17 mar. 2009

Domingo 16 Noviembre, 1997: El Castillo


Hemos ido a visitar Bunratty. Kathy, los niños y yo. Anoche me acosté tardísimo, toda la noche de charla con Lucy, nos fuimos a la cama casi a las cuatro o cinco de la madrugada, así que esta mañana no estábamos para tracas cuando han entrado los niños casi al unísono con el redoble de las campanas de las iglesias cercanas. Lucy se ha ido para Raheen, y nosotros a comer a Costello's. Ya le he dicho a Kathy que a partir de hoy no me llame los Domingos, que prefiero dormir hasta tarde y a esta hora tan temprana no me apetece nada comer. Si es mi día libre, prefiero dormir hasta que odie la cama (y con lo que me gusta, no creo que llegue jamás a aborrecerla).
Me habían dicho que para ver el Castillo y sus tierras se necesitan al menos cuatro-cinco horas. Nosotros lo hemos hecho en un tiempo récord: menos de dos horas. El castillo es pequeño, casi diminuto, y está reconstruido del original casi desde los cimientos, por lo que he podido curiosear en un libro en la tienda de regalos, que es por donde se entra, previo pago de la entrada, a los dominios de este tesoro medieval. Lo que le rodea, es la reconstrucción de un pueblo allá por el siglo XVIII, y con la entrada te dan un mapa con las casitas numeradas y a qué profesion pertenece. Lo mejor: el olor a turba de los fuegos dentro de las chozas, y que se puede tocar casi todo. Las casitas más pobres, la del pescador, el herrero o el labriego, apenas tienen mobiliario. Si acaso un pesado arcón de madera en forma de incómodo sillón, algunos calderos de hierro renegridos y una cama de colchón de paja en un refilo superior, al que se accede con una escalera de precarios pendañitos de madera (sí, he subido, jiji).

En el patio del castillo había diversos utensilios de guerra, de castigo, y de torneo medieval. Kathy me ha explicado que por las noches hacen cenas medievales, que valen una pasta y donde principalmente te dan una coronita y comes pollo con las manos. Para meterme en ambiente, he decidido poner a Janet en el cepo, por porculera y recalcitrante, que se ha empeñado en salir en cada fotografía que hago, y al no existir aún la cámara digital, estoy sólo desperdiciando carrete.



Esta foto se la enviaré a mi madre para que vea que sus métodos de castigo y los míos no difieren tanto, yo simplemente me aclimato mejor a los métodos que me encuentro por el camino.
Bunratty me ha gustado. El problema es que de las cuatro torres sólo hemos visitado dos. Kathy decía que todas llevaban al mismo lugar, pero yo me habría sentido mejor comprobándolo por mí misma. Ya sé que me ha dicho que ha estado aquí bastantes veces -parece ser que si nuestro lugar de excursión por antonomasia en el cole era el Tiro Pichón o las Canteras, aquí es el castillo de Bunratty-, pero hemos visto todo casi volando y no he podido entretenerme en los mínimos detalles, cosa que me gusta bastante. Lo que me sorprende es la estrechez de las escaleras para subir a las almenas, en espiral, bastante angustiantes, de piedra desganstada y resbaladiza. No me imagino a aquellos señores feudales, con sus incipientes panzas y la armaduira corriendo arriba y abajo en caso de batalla. ¡Es completamente imposible! Eso sí, desde lo alto de la torre, a la que he llegado casi sin aliento, hay una vista magnífica del estuario del Shannon y de las tierras que componen este Bunratty Folk Park. En la distancia se aprecia la torre de una iglesia normanda y Kathy me ha asegurado que hasta allí iremos, y que no está tan lejos como parece.
Dicho y hecho. Hemos desembocado a una calle de aspecto no muy diferente a la de muchos pueblos irlandeses actuales. Hay una escuela, que es idéntica a las que veíamos en series como Ana de las TejasVerdes o La Casa de la Pradera. Sus pupitres son de madera, la pizarra negra y pulida, las aulas simplemente dos clases: la de las chicas y la de los chicos. Aquí se mezclaban todos por edades, lo mismo había en un clase niños de 5 años como de 9 y 12. Pero separados por sexo porque las materias a estudiar eran diferentes. Mientras a las niñas se las instruía en el arte de la cocina, la costura y otras tareas "femeninas", a los chicos se les enseñaba carpintería y otras asignaturas más "propias" de su sexo.
¿Y qué decir de la casa del doctor? Ha sido como colarse en la sala de operaciones de la Doctora Quinn. Aparte de esto, hemos visitado -a todo correr- un pub (desierto), otro (este sí que funciona de verdad, pero no hemos tomado nada), una oficina de correos, donde he comprado algunos sellos curiosos para mandar a mi padre. He comprado caramelos en la tienda de comestibles, que es exactamente igual a la del señor Oleson de La Casa de la Pradera, y los caramelos son bastoncitos de candy y otros de regaliz. Los he escondido bien en el bolso porque Janet tiene la manía de zamparse todo lo que no debe.
Kathy se ha empeñado en hacerme una foto junto a un enorme pilón de heno. Ya le he dicho que aunque soy pollo de ciudad, el heno no me es del todo desconocido, tampoco que sea algo tan interesante, pero creo que a la mujer le hacía ilusión utilizar mi objetivo 70-300, más que otra cosa. Y he salido de lo más desgarbada, qué le vamos a hacer, porque no me había dado tiempo a posar cuando ya me había hecho la foto de marras.


Desde ese pilón de heno se pasa junto a unos carromatos gitanos, al más puro estilo de Esmeralda del Jorobado de Notre Damme, y se sigue cuestecita arriba pasando junto a un cercado con unos hermosos -y tranquilos- ciervos. Hay animales por todas partes. Puedes encontrarte gansos correteando por el camino, pavos reales y en un cerquito, un par de negros cochinos. Al final de ese camino de tierra amarilla, hay una gran mansián al más puro estilo georgiano que da miedo nada más entrar. Las paredes de la escalera son de madera pintada de negro hasta medio muro, luego son blancas hasta los altos techos, y, en algunas habitaciones, de un rojo oscuro. En la enorme sala, cuya mesa está decorada con todo el servicio de té de una cerámica que dudo mucho proceda de la Cartuja -muy inglesa-, había una señora sentada en un sillón de tapizado rojo, presidiendo la larga mesa de caoba . Tenía el cabello rizado y blanco, y un vestido floreado. Me la he quedado mirando y me ha saludado, y no estaba demasiado segura de si era un fantasma que venía con la casa, hasta que Kathy la ha saludado también y he querido preguntar "¿tú también la ves?". Arriba hay habitaciones infantiles. En una de ellas hay un caballito de madera y una cajita musical. Me ha dado un escalofrio, esperaba ver a Damian aparecer tras la puerta en cualquier momento, y ha sido la única casa del Folk Park que he deseado visitar deprisa.

De ahí nos hemos metido en la granja adyacente, y cómo no, los críos han hecho malabarismos sobre la "maquinaria" disponible en cada granero.

Desde la granja hemos comenzado a bajar por un sendero que nos ha llevado a un molino de piedra a la antigua usanza, aunque aún lo están montando y no se podía entrar. Están ampliando el lugar. Cerquita, estaba la iglesia que avistamos desde el torreón, es más pequeña de lo que pensaba -tal vez por eso, la sensación de inmensa distancia desde lo alto-, y Kathy me ha comentado que fue traída piedra por piedra desde su enclave original.

Y nada más. Hemos parado en el Bakery para tomar un té y sandwiches (ellos) y una cocacola (yo). Hemos visto cómo amasaban y preparaban todo para hornear pasteles de manzana hechos al modo tradicional, con recetas tan antiguas como el castillo.

Pero de algo estoy segura: he de volver de nuevo, con tranquilidad, para poder ver cada detalle, cada rincón, para subir cada escalera por empinada que sea, y para tomarme una pinta en condiciones en el lugar. Después de todo, hay un autobús que te deja a las puertas mismo del lugar, y sólo está a media hora de Limerick.

8 pataletas:

chema dijo...

la cantidad de cosas que os dio tiempo a ver! yo no habría sido capaz de subir por esas escaleras de caracol tan empinadas y con los peldaños desgastados, tengo mucho vértigo. :S
en la foto junto al pilón yo creo que no sales mal, mujer.

BLAS dijo...

A mi me pasa como a tí, me gusta ver y palpar cada detalle de los lugares históricos. Cuando fuí a Escocia, me harté de visitar castillos y abadías, y no hubo rincón que yo no curioseara... El que acabó hasta el moño fué mi marido, pero yo lo disfruté como una enana. Te metes a fondo en el ambiente y casi te parece haberte trasladado a aquella época por unos momentos, hasta que te dicen: "Ya está bién ¿no?, o tienes que ver más, que por estas escaleras ya hemos pasado tres veces y esa piedra ya la has tocado dos, jod...!" Pero me encanta mirar por esas arcadas y ver el mismo paisaje que posiblemente vieran sus antiquísimos habitantes. ¿Verdad que parece mentira que no se mataran más hombres subiendo y bajando por esas escaleras, que en el campo de batalla...? Yo estuve a punto de meterme cientos de leches cada vez que subía por una, y mira que subí escaleras de ese tipo en aquel viaje... (Se me puso un culo la mar de tonificado, jejeje) Me ha encantado tu excursión, quiero más!!

Inma dijo...

¿Cómo puedes recordar todo lo que paó?¿Lo que tomaste? Y yo presumo de memoria....

Sarah dijo...

¿un diario, Inma? jeje. Algunas cosas se pueden variar, no cambia la historia.

Shirat dijo...

Qué excursión tan bonita. Parece mentira que lo viérais sólo en dos horas. Yo me suelo estar horas y horas, me pasa como a Blas.

Por cierto, cuando veas visitas de Baquedano, Navarra, soy yo. No sé qué pasa con el feedjit este, pero según él parece que vivo unos km más para el Este, aunque realmente no me he movido del sitio. Qué cosas.

Sarah dijo...

No te preocupes, Shirat, a mi me lee como Dublin, y Dublin esta a unos 200 kms de Limerick!!

Bulma dijo...

No hay derecho a tener que visitar algo de prisa y corriendo. Yo intento planearlo todo teniendo en cuenta que miro hasta las hormigas de las piedras. Y no digamos tocar (como buena gallega).

Tienes toda la razón, la niña es una porculera, coño, qué manía de salir siempre en las fotos (será que a mí no me gusta salir y por el contrario adoro las fotos de sitios y lugares XDDDDDD). No hubo posibilidad de dejarla en el cepo, ¿no?

Menudo mal rollo el de la casita. No me extraña que pensaras que la buena señora era un fantasma XDDDDDDD Si ya te metes directamente en la Edad media, pues con fantasma y todo, sí señor :P

Por cierto, ¿es cosa mía o esta gente no hace más que comer? O quizá seas tú la que no comas...

CGR dijo...

¡Bufff! tengo esto un poco abandonado pero me iré poniendo al día. Por el momento me ha encantado la excursión