate sobre tostada. Esto no me disgusta demasiado, pero no acabo de acostumbrarme... ¿Y lo mejor? Además, esto me lo dijo Kevin y no le creí, pensaba que me estaba tomando el pelo: bocadillo de patatas fritas (de las de paquete, las papas de toda la vida, pero de cebolla y queso), con mantequilla.

¡Qué estómago, por Dios!

13 abr. 2009

Domingo 11 de Enero de 1998

Las cosas con Kevin van viento en popa, de momento. Sigue pasando las noches de los sábados aquí -ya tengo cerradura-, y dependiendo de si nos hemos dado ya el festín en el sofá y estamos suficientemente saciados, dormimos en mi estrecha cama apretucaditos o bien nos lo montamos con "el nido" delante de la chimenea.
Poner a los niños en la cama está siendo cada vez tarea más difícil, Kevin viene sobre las nueve o las diez y son las doce y aún no se quieren ir a dormir, insisten en estar allí con nosotros en el sofá hasta que se les cierran los ojos de una vez por todas. Y con Billy nunca se sabe, porque casi cada noche se moja los pantalones. Y naturalmente, con los niños delante, ya no sólo no podemos hacernos carantoñas, sino que tampoco fumarnos un par de petas, que aunque a Kevin parecen darle fuerza y convertirle en un Tarzán, a mí me produce lo que se llaman "munchies", es decir, un hambre ferocísima y no le veo la gracia por ninguna parte. Y luego esta la tarea de "ventilar" la habitación, que habitualmente rocío con mi mejor perfume de rosas.
El viernes por la tarde, Ant, un amigo de Kevin, nos llevó a eso de las ocho a un monte cercano. Conocí a Ant hace unas semanas tras tomar unas copas con Kevin en Quins. Es un hombre entrado ya en la cuarentena, ex-policía y con una historia personal algo rocambolesca. Está en proceso de separarse de su mujer, pero viven aún en la misma casa por los hijos, una chica de 14 y un chico de 16 a los que no saben cómo dar la noticia. Y es que Ant regresó a casa para encontrar a su mujer en la cama... con otra mujer. Su mejor amiga. Y naturalmente, en esta sacrosantísima tierra, decir esto así a los hijos de sopetón, igual les causa un trauma fatal. Y por ello, prefieren dormir en camas separadas en la misma habitación bajo el pretexto de que él ronca, y ella tiene todavía la excusa perfecta para verse con su "amiga del alma" en la casa.
El caso es que este hombre es muy amigo de Kevin y nos llevó a Lucy, a Kevin y a mí a ver Limerick desde la altura de un monte cercano donde hay un club de golf. Por caminos sinuosos y oscuros llegamos a la cima, y desde allí pudimos contemplar cómo se ve la ciudad, con sus luces, desde la mas completa oscuridad.
Y mientras Ant y Lucy conversaban -no me he sentido ni un ápice culpable por dejarla a solas con Ant, aunque sé que a ella no le ha sentado bien, Ant es un hombre honorable que tiene hijos adolescentes y no se atrevería a nada con ella-, Kevin y yo nos hemos escurrido caminito abajo. Hemos descubierto unas casitas con sus jardines vallados. En el exterior de una de estas había un coche aparcado y lo hemos hecho allí mismo, contra la pared y contra el capot, con la ropa puesta y el frío latente en la poca piel al aire. Jamás había hecho algo tan osado en la vida, y Dios... ¡se siente una viva!
La vista desde arriba también me ha quitado el aliento. Además, estreno abrigo nuevo. Yo, que siempre me he negado incluso a llevar calcetines -cómo los odiaba-, ahora son parte de mi "indispensable" vestimenta diaria. Abrigos-abrigos, lo que se dice un abrigo de verdad, jamás he tenido. He tenido chamarras, chaquetones, mi cazadora vaquera con borreguito, pero eso no es suficiente para el frío de aquí. Este es mi primer abrigo en condiciones.
Lucy tuvo la suerte de encontrarlo la semana pasada en el mercado de los sábados, en una tienda de segunda mano, es un grueso abrigo de ante por fuera y borreguito por dentro, en tonos cafe y tostado. Es simplemente ideal, y lo consiguió sólo por 5 libras. Le pedí que me llevara a la tienda, pero ya no quedaba ninguno, y como a ella no le terminaba de convencer, se lo compré. ¡Y es tan, tan calentito! Podría salir desnuda, con nada debajo y aún estar cálida y cómoda, lo cual me da una idea...

Jueves, 8 de Enero de 1998

Los periódicos y la televisión no paran de hablar de ello: Ramzi Yousef ha sido condenado a cadena perpetua por la bomba colocada en el aparcamiento de una de las Torres Gemelas en Nueva York, que tuvo lugar en 1993. El suceso, en su tiempo, me produjo gran conmoción. Primero, porque cualquier atentado me lo produce, más cuando haber estado casada con un Policía Nacional te crea ciertas paranoias de las que dificilmente te libras. Nosotros vivíamos en un pueblo tranquilo de la Costa Brava, y aún así, de vez en cuando había ciertas precauciones a tomar.
De esos años me ha quedado la eterna manía de jamás sentarme de espaldas a una puerta, especialmente en lugares públicos como cafeterías, restaurantes o incluso en el autobús. Pero volviendo a Yousef y el atentado, siempre me llamó la atención, especialmente por su comentario cuando el FBI, tras detenerle, le trasladaba a Manhattan en helicóptero. Al sobrevolar el World Trade Centre, Ramzi dijo fríamente algo así como: "simplemente con un poco de dinero más, las habríamos derribado, esto aún no está terminado". ¡Terroristas! Insanos, ilusos, perdidos en sus propias fantasías. ¡Derribar esas dos moles de acero y cemento y cristal! ¡A quién se le ocurriría!
He leído más sobre el caso en la prensa nacional. Había detalles que no recordaba desde que esto sucediera en el 93, como los pequeños pormenores del suceso. Yousef alquiló una furgoneta Ryder y la llenó de explosivos: 4 cajas de cartón contenían una mezcla de bolsas de papel, periódicos y urea y ácido nítrico, cerca de las cuales colocó tres cilindros de metal rojos con hydrógeno comprimido y cuatro grandes contenedores con nitroglicerina, con unos dispositivos conectados a ellos . La idea era hacerlo detonar en el garage bajo la torre Norte o Torre Uno, que con la explosión, caería sobre la Torre Sur o Dos, derribando ambas. Afortunadamente el plan no salió como tenían pensado, y aún así seis personas murieron y más de mil resultaron heridas. No quiero ni pensar lo que habría sucedido de haber caído ambas Torres. ¡Una masacre!
En otro orden de cosas, he ido al cine con las chicas a ver Titanic y nos han echado. Me he sentido teletransportada a mi más tierna adolescencia, pero he de decir que jamás me han echado de lugar alguno. Que esto me suceda a punto de cumplir los 28 años es vergonzoso, pero no lo hemos podido evitar. No hemos hecho nada con mala intención, y además, que lo diga yo, no me exime, a la vez, de mi culpa. No, en el fondo, lo que hemos hecho no está nada bien, pero cuando una de estas cosas suceden, ya no hay vuelta atrás, y te ves atrapada, arrastrada en la vorágine del momento y te dejas llevar, como una niña pequeña. La verdad es que ni me he enterado de la mitad de la película.
El caso es que algunas de las Aupaires recibieron paquetes por Navidad de su familia (yo aún estoy esperando por el mío, pero mi madre es única, siempre esperando "a que pasen las fechas, no sea que se pierda", y así, no lo mandará hasta la próxima semana, al menos.
Continúo: con pipas y todo, nos hemos ido al cine: Rebecca, Marta, Berta, Bea, Lucy, Francesca y yo. Desde la fila de atrás nos han dicho que dejáramos de hacer ruido con las pipas y Bea, sin muchas contemplaciones le ha soltado un enorme "fuck off" que nos ha dejado mudas. Pero luego ya han empezado las risitas y el no poder parar de reír porque el mismo que la increpó por el ruido de las pipas... le ha pedido probarlas y estaba allí, en la oscuridad de la Sala 1 del Savoy, intentando ligar con Berta, que es una niña monísima. Jijiji, jajaja, Berta esto, lo otro... y el acomodador ha venido tres veces a mandarnos callar. Y al final, hemos sido expulsadas. Todas. ¡Qué vergüenza! Mi primera vez en el cine de Limerick y me echan a la calle como a una vulgar cucaracha...
Fuera nos hemos reído otro rato, pero maldita la gracia que me hace. Berta, Marta y Bea ya están acostumbradas. Son de otra pasta. Son jóvenes e irreflexivas y les importa un carajo lo que les digan o hagan, porque sólo están aquí por unos meses y vienen a "pasarlo bien" sin la vigilancia de los papis. A Bea la echaron la semana pasada de Roches Stores por robar un tubo de pasta de dientes, ¡Pasta de dientes! Y al día siguiente cuando Berta fue a comprar otra cosa, o simplemente a curiosear, la cogió el de seguridad y le leyó la cartilla. Ella piensa que igual la confundieron con Bea (ambas llevan el pelo corto y el mismo tipo de ropa), pero no le sentó nada bien que la llevaran a una oficina y le registraran el bolso, diciéndole que no volviera más por allí.
A Lucy y Bea, también, las cogieron bebiendo de sus propias latas en Quins un día de la semana pasada que yo no salí y las han "baneado", como decimos por aquí.
Yo lo paso bien con ellas, no soy quién para juzgar si lo que hacen o no está bien o mal. Desde luego, no me dejaría coger "con las manos en la masa" por una pasta de dientes, ¡qué humillación!, pero es que tampoco se me ocurriría robar de un supermercado. Creo que en el caso de Bea no fue porque necesitara el dentífrico, más bien un acto de rebeldía o una costumbre habitual. Lo de las cervezas, me callo. No seré yo quien diga que nunca he hecho algo así, porque estaría mintiendo.

12 abr. 2009

Jueves 1 de Enero de 1998: Resaca

¡Ay qué resaca, madre, qué resaca!
Lo primero que le dije ayer a Kathy fue que no deseaba beber demasiado en Nochevieja porque luego me paso el día entero en cama, mala, malísima, pero me dijo que no me preocupara y que me comprara en la farmacia una caja de unas pastillas llamadas Get Up and Go. El modus operandi consiste en disolver un par de pastillas -del tamaño de una moneda de cincuenta pesetas antiguas y de medio centímetro de grosor-, en un vaso de agua tras volver a casa después del bebercio. Se garantiza que evita la deshidratación y el malestar de estómago al día siguiente.
Prometer que no vas a beber más de la cuenta, cuando sales con Henry y Kathy y no dejan de traerte pintas de Heineken a la mesa, es como dejar un paquete de pipas a medias: imposible. Aunque he tratado de beber despacio, la noche se alargaba y una vez te metes en la atmósfera, es difícil regular el ritmo. A medias deprimida por lo diferente que es aquí la Nochevieja, y pensando que hoy no veré a Kevin -las pasa con su madre-, me he sentido más sola que nunca, sola en el sentido de única, de rara, porque las doce se acercaban y aquí no veía yo ambiente festivo más que el usual en cualquier bar. Tenían puesta la tele y han retransmitido las campanadas desde el Big Ben, pero... ¡Oh, decepción! ¡Aquí no cuentan 12, cuentan los últimos diez segundos! Y así, han empezado con el 10... 9... 8... ay no señor, no es lo mismo, no, no, no... Ni besos ni abrazos luego, ni un estridente Happy New Year! Kathy me ha deseado feliz año, y yo a ellos, pero en general, no ha habido un ambiente "de cotillón", de cambio de año, de serpentinas y papelillos y espumillón y gorritos de fiesta y matasuegras. He intentado llamar a casa sobre las 12:15, suponiendo que con la diferencia horaria al ser aquí una hora menos, me sería posible conectar con ellos, había un teléfono público en la esquina del bar, pero ha sido imposible. Como de costumbre, las líneas andaban revueltas y no me ha dado tono.
A eso de la una y algo de la mañana Kathy ha sugerido comer algo, y hemos ido hacia la parte de atrás del bar que tiene una zona de restaurante y hemos comido pollo. ¡Eso sí que entraba bien después de tantas cervezas! Poco más tarde ya tenía bastante y me he venido a casa, aunque ellos se han quedado allí. No es que los bares abran esta noche más tarde que nunca, pero como son regulares del local, han cerrado las puertas con los clientes dentro y estaran allá hasta que quieran.
Me he tomado el Get up and Go pero el daño ya estaba hecho. He vomitado furiosamente toda la toxicidad -pollo incluído-, y luego me he tomado el brebaje de las narices. Hoy me he levantado con resaca pero no tanto como habría predicho anoche tras vaciar el estómago. Tengo síntomas de una resaca medianeja pero no me encuentro "pal arrastre", por lo que supongo que la poción ha funcionado en cierta medida.
Me muero mucho, pero no tanto.

10 abr. 2009

Martes 30 de Diciembre de 1997: Reflexiones

Sí, ya sé. Las reflexiones han de hacerse el último día del año. Recapacitar sobre lo que hemos hecho/nos ha pasado durante el año que está a punto de acabar y hacernos nuevos propósitos para el nuevo que comienza. Una especie de resumen de Telediario de los sucesos más importantes, pero de nuestra vida personal.
Sin embargo, como para mañana por la noche tengo planes (salir al bar a la vuelta de la esquina con Kathy y Henry), no sé si a la vuelta estaré con fuerzas, con ganas, o lo suficientemente sobria para hacerlo, como tampoco sé si tendré tiempo de reflexionar durante la jornada. Por lo tanto, mi balance se hace hoy. Que para eso este es mi diario.
No voy a hacer un balance de lo que me ha sucedido durante el año. No tendría sentido ni me apetece. Pero sí querría hacer un listado de aquellas cosas que me han llamado la atención desde que estoy aquí, casi dos meses ya:
  • Lo pronto que cierran los pubs (10.30 en invierno, 11 en verano).
  • Lo caro que está el tabaco. Y que haya cajetillas de 10 cigarrillos.
  • Que no utilicen estropajo para fregar sino un J cloth (una de esas bayetitas de rayitas azules y blancas).
  • Que no limpien las tazas de té. Las enjuagan con agua y se vuelven negras por dentro. Del mismo modo las cucharillas. Se las he esmerilado todas (he de contar esto con calma).
  • La cantidad de tazas de té que toman al día.
  • La cantidad de ropa que echan a lavar. Usan un cambio de ropa a diario pero sólo se cambian de ropa interior unas 3 veces a la semana.
  • La manía de dormir sin ropa interior pero con el mismo pijama toda la semana.
  • Que se duchen solo 1 vez (los jueves los padres, los sábados los niños. La Nana no sé.
  • Que para la mayoría de medicinas que se pueden comprar en España sin receta, aquí haya que conseguir una. Y las medicinas luego son gratis.
  • El hecho de que hablar de la regla sea tabú pero tirarse pedos en público, no (contar esto, también).
  • Lo pronto que cierran las tiendas (5pm).
  • La adicción, casi en grado de dependencia de culebrones ingleses como Eastenders, Emmerdale y Coronation Street. La vida se detiene cada tarde para que vean estas series. Pero hasta el padre y todo, no es sólo de "marujas". Yo no la entiendo. No me ha interesado nada y las confundo unas con otras. Todos los caretos me parecen iguales.
  • La falta de "cuisine" autóctona. Básicamente, todo lo que come está frito o lleva patata. Sin embargo, les llama la atención que la tortilla española lleve patatas ("Oh, ¿le echas patata a la tortilla?", me preguntó Kathy la primera vez que la hice). Aquí, que si no hay patata no estó completo un plato. He de explicar esto y alguynas recetas "ttpicas".
  • El que le echen mantequilla o mayonesa a todo. Los niños, ketchup.
  • Las patatas fritas con abundante vinagre de malta y sal. Mmmmm. Yummy in my tummy!
  • Que Nochevieja no sea importante para ellos. Tampoco Nochebuena, pero eso no me ha chocado tanto.
  • Lo cutre que son las discotecas locales y que aquí la gente no baila: salta.
  • Lo limpios que están los servicios en los pubs y discotecas, lo bien que huelen y la cantidad de papel higienico que hay.
  • La cantidad de chicas jóvenes empujando carricoches con niños (y no son las nannies precisamente).
  • Que en muchos sitios no te sirvan alcohol si no eres mayor de 21 años (nada de lo que preocuparse, hace mucho que superé esa barrera, jeje).
  • Que no vendan cerveza en los burguers.
  • La cantidad de comida preparada que hay en los supermercados.
  • La costumbre de congelar la leche (eso sí, es leche pura, de la que mancha el vaso, no esa cosa aguada que venden por ahí), el pan de rebanadas (tipo bimbo pero con sabor a pan de verdad, qué asquito me da el bimbo/panrrico/como se llame).
  • El hecho de que las bandas que tocan en los pubs acaben el repertorio cantando el himno nacional y que la gente, además, se levante de sus asientos.
  • El que las casitas no tengan más de 2-3 pisos, excepto los edificios georgianos que tienen 3-4.
  • El que si sobra mucha comida, la tiren directamente. No osarían comer lo mism de un día para otro como no se les ocurriría ponerse el mismo top o pantalón dos jornadas seguidas. "Ah, los españoles lo aprovecháis todo, no tiráis nada", me dice cuando no he acabado mi plato y le pido que me lo guarde para más tarde o al día siguiente si me ha gustado mucho.

Se me quedan muchas cosas en el tintero, sin duda, pero creo que es un ejercici que tendré que repetir de vez en cuando sólo para recordarme cuán diferentes somos los unos de los otros. O cuán diferentes son ellos, porque yo me relaciono con gente de Alemania, Francia, Italia... Y todos coincidimos en lo mismo.

En fin... ¡Feliz Año 1998! A ver qué me depara el destino para ese número tan redondito...

8 abr. 2009

Domingo 28 de Diciembre de 1997: Chloe

Ayer por la mañana quedé con Kevin para tomar un café. Al ser fin de semana tiene a la niña y me ha sido posible conocerla. ¡Es preciosa! Casi cuatro años tiene ya y es lo más pizpireto que he conocido... Eso sí, me ha hecho llevarla al baño catorce veces, y eso sin aún haber probado la naranjada...
Fue una mañana relajada, Kathy está de vacaciones hasta el martes de modo que no tengo a Billy y Janet pegados a mí como mi propia sombra.
Si algo puedo decir es que Kevin parece un buen padre. Algunas de las chicas que conozco del grupo me dicen que se mostrarían reacias a salir con alquien que lleva "equipaje", pero soy de la opinión de que a veces el bagaje emocional es mucho mayor que uno físico. Que Kevin sea padre, y además uno bueno y dedicado, sólo me sirve para que me guste más, si cabe. Quizá otro chico cualquiera de su edad (26) se habría lavado las manos y abandonado sus responsabilidades aun cuando la niña no tuviera culpa de las acciones de la madre.
Tampoco, despues de todo, es que nuestras relaciones sean serias, acabamos de conocernos y sólo el tiempo dirá a dónde nos lleva este "conocimiento". Me consta que no quiere nada perpetuo. Todavía está dolido y escarmentado y he de ser cauta.
Anoche durmió en casa. Nos costó poner a Janet y Billy a dormir. No había modo. Los dos con nosotros en el sofá de mi salita, arriba en mi cuarto, sin dejarnos ver la tele ni hacer manitas ni nada de nada. Billy sólo quiere saber cuándo le llevará a dar un paseo en moto "pero un paseo de verdad, con casco", y Janet sólo quiere dar la lata (¿se nota mucho que la tengo atravesadita?). Finalmente he tenido que ponerme dura o el siguiente paso habría sido darles un vaso de vodka para que se durmieran de una puñetera vez.
Ya en sus camas (bueno, en realidad en la de sus padres, porque cuando salen, se acuestan ahí hasta que estos llegan y los llevan a sus respectivos dormitorios), nos hemos quedado ¡al fin! a solas. Le he contado a Kevin los comentarios de Kathy sobre nuestros "ruidos nocturnos", y hemos decidido dormir en el suelo, delante de la chimenea encendida. Con los dos nórdicos de ambas camas de mi habitación, hemos formado lo que aquí se conoce como "un nido", que consiste en dormir sobre uno de los mullidos edredones y taparte con el otro. De este modo, además, estamos sobre el dormitorio de los niños y no hacemos ruido alguno, a no ser que las viejas maderas del piso nos delaten. He de decir que "el nido" ha resultado cómodo, el edredón ha enmascarado del todo la dureza del suelo, y la luminosidad de las llamas han conferido al ambiente un toque pasional y de película de sobremesa. Decir que he alcanzado la gloria más de una vez, no es exagerar. Con cada caricia me vuelve loca y sé que cada día que paso a su lado me enamoro más y más de este hombre con mayúsculas. La piel me quema cuando me toca y no deseo hacer nada por evitarlo. Hemos dormido el uno en brazos del otro y por la mañana hemos repetido. Pecamos de gula en el cuerpo contrario y nos regocijamos de ello.
Apenas habíamos acabado cuando Billy ha entrado a la carrera, y aunque una puerta separa mi dormitorio de la salita, ha entrado igual. Nos ha mirado, ha saludado a Kevin casi con timidez y le he dicho que se largara. Ha corrido de nuevo escaleras abajo, gritando:
-"Mamá, Kevin y Sarah están desnudos en la cama, están desnudos" -seguido de una carcajada de Kathy.
Por la tarde me ha dicho que cree que es hora de que me coloquen una cerradura en la puerta.

7 abr. 2009

Jueves 25 Diciembre 1997: Navidad



¡Wow! Navidades en Limerick. ¡Y vaya si han sido movidas!
Para empezar, Limerick amaneció el 24 con una ventolera inmensa. Jamas vi viento a estas velocidades, aparte de mi familiar levante. Sólo que conozco el comportamiento del levante. Esto ha sido un viento huracanado, dicen que ha sido la cola de no-sé-qué tornado. Se nos pidió precaución para caminar por O'Connell Street. Las luces de Navidad danzaban peligrosamente sobre la carretera. Hoy nos hemos enterado de que algunas, a mitad de la calle, se desprendieron y una unidad de los bomberos hubo de retirarlas. El reloj del Pennys se quedó colgando y alguna parte cayó sobre el acerado. Hay una mujer herida, aunque creo que no de demasiada gravedad. El susto se lo ha llevado, eso sí. Algunas partes de la ciudad se quedaron sin luz, entre ellas Raheen, donde vive Lucy. Al parecer el ventanal del conservatorio salió volando. Son cuantiosos los daños de la zona. Hoy está el tiempo algo mejor, pero aún sigue habiendo tormenta.





Ultimamente parece que siempre me dejo algo en el tintero. Pero esta vez tengo excusa y es que estaba esperando a revelar las fotos. el Domingo pasado fuimos a ver a Santa Claus llegar a Limerick, donde ha permanecido hasta la pasada madrugada, esto es. Aquí Papa Noel no llega ni en trineo con renos ni en helicóptero. Llega en un bote del Servicio Civil de Rescate y recorre las turbias y heladas aguas del Río Shannon. El Gordo de Rojo hizo las delicias de pequeños y mayores durante poco más de media hora, paseándose corriente arriba y corriente abajo en el "fuera borda". Yo no sabía si reír o llorar, así que me conformé con pelarme las manos de frío y hacer unas foticos para la posteridad, poque esto, si lo cuento, no me lo cree nadie.

Volvamos a tiempos más inminentes. Ayer por la tarde vino Francesca sobre las cuatro. Desde las tres, Kathy y Henry ya estaban en el pub de al lado, tomando unas pintas. Me dijeron que fuera en cuanto llegara Francesca, con los nenes a la zaga. Tuve que castigar a Billy esa mañana, porque me llamó corriendo Janet mientras preparaba un té para la abuela y Nancy. Billy se dedicó a abrir los paquetes que se acumulaban bajo el árbol, a velocidad supersónica. Cuando he entrado en la sala me ha mirado con carita de perrito perdido. Me ha recordado aquella canción del anuncio de Tristón: "Pobrecito.. no le quieren... (...), Tristón sólo quiere un amiguito..."

Pero me he mostrado firme. Disciplina es lo que hace falta en esta casa. Ya pueden hacer perrerías que no se les dice o hace nada. Cada tarde después del trabajo, Kathy viene con chocolatinas para ellos, y jamás de los jamases se les castiga por nada. El lenguaje soez que utilizan con Nana a veces me saca realmente de quicio. Ya los he amenazado con lavarles la boca con jabón. Ayer para castigar a Billy, le hice ponerse de cara a la pared en un rincón en el salón. La petarda de Janet se ha puesto a llorar como si estuviera pegándole una paliza a su hermanito o algo así. Naturalmente Billy se ha resisitido y ha huido, pero con firmeza lo he llevado hasta el rincón y me he quedado allí con él, asegurándome de que no doblaba las rodillas. No ha estado más de cinco minutos, pero ha sido una lección.

Kathy se ha reído cuando ha sabido de lo que ella llama "mis castigos españoles", pero aunque la ofensa de abrir los regalos a destiempo es nimia y típica de un niño de su edad, creo que es el respeto y la disciplina de lo que se trata. Que cuando Nana trató de evitar que se acercara a los paquetes, se burló de ella en su cara y no le hizo el menor caso. Vamos, que a mí me la trae al pairo que haya desgarrado algunos de los paquetes. Tal vez teniendo un hijo de 3 años tan sólo, no deberían haber dejado las cosas allí con una semana de antelación.

En cualquier caso, hemos estado Francesca y yo tomando unas pintas con ellos, incluso cuando ya no queríamos mas. Pero Henry continuaba trayéndonos bebida a la mesa. Yo me he contenido y he bebido despacio, pero Francesca la pilló gorda. Para cuando llegamos a casa, con Kathy a punto de hacernos algo para cenar, Francesca ha vomitado en medio del suelo de la cocina. La pobre mía no ha aguantado tanta Guinness. Al final se ha dio a casa en taxi. Y si yo no había bebido más ha sido simplemente porque esa noche esperaba a Kevin -las chicas al final, con el mal tiempo, han decidido quedarse en casa. Algunas simplemente no han podido venir porque han suspendido los autobuses en su zona. Lucy está sin electricidad.

Kevin llegó, nos tomamos algo tranquilos en la salita -la de abajo-, con todo el mundo ya sopa en la cama, roncando los vapores etílicos. Luego hemos subido a mi dormitorio donde hemos pasado la noche moviendo la cama, a juzgar por lo que dice Kathy, que asegura se despertó a media noche para ir al baño y oyó "nuestro terremoto". Es cierto, creo que Kevin comió pilas anoche. Cuando ha acabado conmigo la primera vez, me ha mirado con esos ojos que me vuelven de mantequilla y me ha dicho "Lo mejor aún está por empezar". ¡Y vaya si estaba!

Claro que el cachondeo de Kathy hoy todo el día ha sido brutal. Y aunque no es fácil sacarme los colores, sí que me he ruborizado un poco. No había sido mi intención ser escandalosa y no había notado el ruido que hace la vieja cama, pero claro, el dormitorio de los padres está justo debajo del mío. Por poco jaleo que hayamos organizado, el suelo es de madera con moqueta y probablemente se haya oído más de lo que transparenta.

Por la mañana no me he levantado demasiado temprano. Kevin se ha ido pronto porque tenía que ir a llevarle los regalos a su hija, y sobre las once o así he bajado a ver si Kathy requería ayuda con la comida-cena, ya sabemos que aquí los Domingos y grandes fiestas se hace una comilona enorme que le ha de llenar a uno el estómago todo el día. Ha cocinado un enorme pavo con jamón, salsa de arándanos, de manzana, salsa "blanca", que no es una bechamel, según dice, aunque en la textura y el sabor se le parecen, se llama "salsa de perejil", aunque el verde no se lo veo por ningún lado. También había Gravy. Y para acompañar, broccoli, coles de bruselas, zanahorias, nabo, y patatas en puré, croquetas de patatas, patatas cocidas y patatas asadas. ¡Toma patata! Ha estado todo delicioso, pero antes de comer nos hemos dado los regalos. Yo sólo he podido permitirme tonterías: un bolígrafo para Henry, un pañuelo de cuello para Nana, una cadenita de bisutería para Kathy, un diario para Janet, que siempre cotillea el mío, menos mal que no sabe español... y un cartoncillo con pistolas, una gorra de policía y una placa para Billy. Son cosillas baratas o del Pound Shop, pero no puedo permitirme más. Ellos me han regalado un bolso de charol negro que me gustaba mucho y que vi en Dunnes Stores -no puedo creer que se acordaran-, un Cd recopilatorio de los mejores temas de Enya (me encanta!) y un voucher para 100 minutos de rayos uva en un salón cercano, porque ya me estaba quejando de que me estoy volviendo blanca de no ver el sol en tanto tiempo (y no llevo ni dos meses aquí). De modo que no puedo quejarme. Luego ha llegado Nancy y me ha regalado un bote de talco. Qué encanto de ancianita. Por la tarde vinieron algunos familiares de Kathy y su madre me regaló un estuchito con gel de baño y esas pijaditas que tanto nos gusta a las chicas.

Hoy no salimos, cada cual con su "familia". Los bares no abren aquí el 25, está prohibido. Pero mañana es festivo también, San Esteban, y sí que aben, así que ya saldremos entonces. O saldrán, porque aunque estamos bebiendo licores en casa, Henry y Kathy se muestran como si acabaran de pasar por una ley seca, deseando salir mañana. Mucho me temo que me tocará hacer babysitting.

¡La sacrificada vida de Au Pair!

5 abr. 2009

Martes 23 de Diciembre 1997: Depre

A veces nos quejamos por quejarnos. Eso es lo cierto. No sé por qué, hoy tenía ganas de llorar. Bueno, sí sé por qué. Desde el sábado más o menos, me vi aquejada con la garganta, de nuevo. Parece ser que aquí salgo de un resfriado para meterme en otro. El caso es que ayer por la mañana fui de nuevo al médico. Tantos años sin ir a una consulta en España y aquí ya he tenido que ir varias veces. El caso es que me mandó unos antibióticos, porque tengo la garganta totalmente cerrada y apenas puedo tragar. Líquido y poco más. No tengo dolores de cabeza, ni mucosidad ni nada de nada. Es una infección de garganta que me impide hasta toser. Tengo el interior tan, tan inflamado que tragar me duele. Por eso ayer fui a la cafetería y todo y creí que el chocolate calentito había hecho maravillas en mí, pero lo cierto es que llevo tres días comiendo apenas unos bocados y que aunque tengo hambre, me cuesta la vida misma empujar algo hasta el estómago.
El Dr. Damian me avisó de que, si notaba algo con las pastillas, si no me sentaban bien o me producían cambios anímicos, que dejara de tomarlas, y creo que me ha empezado a afectar emocionalmente. Y eso que sólo las he tomado ayer y esta mañana. No sé, es como si me produjera depresión o algo similar. He salido por la mañana al centro con los niños a comprar algunas cosillas ahora para Navidad. El ambiente, como ya he comentado anteriormente, es Navideño total. La iluminación en las calles por la noche, simplemente te quita el aliento. Nunca he visto guirnaldas tan bonitas, tan originales y tan variadas. Y de día, de cada tienda sale el hilo musical con villancicos de todo tipo, desde los clásicos a los de Slade de los setenta y alguno de los ochenta, como los de Wham y el Christmas Time. Los fines de semana hay algún grupo cantando en las peatonales, la gente va cargada de paquetes, de bolsas multicolores y con prisas, y a mí el bullicio me gusta. Añoro, eso sí, el que no monten Belenes como en Cádiz, el que las iglesias no pongan sus nacimientos, con las luces que se encienden como un sol durante el día y se oscurecen mostrando las estrellas al "caer" la noche sobre el belén. Ya sé que esta costumbre no la hay en todas partes, tampoco existía en Sant Feliú o en Canarias, pero en Sant Feliú al menos hacían un Nacimiento viviente, y aquí todo parece más dirigido al consumismo y a la debacle alcohólica.
Tampoco es que me gusten especialmente las Navidades. Durante años, cuando vivía en la Costa Brava era todo una carrera de comprar regalos para todos y pasarme los días cocinando. Solíamos reunirnos varias parejas, en casa de uno u otro. Cuando tocaba en mi casa, debía hacer cena para unos diez, y cuando tocaba en casa de los demás, siempre he sido la tonta que se ha ofrecido a ayudar. Resultado: cuando al fin me he sentado a la mesa, me ha sido imposible relajarme y comer. El último año, ya en Cádiz, fue un tanto caótico para reunirnos y salir, tanta gente y tantos planes diferentes, en especal en Nochevieja, entre pasar las campanadas con la familia y luego la gente que quiso a ir a un cotillón, la que decidió trabajar en un cotillón y la que quiso salir de bar en bar. En resúmen: Navidad y estrés siempre serán sinónimos en mi mente.
Así que esta vez, que no tengo que cocinar, que tengo poco dinero para regalos, que conozco una forma diferente de celebrar esta estación, me siento... no sé... ¿perdida? Quizá esa sea la palabra. Y extremadamente sensible.
Al regresar a casa del paseo por el centro, me he puesto a pasar la aspiradora al salón. Billy la ha dejado llena de migas de galletas y porquerías varias. Al ser martes, tocaba plancha, así que he dejado a los niños en la sala con Nana y Nancy y he subido a planchar. No han pasado ni dos minutos cuando Janet ha subido a toda pastilla gritándome que Billy había derramado un vaso de agua en la moqueta. He bajado para comprobar el daño, y no era agua sino naranjada, que ha dejado una mancha mojada casi invisible en la moqueta azul marino, pero no sé por qué, de pronto se me ha hecho todo un mundo y me he echado a llorar mientras le regañaba, diciéndole que si sabe que tiene las manos demasiado pequeñas para sostener el vaso, no debería cogerlo, y que si le parece, que volvemos a darle biberón.
No ha pasado nada, con un trapo de cocina he recogido el exceso de líquido, le he regañado porque acababa de pasar la aspiradora y se pasan el día ensuciando sin miramientos, y Nana le ha regañado también. Lo ciuerto es que tiene manitas de trapo y todo, todo se le cae siempre. Basta que pases el aspirador para que entre en la sala con un plato de cereales y lo tire en medio. Les tengo dicho que coman en la cocina, pero naturalmente, quieren ver la tele, no los culpo.
Y cuando Kathy ha llegado del trabajo, Nana o Janet le han debido decir algo y me ha llamado para preguntarme si estoy bien, si es que han hecho algo por lo que no me encuentro feliz entre ellos o si los niños se portan mal conmigo. Le he dicho la verdad, que no hay nada que me hayan hecho y que ha sido una estupidez tan insignificante que me avergüenzo de haberme portado como una cría, pero que de pronto sentí la necesidad de llorar, y he quitado la plancha entre lágrimas, escuchando mis dos cds de Jarabe de Palo y Mónica Naranjo. Sigo sin poder comer demasiado y con el ambiente navideño, todo ha sido demasiado. Creo que son las pastillas, así que me ha aconsejado que deje de tomarlas, que si tengo algún problema lo hable con ella, que no quiere verme triste o nada. Mañana volveré a Damian con los antibióticos de las narices y le diré que me ponen triste.
Se me olvidó comentar que este fin de semana pusieron el arbolito en el salón. En árbol más feo, reseco y vacío que he visto en la vida. Cuatro guirnaldas de colores diferentes tiradas por encima y entre rama y rama, ponen globos de colores. Con los arbolitos tan bonitos que me gustaba a mí poner siempre en casa. Me suele gustar bicolor con las guirnaldas, sencillito, y luego poner figuras multicolores. Aquí figuras hay pocas, y al pasar el aspirador hoy, he recogido cientos de restos de abeto, se está deshojando a velocidad supersónica, no sé yo si aguantará hasta Enero...
Los regalos ya están debajo, hay varios con mi nombre, me hace una ilusión enorme... y me apena no poder corresponder como se merecen, pero he de ahorrar para irme a Cádiz en Febrero a los Carnavales, y 40 cucas tampoco dan para mucho...
Un día menos para ver cómo celebran aquí el día de Navidad, cómo dan los regalos y cómo es la Nochebuena...

3 abr. 2009

Lunes 22 de Diciembre de 1997: Confesiones II

Faltan cuatro días para Navidad. Mi primera Navidad en tierras extrañas. Mi primera Navidad con costumbres diferentes. Lucy las pasará aquí en Limerick también, y Kathy me ha dado permiso para organizar una pequeña fiuestecita en casa. Aquí el 24 no celebran nada. La comida importante es el 25, después de darse los regalos, de modo que el 24 acaban pronto de trabajar, se van directamente a tomar algo al pub y de ahí para casa. Francesca viene esa tarde a pasarla con nosotros y Lucy se nos unirá con un par de amigas más. Estamos ya mirando la música que pondremos y vamos a comprar bebidas entre todas. Kathy incluso me ha dado permiso para que venga Kevin y "para que se quede a dormir", me ha dicho. Ahora tendré que mirar de cómo hacer con 40 libras semanales para comprar regalos para todos, para mi familia en España y para comprar tabaco y lo que vaya necesitando. Lucy dice que deberíamos comprarles simplemente un detalle del Pound Shop y en esta semana iremos a mirar qué podemos pillar que no sea "demasiado obvio".
Esta tarde quedamos un grupo de Au Pairs a tomar algo en la cafetería de Bedford Row. Casi todas eramos españolas y entre ellas estaba Elena. Se ha sentado a mi lado, y Rebeca al otro, y por un momento he pensado que se trataba de una encerrona, pero Elena no sabía nada.
-Mm... me he enterado de que ya no sales con Kevin -he tanteado el terreno.
-No, está saliendo con otra chica.
-¿Y no sabes con quién?
-No, ni idea.
-¿Y te ha dolido mucho? ¿Te gustaba mucho el chico?
-Hombre... pues sí, me gustaba. Me gustaba bastante, pero acabábamos de conocernos y me ha cogido así muy de sopetón. No me lo esperaba.
-¿Y no tienes ni idea de lo que ha pasado?
-No, me dijeron que lo habían visto besándose con otra, y agarrados de la mano por ahí, pero no se quién es ni desde cuando la conoce.
-Ah. Mmm. Ajá. Pues mira... -esto de ir de mosquita muerta no va conmigo-. Mejor que te lo diga yo y que no te enteres por otra, pero la que está saliendo con Kevin soy yo. Lo siento mucho, de veras. Simplemente sucedió. Pero me dijo que no estaba "saliendo-saliendo" contigo... De verdad, mmm... si quieres me voy...
-No, no -no sé por qué, me parece que en el fondo lo sabía-. No, si es que saliendo "en serio" no estábamos, pero sí que me gustaba mucho, pero sin animosidad, de veras. Cada cual es libre de hacer lo que quiera...
-Ya, pero no me gustaría hacerte daño ni mucho menos. No... no lo he hecho con intención de joder a nadie, pero... simplemente pasó, y a mí también me gusta bastante, no te voy a engañar.
A partir de ahí, el aire se ha congelado. Asegura que está "bien", que "no importa", pero me imagino que está aguantando el tipo. Confieso que me importa un rábano, si la situación fuera al contrario, yo le habría sacado los ojos, pero Kevin está conmigo y si Elena le hubiera gustado lo suficiente -que no le gustaba, la "relación" solo existía en la cabeza de esta chica-, esto no habría sucedido, así que ni siquiera me siento culpable.
La tarde ha terminado pronto, he regresado a casa y Kevin ha venido a buscarme con la moto. Billy se ha quedado impresionado y le ha pedido "una vueltecita" en ella y Kevin lo ha llevado alrededor de la manzana bien agarrado delante y despacito, y se ha ganado también el corazón de Kathy -que me asegura que es guapííísimo-, y el mío para siempre. No ha podido quedarse mucho rato, mañana tiene que trabajar, pero quería asegurarse de que el enfrentamiento con Elena no ha acabado en sangre. Hemos quedado para el próximo Jueves, Nochebuena, y ya... no puedo esperar. ¡Es verle y me pongo cardíaca!

2 abr. 2009

Domingo 21 de Diciembre de 1997: Confesiones

Ha sido un fin de semana movidito, de eso puedo estar segura. El Sábado por la noche Lucy vino a pasarlo aquí, como viene siendo habitual en las últimas semanas. Ana se suponía que estaba con su semental, pero a eso de las nueve me ha llamado por teléfono histérica preguntando si podía venir a dormir a casa. He pedido permiso a Kathy y ha dicho que sí, sin problemas. Ha llegado haciendo una entrada apoteósica, con el maqullaje corrido y el pelo rojo escapando de sus horquillas, desconsolada. Entre hipos y llantos nos ha contado lo sucedido y Lucy y yo hemos intercambiado miradas del tipo "esta niña es gilipollas" pero por supuesto la hemos "acompañado en el sentimento" de su dolor y hemos puesto a parir al semental cuyo nombre ignora hasta la pobre Ana. Tan perdida ha estado en su pasión que nunca se lo preguntó y él jamás lo voluntarió. Puestas a pensar, ella misma dice que no cree haberle dicho el suyo. Pero la muy tonta se levantó el Sábado por la mañana en una cama vacía y al ver que las horas pasaban y nadie la llamaba para desayunar y más tarde para comer, se levantó y preguntó si allí no se comía. Parece ser que el chico se ha mostrado bastante frío con ella y nosotras en términos sutiles le hemos dicho que quizá era un poquito "demasiado" el que ella se hubiera colado en su casa el viernes con intención de estar todo el fin de semana, sin haber sido invitada. Que quizá el muchacho tenía sus planes o encuentra que ha invadido su espacio, pero nada que podamos decir parece penetrar dentro de su cerebro. La muy tonta le ha hablado de amor, de parejas, de salidas y de entradas, de relaciones serias y de no sé cuántas locuras más y naturalmente el chico al final le ha pedido sin demasiadas florituras que abandone su casa. Su castillo. Su apartamento estudiantil en el que no tienen cabida españolas piradas suplicando migajas de un amor no correspondido.
El mundo contra Ana y Ana contra el mundo, y malditos los hombres y qué puta soy (me ha dicho enre sonrisas y lágrimas) robándole el novio a Elena, que por muy fea que sea, también tiene corazón, y Lucy dice que las escobas sólo barren y no tienen sentimientos y al final acabamos las tres abrazadas y llorando a moco tendido frente a la chimenea maldicinedo a la "raza" masculina y confabulando contra todo lo demás.

Ana, Eugene y Lucy

Hoy por la tarde, a eso de las cuatro, hemos comprado unas latas (rascándonos los vacíos bolsillos y juntando pennies como desesperadas) y Lucy ha traído a un amigo Francés y nos hemos tomado un par de cervecitas en casa antes de ir a Quin's. Estando allí ha llegado Kevin -me había llamado esta tarde y decidimos vernos allí-, y hemos conversado bastante. Dijo que me veía mala cara y si me encontraba bien, y le he dicho que era simplemente que me había venido la regla, no había dormido demasiado, de cháchara toda la noche con las chicas, y estaba un poco cansada, y me ha mandado callar.

-Eso es demasiada información -me ha dicho-. Aquí ni siquiera las esposas hablan a sus maridos de esas cosas.

-¿Ah, sí?¿Y qué les dicen, que están "indispuestas"?

-Pues sí.

-Pero cuando ellas dicen eso, los hombres sabéis que es que tiene la regla.

-Mmm, sí. Y deja de decir esa palabra.

-Pues entonces no lo entiendo. El periodo es el periodo, y se llame como se llame, no quita el hecho de que para bien o para mal, lo tenemos cada mes y los hombres lo sabéis, y no hablando de ello no va a hacer que no exista.

-Sí, pero las cosas son así. Es... simplemente así.

-Eso es estúpido. Yo a mis amigos varones o no en España les comento si tengo la regla si sale en la conversación, como ahora, me has preguntado si me sentía bien, te he dicho cómo me sentía y por qué. Tampoco es que vaya con un cartelito por ahí que diga "ya me llegó la menstruación".

-Baja la voz...

-¿Y por qué? Oye, que yo no me avergüenzo de ser perfectamente normal y tener unas hormonas que actúan a su debido tiempo... Preocupada estaría si no me hubiera venido la regla...

Al cierre del bar hemos ido a un fast-food (el único sitio abierto hasta tarde un Domingo), y entre patatas fritas con vinagre de malta y cocacola aguada, hemos seguido hablando largo y tendido (ya de otras cosas que no tienen nada que ver con sangre).
Kevin ha sido del todo abierto conmigo. Me ha contado cosas de su pasado y me ha pedido que me lo tome con calma con él. No desea una relación seria ahora porque le hicieron mucho daño no hace mucho y aún no se ha repuesto del todo.
Kev es padre de una niña de 3 años, hija de su exprometida con la que llevaba saliendo cinco años. Había comprado una casa que estaba construyendo poquito a poco y prácticamente tenían fecha para la boda. Su mejor amigo tuvo problemas con su mujer y Kevin le ofreció una habitación hasta que se encontrara los dos pies. Como en el guión de una película fácil, Kev llegó a casa temprano del trabajo una tarde y se encontró a su fiancé en la cama con su mejor amigo. No dijo nada. No se lió a mamporros con él ni la puso de vuelta y media a ella. Cerró la puerta, dejó la llave en la mesita de la entrada y se fue a casa de su madre. El resto, como suelen decir, es historia. Todo esto sucedió hace poco menos de un año y aún está dolido, como es natural. Ha renunciado a su casa porque, me dice, aunque esté toda su vida pagando la hipocteca, nunca podría dejar a su hija sin un techo, lo cual le honra, y como la ley aquí está de parte de la madre en cuanto a custodia y demás, a pesar de que la adúltera es ella, prefiere estar endeudado toda la vida por su hija que saber que lo pasa mal.
Así pues, esta vez ha sido él quien ha puesto las cartas sobre la mesa, y ya se sabe que las mujeres hacemos oídos sordos a eso del "no quiero una relación seria" y pensamos que le vamos a hacer cambiar de opinión, que lo vamos a enamorar hasta que no pueda vivir sin nosotras, de modo que sí, como tonta que soy, guardo en mi alma la esperanza de que algún día... algún día, cueste lo que cueste, me mire de otra manera. De momento, viviremos al día y veremos cuánto da de sí esta relación.
A todo esto, Elena llamó a Kevin ayer porque alguien le había dicho que le habían visto con otra, y él no se lo negó. Le explicó que entre ellos sólo había una amistad y sí, estaba viendo a otra persona, que sentía si le había dado la impresión de que entre ellos había algo más que una amistad pero que él nunca pretendió causarle esa impresión. Lo que Elena no sabe es que "la otra" soy yo. Rebeca ha prometido guardar el secreto, pero mañana hemos quedado todas a tomar un café en Java's por la tarde y tendré que verla. Y no confío en que Rebeca no se vaya de la lengua tarde o temprano. O de que nos vean juntos, porque no tengo por qué ocultarme. Se impone enfrentarse a la verdad.

1 abr. 2009

Sábado 20 de Diciembre de 1997: Kevin

Lo he hecho. Anoche. He hecho lo que nunca creí que estuviera en mi naturaleza. Le he robado el novio a Elena. Así de claro. Aunque a fin de cuentas... sólo eran novios en su cabeza, al parecer.
Anoche fui a Quin's con Rebeca. Francesca al final no salió, Ana estaba con su estudiante y a las otras no las vimos. A quien sí vims fue a Kevin. Sin Elena. Al parecer le tocaba babysitting esa noche. Nos ha invitado a Rebeca y a mí a cervezas toda la noche y al cerrar el bar, se ha ofrecido a llevarnos a una disco y pagarnos la entrada -porque nosotras estamos más vacías que la nevera de Carpanta-, y allí hemos seguido bebiendo y charlando.
A mitad de la noche Rebeca ha conocido a alguien y se ha ido a bailar y yo me he quedado a solas con él. En un momento me tomó la mano, comparando mi tamaño con el de la suya y le he dicho que tenía una palma tan suave como el pompis de un bebito y que qué crema de mano usaba y se ha echado a reir. Dice que a veces digo cosas muy graciosas y yo no sé si se está "quedando" conmigo. El caso es que no ha pasado ni media hora, y ya estábamos en un rincón el uno sobre el otro, todo labios, bocas, lenguas y manos. Hemos salido a la calle a trompicones y hemos acabado en la habitación del piso de un amigo suyo, donde he conocido el cielo, el paraíso y cómo se siente un terremoto interno. Este hombre debe alimentarse de pilas alcalinas, porque cuando creía que todo había terminado, a vuelto a comenzar otra vez. Nunca creí que fuera posible tener tanto placer y ver amanecer y seguir sintiendo. Le he dicho que me gustaría volver a verle, pero que... ¿qué hay de Elena? Me ha dicho que Elena y él sólo son amigos, que le cae bien, que la ha recogido un par de veces y han salido a tomar algo, pero que nunca la ha besado y mucho menos se ha acostado con ella. Y con cada palabra, con cada mirada, me doy cuenta de lo fácil que ha sido sacar el clavo llamado Dave y reemplazarlo con esta puntilla del 10 a pilas. Me doy cuenta de la masculinidad que desprende y de la química de feromonas y tetosterona que envuelve la estancia y me pregunto si este puede ser el amor de mi vida porque jamás había sentido algo tan intenso. Y me digo que soy una imbécil, pero sé que me enamoré de él en el mismo instante en que le vi entrar en Quins detrás de la trasera de la nevera llamada Elena y me muerdo los labios y no digo nada, porque esas cosas no se pueden decir, como es natural. Y porque sólo una mujer sabe lo que es enamorarse a primera vista, y a mí nunca me había sucedido antes, ni siquiera con mi ex. Ni cob mi primer amor, ni con el segundo ni con los que hubo entre medio.

Me ha acompañado a casa y hemos quedado en vernos durante la semana. Me ha dado el teléfono de su casa y el del trabajo y asegura que nos veremos en unos días. Y le creo. Eso sí, he llegado a casa como el que deja el caballo en la esquina. ¡Me muero de placer sólo de pensar en la maratón que hemos tenido! No he dormido nada en toda la noche y sólo he tenido tiempo de ducharme a toda prisa antes de que las fieras se levantaran exigiendo su desayuno. Digo yo que si los padres se levantaran para ir a trabajar sin hacer tanto ruido y hablando como si fueran las tres de la tarde cuando son las siete de la mañana, los niños no se despertarían tan pronto.
Ay Dios, ay Dios, ay Dios... yo no tengo mariposas en el estómago... tengo un hormiguero, un acuario y todo un vivero en mi interior. Mientras no tenga lombrices, estoy feliz.