2 mar. 2009

Martes, 4 de Noviembre: La llegada.

¡Ya estoy aquí! Instalada (casi) en el que será mi nuevo hogar durante los próximos meses. Estoy cansada, abrumada por tanta información y exhausta física y emocionalmente. Vayamos por pasos.
Me saltaré la calurosa despedida en el aeropuerto por parte de mis amigos. Si pienso en ello, emborronaré las páginas de este diario y no podré continuar escribiendo, mucho menos pensar con claridad. Sólo hace unas horas que me marché y ya los echo de menos. He prometido escribir, han prometido escribirme. De hecho, les envié una postal desde el aeropuerto de Dublín, es lo que tiene una espera de unas cuatro horas para abordar el avión a Shannon. Era una postal de un primer plano de una oveja, con un paisaje verde de prados y montañas al fondo. Creo que he escrito algo así como "He visto esta postal y me he acordado de vosotros, borregos míos."
No me ha sido posible encontrar a Mihael y darle el paquete de Trini. Me han dicho que ya no trabaja en el aeropuerto, así que ya veré qué hago con él. En cualqueir caso, ha sido un alivio ver que entiendo el inglés mejor de lo que pensaba. También he entendido perfectamente cuando he ido a ventanilla con mi billete y me han dicho que había asientos en un vuelo anterior de Aer Lingus, pero he tenido que declinar la oferta. No sé si a la familia le sería posible recogerme antes, o si les trastocaré los planes que tengan para el día, de modo que prefiero esperar. Tengo un buen libro y me gusta la vida de aeropuerto. Me gusta observar el ir y venir de otros viajeros, imaginar a dónde van o de dónde vienen, especular sobre sus vidas. Como el hombre que estaba sentado a pocos metros de mí. Llevaba un traje de chaqueta gris a rayas y un abrigo negro, de calidad. Sus botines relucían bajo la luz de neón cansina de la sala de embarque. Entre las piernas tenía un maletín de cuero desgastado por el uso y lee el Irish Times, un periódico tamaño sábana como las antiguas ediciones del Diario de Cádiz. Es un hombre de negocios, sin duda, en tránsito a Shannon de vuelta de alguna reunión importante o a la espera de llegar a esa reunión en algún pueblo cercano al aeropuerto. No se muestra impaciente. Está acostumbrado a la espera. ¡Y qué blanco es, por Dios! ¡Este es irlandés seguro!
Al final he llegado a Shannon y les he reconocido inmediatamente al salir por la puerta empujando mi pesado carrito con las maletas. Aunque no tenían foto mía, han sabido que era yo. Los niños se han abrazado a mí como si me conocieran de toda la vida. Incluso Kathy me ha abrazado. Me he sentido aliviada al instante.
El resto ha sido como un torbellino. ¡Pero hace un frío espantoso! Estoy realmente saturada. Durante el trayecto en coche desde el aeropuerto a la casa, Kathy no ha parado de hablar. No me he enterado de la mitad de las cosas pero yo asentía a todo, sonreía aquí o allí, y soltaba una risita tonta cuando ella reía. Lo mismo me ha llamado de todo y yo tan pancha. Los niños estaban excitados con la novedad pero en el coche se han portado bien. No parecen salvajes, lo cual también es un alivio. El niño es guapísimo, tan blanquito que parece transparente. La niña tiene los ojos pequeños y hay algo en ella que me produce desconfianza, a pesar de que siempre me han gustado más las niñas que los niños. Pero al niño es que te lo comerías.
Llegamos a una calle de edificios de ladrillo rojo, Mi nueva calle se llama Mallow Street y los letreros aquí también llevan el nombre en gaélico.


mi manzana

Hemos soltado las maletas en el hall del edificio. ¡Es una casa inmensa! ¡Espero que entre mis labores no esté la de limpiar todo esto cada día! En la carta de Helen con las condiciones de Au Pair sólo dice que "contribuiré en las labores del hogar como un miembro más de la familia". Pero he oído tantas historias de Au Pairs tratadas como meras criadas, que nunca se sabe. Y esta gente no parece muy ordenada. La casa es vieja, es un edificio Georgiano de tres plantas más el bajo y el sótano, donde está la cocina.

Las dos ventanas sobre el primer piso son las de mis habitaciones

La abuela estaba en el salón, en un sillón junto a la chimenea. Me ha abrazado con tanta intensidad que casi me rompe. No entiendo una palabra de lo que dice. Sólo tengo ojos para su dentadura postiza, más grande que el hueco que la ubica. Parece simpática. La chimenea está encendida y la habitación es cálida. No tienen muchos muebles. Un viejo bureau con cristalera, tan georgiano como la casa. Una antigualla y no una antigüedad, si sabéis a qué me refiero. Hay dos sofás y un sillón. El sillón parece ser el trono de la abuela. El otro sofá es de tres plazas y está frente a la chimenea. El otro, junto a ésta, es el sofá de la foto de Kathy. Junto a este sofá, un mueble que no casa en estilo ni color con el viejo bureau y una televisión que ha visto mejores tiempos.
El dormitorio de la abuela está junto a la salita, a mano derecha antes de las escaleras que bajan a la cocina.
Subimos las maletas a mi cuarto. He llegado arriba casi sin aliento, ¡cuántos escalones! En el primer zaguán está el cuerto de baño de la familia. Hay una bañera sin cortinas, un lavabo y un water. Es de considerable tamaño y tiene una ventana enorme sin cortinas. El cristal no es opaco. Aunque da a la trasera de otras casas y las ventanas que puedo ver desde aquí están oblicuas, me imagino que se puede ver desde el exterior. En el siguiente rellano está el dormitorio de los padres y el de los niños. El de los Thomson tiene muebles antiguos y viejos, a juego con los del salón, y está bastante desordenado: la cama sin hacer, una cesta de ropa rebosante en un rincón, las puertas del armario abiertas y algun cajón sin cerrar. La habitación de la niña tiene una cama de madera de matrimonio, un armarito de una puerta y una gran cajonera a juego, con una estantería de rinconera. Hay pocos juguetes y está bastante ordenada. La del niño tiene literas. El duerme en la de arriba. Hay algunos cochecitos por la alfombra con dibujo de una ciudad con carreteras y puntes. Tiene un armarito de una puerta, algunas estanterías en la pared y poco más.
El siguiente zaguán es otro cuarto de baño, este con lavabo y mueble, ducha, bidet y water. Me explica que este baño es para mi uso exclusivo, que ellos utilizan el de abajo, así que puedo poner todas mis cosas en el mueble bajo el lavabo si quiero. Nadie va a tocar nada. Ella sólo lo usará muy de vez en cuando para una ducha rápida pero prefiere bañarse. El gran ventanal tiene una cortina tupida.
Arriba al fin está mi dormitorio, y es... ¡enorme! Tengo dos camas. Dice que así si alguien viene a visitarme tiene donde dormir. Hay un armario en la esquina de dos puertas y una coqueta con espejo tríptico.



En la habitación anexa tengo un sofá, un sillón, un mueble con tele, una mesa enorme de madera tosca con sus sillas, que me vendrá bien para estudiar. Tengo mi propia chimenea, que está encendida y mi cubito con carbón a un lado, para ir alimentando el fuego cuando vaya extinguiéndose. Puedo ver la tele a mi antojo... al menos los canales que haya.


Tras esto hemos bajado a la cocina. Sobre mi habitación hay otro piso más pero no me lo han enseñado, imagino que serán habitaciones vacías. Ya exploraré.
La cocina es amplia, en el sótano. Tiene un cuartito donde está la lavadora y un gran congelador. Mientras termina de cocinar lo que sea que vayamos a cenar, juego con los niños en la mesa. Janet esta acabando los deberes y Billy quiere que le dibuje círculos. Charlamos animadamente, pregunto cosas sin importancia, con timidez, acomplejada de mi pobre inglés. Kathy me pregunta si quiero llamar a mi familia y decirles que he llegado bien. En un recodo bajo la escalera, antes de entrar en la cocina, hay un teléfono sobre una mesita y una silla a un lado. El teléfono es de monedas, no como los de una cabina. Es negro y antiguo, pero tiene un orificio para las monedas, como si fuera una hucha. Me da un puñado de Libras, y me dice que esta vez invita la casa, pero que para cualquier llamada tendré que pagar yo. No he hablado mucho pero el dinero se ha ido rápido. Sólo decirles que ya he llegado, que todo muy bien, que son amables, que estoy cansada, que vamos a cenar ya aunque apenas son las cinco de la tarde.
Los niños son unos guarros en la mesa. Los padres tampoco se quedan atrás. Billy se ha tirado un pedo en medio de la cena y todos le han reído la gracia. Yo he puesto cara de circunstancias. El padre come con la boca abierta, emitiendo pequeños ruiditos. No sé muy bien lo que he comido: patatas fritas, patatas cocidas y un filete. Había una fuente con verduras, pero no las he tocado. No soy muy de comer verduras hervidas. He tenido que sobrevivir a eructos aquí y allá, de uno y de otro. Luego ríen y dicen "excuse me" pero el mal ya está hecho. Van a tener razón mis amigos. ¡Son unos guarros!
Tras la cena me he sentado una media hora en el salón a ver la tele con la familia. Kathy está enganchadísima a una serie que dice que lleva no sé cuantos años en antena. Coronation Street, se llama. No tengo ningún interés en ver culebrones, y después de un rato, me excuso y me voy a dormir con la excusa de que estoy muy cansada. Kathy me explica que se ha tomado un par de días libres del trabajo y que mañana me llevará a ver la ciudad, después de dejar a los niños en el colegio. Ya me despertarán ellos por la mañana, sobre las 8-8.30.
En la soledad de mis nuevos aposentos, abro una par de maletas, cuelgo algo de ropa y duermo en la cama que esta más cerca de la otra habitación, para aprovechar el calor que desprende la chimenea.
No sé si he hecho bien o mal en venir, si esta vida me va a gustar o no. De momento todo es nuevo y desconocido. Pero son amables.
Estaba a punto de dormirme cuando he oído a alguien subir las escaleras. Ha pasado de largo, siguiendo hasta el piso superior. Oigo pasos sobre mi cabeza durante unos minutos, y luego el crujido de una cama cuando alguien se echa en ella. ¿Qué sucede? No creo en fantasmas, y desde luego este fantasma sería muy "extraño", caminando y metiéndose en la cama. Me parece que he llegado a esta familia en mal momento. Evidentemente Kathy y Henry están enfadados y él está durmiendo en la habitación de arriba. Esto es delicado, se impone discrección. No quisiera verme en medio de una batalla.
A ver si durmiendo, puedo asimilar tanta información en tan poco tiempo...

11 pataletas:

Bulma dijo...

Me lo he leído casi sin respirar ^O^

Me gusta mucho el estilo de casas que tienen allí aunque creo que por pereza acabaría viviendo en el sótano y en la planta baja (mi madre, subir hasta arriba de todo varias veces al día, la muerte).
Creo que para lo que son los ingleses y los irlandeses, la bienvenida que te dieron fue muy cordial. Y lo de tener tu habitación y tu propia salita, diciéndote que cuando viniera alguien podria domir contigo, oye, un detalle (por ejemplo, aquí no lo tiene todo el mundo). Y a primera vista, quitando lo de la comida, pues oye, no están mal. Eso sí, me maravilla que con casas tan bonitas por fuera, luego por dentro amontonen muebles de padres y madres tan diferentes.

Pero luego llegamos a lo que nos diferencia culturalmente. Yo no me baño/ducho en un lugar donde quien sea pueda verme cómodamente desde el sofá de su casa. Me parece genial que ella prefiera bañarse (reconozco que me sorprende, no los tengo por muy limpios en ese sentido) pero sin hacer exhibicionismo.

Y lo de la comida... quitando que ya no me suele gustar cómo cocinan (a la vista, que probar no lo he probado) yo adelgazaría a marchas forzadas (y yo buscando un régimen cuando lo tengo tan a mano v_v). Pero ya con semejante concertina...

¡Más más más más!

Bulma dijo...

Ah, me olvidaba de decir que el detalle de las placas con el nombre en gaélico me encanta. Espero que lo sigan manteniendo

chema dijo...

pues no estaba mal tu habitación! los muebles un poco antiguos, pero bueno. y tenías tu cuarto de baño y todo.
yo he oído decir más de una vez que los ingleses e irlandeses, ejem, no se lavan. :S me cuesta creerlo siendo países tan civilizados. en cualquier caso, supongo que habrá de todo...
muy interesante el relato! yo también lo he leído de un tirón.

Sarah dijo...

Jeje, Chema y Bulma, de lo de bañarse... Ya hablaremos...

Bulma dijo...

Oye, que haciendo cuentas, ¿dónde duerme la abuela? (llamadme cotilla, llamadme)

Sarah dijo...

No, tienes toda la razon, se me ha olvidado nombrarlo, la habitacion de la abuela estaba junto a la sala, antes de bajar a la cocina. Tendre que arreglarlo.

Sarah dijo...

Bueno, ya lo añadi. DE todas maneras, hay cosas que he de explicar en mayor detalle en otros capitulos... Que esto solo ha sido el primer dia... llegar y todo corriendo...

CGR dijo...

Tiene razón Chema, tu alojamiento no estaba mal, un pequeño apartamento y de momento, pinta bastante bien el asunto (salvo esos "pequeños detalles" de educación....)

KIRA dijo...

Me estoy haciendo adicta a este diario....
Me has dejado maravillada con ese recibimiento, tan calido, tenia a los ingleses e irlandeses, por personas frias y nada dados a las muestras de cariño... vaya si aun ire descubriendo cosas nuevas con este blog...
Y esa casa, de la manera que la has descrito parecia que fuera yo la que estaba paseando por ella...
La cocina en el sotano??? tendria ventanas no??
y todo un mini-apartamento para ti, con derecho a visitas... una preguntita, la puerta de tu habitacion tenia cerradura???
No se porque lo que has escrito enel ultimo parrafo, me da en la nariz, que esto va a tomar un rumbo hacia lo misterioso....
Fuera bromas!!!!
Este va a ser el blog mas leido en mucho tiempo....
BESOS

BLAS dijo...

Qué bien escribes leches, cómo enganchas siempre con las cosas que cuentas... Yo también me he leído todo del tirón, riéndome de vez en cuando con tus comentarios. Me siento identificada contigo en los aeropuertos, siempre con mi libro en la mano leyendo, pero sin evitar echarle un vistazo a la gente que va y viene e imaginando sus vidas por su aspecto. Yo también me hubiera fijado en la dentadura de la abuela, jejeje. Y no hubiera podido soportar lo de los eructos y los pedos, hubiera mantenido el tipo allí sentada pero no me hubiera podido seguir tragando lo que tenía en la boca... Ahora que ya los conoces mejor... ¿Todos no son así, verdad...? Porque sí que tienen fama de guarretes. Yo, las veces que he estado en Londres lo corroboro. En Escocia no tanto, pero tampoco se gastan mucho en limpieza...

Fauve, la petite sauvage dijo...

¡Qué velocity! Yo voy por aquí aún, así que dejaré los comentarios y me dedicaré a ponerme al día, pero como me voy a la cama me queda el aviso de marcapáginas ;-)